Educación Legal en los Andes

Este artículo nos recuerda la importancia de nuestra Facultad de Derecho para un pais que no solo la vio crecer sino que también se nutrió de ella.

Por: Hernán Ramirez, Diego Olarte y Valentina Acosta.

El pasado 4 de agosto la Facultad de Derecho cumplió 45 años de haber dictado su primera clase, con la cual se inauguró el curso “Introducción a la Ciencia del Derecho” a cargo de Hernando Gómez Otálora. Los alumnos inscritos en el programa de Derecho eran solo 10, pero a dicha clase en el edificio Franco asistieron 120 uniandinos. Ese día también estuvieron presentes el rector, otros directivos de la Universidad, así como Sergio Rodríguez Restrepo y Fernando Umaña Pavolini, quienes junto con el titular de la cátedra, fueron los fundadores de la Facultad y sus primeros profesores.

Esta clase fue realizada sobre lecturas previas de algunas sentencias y el caso de los exploradores de cavernas de Lon L. Fuller, bajo la dinámica de la cátedra activa, conocida también como método socrático; lo que fue posteriormente complementado por el sistema de aprendizaje basado en problemas (PBL). Asimismo, se adoptó como parte de la formación integral del estudiante la participación en diferentes “moot court” y la creación del Consultorio Jurídico, que daría lugar a que posteriormente el Gobierno Nacional ordenara la creación de estos últimos por parte de todas las facultades de Derecho.

Bien, para entender por qué fue un momento que revolucionó la formación de los juristas es necesario mirar atrás. Los estudiantes de Derecho de la época, entre ellos nuestros fundadores, fueron formados a través de lo que se ha llamado cátedra magistral, donde básicamente el profesor llegaba al aula de clase y recitaba una serie de normas y conceptos. En el mejor de los casos, al tratarse de juristas reconocidos en el país por haber escrito sus propios libros sobre la materia que dictaban, la clase se convertía en su lectura por parte del profesor, donde los estudiantes eran evaluados por su capacidad memorística y no por su capacidad para interpretar el Derecho frente a las realidades sociales y jurídicas.

Es así que para la década de los 60 la educación legal en el país era inadecuada lo cual dio lugar a que naciera una propuesta colectiva para reformarla a través de una nueva facultad. El proceso previo a la aprobación del programa por parte de la Facultad duró más de dos años en los que sin duda jugó un papel indispensable el apoyo de múltiples personas de las cuales da cuenta el libro de la facultad cuarenta años innovando el derecho y el artículo de Sergio Rodríguez Orígenes de la facultad de derecho de la universidad de los andes vistos por un fundador. Así nació un nuevo modelo educativo que le apostó a formar abogados con la capacidad de pensar el Derecho frente a las realidades sociales y necesidades jurídicas del país.

Después de 45 años de la apuesta visionaria de nuestros fundadores, por la Facultad de Derecho han pasado juristas que han estado comprometidos con la transformación del país a través de la formación de nuevos abogados, que han marcado con su ejemplo la construcción de un derecho humano, un derecho que no se agota en la norma, sino que está en dialogo constante con la realidad social del país. Tal es el caso de Eduardo Álvarez Correa, una mirada a los homenajes que le han rendido nos permite ver algunas de sus concepciones sobre la formación de los abogados. En cuanto a la enseñanza para él hay que formar y no informar; asimismo, como consejero en la facultad de derecho, los estudiantes le hacían preguntas de índole personal y profesional, las cuales atendía bajo la convicción de que las dos cosas eran una sola; elementos fundamentales para entender por qué para él existían abogados y juristas.

Otro gran maestro que ha partido dejando su marca en la Facultad es Ciro Angarita Barón, quien trabajó durante los dos primeros años de la facultad en el diseño de los materiales que orientarían la formación de los estudiantes de Derecho en la nueva metodología de enseñanza. Además como jurista concibió y utilizó el derecho como un mecanismo de transformación social, dejando un legado importante en la comunidad jurídica de nuestro país, quienes en su honor han utilizado su nombre para adelantar proyectos en diferentes áreas del Derecho. En el caso particular de la Universidad de los Andes, la Facultad de Derecho cuenta con el Observatorio de Ciro Angarita Barón y el Fondo de Becas Ciro Angarita Barón.

Ahora de aquellos académicos que forjaron nuestra facultad, la memoria viva más antigua es Sergio Rodríguez Restrepo, un formador que continúa enseñándonos con su ejemplo la responsabilidad que como profesionales tenemos frente a la realidad social del país. Esperamos que el eco que permanece aún en la facultad dejado por Sergio Rodríguez, Ciro Angarita, Álvarez Correa y muchos otros juristas de nuestra facultad, continúe resonando en las nuevas generaciones para seguir el curso en la construcción de un derecho que responda a la realidad social y la formación de profesionales sensibles a ella.

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