Los pecados de Occidente en el terrorismo del Estado Islámico

Europa ha tratado de implementar un discurso integrador y garante de derechos, pero en ciertos casos termina cayendo en su propia trampa, pues lo que genera es una homogenización de un modelo de vida que dificulta la convivencia con la cultura del Islam. Aquí, una aguda reflexión del contexto en el cual el Estado Islámico ha logrado erigirse como una auténtica amenaza en el mundo occidental.

Por: María Lucía Hernández Dueñas, estudiante de quinto semestre de Derecho e Historia. ml.hernandez10@uniandes.edu.co

La relación entre Europa y el mundo islámico es por naturaleza conflictiva, pues si bien occidente ha tratado de implementar un discurso integrador y garante de derechos, en ciertos casos, termina cayendo en su propia trampa, pues lo que genera es una homogenización que incita a la adecuación de un modelo de vida.

Así, los panoramas de inadmisibilidad a la esencia europea, terminan facilitando en algunos casos, la posibilidad de que ciertos jóvenes puedan verse identificados con ideologías radicales y lleguen incluso a realizar acciones criminales, como lo es trabajar para ISIS.
Durante el último año, ISIS, también identificado como Estado Islámico, se ha convertido en el protagonista de las portadas de innumerables medios de comunicación alrededor del mundo. Y no es para menos: es una organización extremista que cuenta con más de 20.000 militantes en sus filas, que además de asesinar a los “enemigos del Islam”, ahora tiene la nueva modalidad de publicar fotos y videos en las redes sociales de sus actos.
¿Quiénes conforman ISIS? Esta es una pregunta que 8 meses atrás yo no me hacía. Hasta que en septiembre del año pasado, el New York Times publicó un artículo llamado How ISIS Works, en el que muestra a través de un mapa mundial de dónde provienen los integrantes de esta organización. Según el reporte, un promedio de 500 insurgentes por país vienen de Francia, Alemania, Reino Unido, y Bélgica. Como el New York Times, son múltiples los medios que han venido divulgando cifras de la “cuota” europea dentro del Estado Islámico. Basta con ver quiénes decapitaron a los periodistas James Foley y Steven Sotloff, para darse cuenta que ISIS no es una organización ajena del mundo occidental, de la tierra de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, sino que una considerable parte de su infraestructura nació y se educó precisamente en esta parte del planeta.

Son, en su mayoría, nacionales europeos hijos y nietos de inmigrantes norteafricanos, subsaharianos y turcos, cuyas edades oscilan entre los 18 y 35 años. Pero, ¿por qué eligen a ISIS como proyecto de vida? Son diversas las razones que llevan a estos jóvenes a militar en este grupo extremista. No obstante, vale la pena analizar una en especial y es la falta de integración de los inmigrantes musulmanes en la cultura europea y la ola discriminatoria que ha surgido alrededor de ella.

Para nadie es un misterio que los inmigrantes musulmanes no son bien recibidos en Europa y menos, por ejemplo, en Francia, país que a su vez cuenta con el mayor número de integrantes en ISIS. A algunos colombianos que residen en Francia se les preguntó qué opinión le merecen dicho grupo social. Uno de ellos contestó: “Aquí la fama es pésima porque ellos son los que roban, son los que no trabajan. De verdad son groseros y problemáticos”. Esta visión es compartida por muchos ciudadanos franceses que no comulgan con  inmigrantes musulmanes. Inclusive hay en Francia partidos políticos de extrema derecha como el Front National, que abiertamente se declaran en contra del multiculturalismo.

No es fácil para un musulmán cuyo estilo de vida se basa en la religión, vivir en un Estado laico como el francés, el cual promulga leyes que, por ejemplo, prohíben el uso de signos y vestimentas de ostensible pertenencia religiosa en liceos públicos, colegios y escuelas. O la expedida ley Anti Burka, aplicada de igual forma en Bélgica, la cual restringe el uso de la burka o el niqab en cualquier espacio público. Y qué decir del constante error que cometen los medios de comunicación, e incluso, los mismos mandatarios, al confundir el terrorismo de los musulmanes extremistas  con todos los practicantes de dicha religión. La convivencia no es fácil, y las olas de discriminación son notorias. Uno de cada tres musulmanes encuestados afirmó haber experimentado casos de discriminación en el 2010 y uno de cada cuatro fue detenido debido a su origen étnico, religioso o a su condición de inmigrante. La tasa de desempleo de estos inmigrantes es alta. Algunas veces les ponen problema para alquilar o comprar una vivienda, para entrar a un café o a un bar, e incluso para pedir una cuenta bancaria.
Nos enfrentamos, entonces, a unos musulmanes de segunda y tercera generación de inmigrantes que, en palabras de Octavio Paz, se podrían considerar en etapa de adolescencia, es decir, “vacilantes entre la infancia y la juventud”. En este caso vacilantes entre ocultar u olvidar sus elementos culturales ancestrales, como posible herramienta que les permita ser aceptados plenamente dentro de la sociedad europea, y rescatar esa herencia nacional, religiosa y cultural que los cobija.
Así, los panoramas de inadmisibilidad a la esencia europea, terminan facilitando en algunos casos, la posibilidad de que ciertos jóvenes puedan verse identificados con ideologías radicales y lleguen incluso a realizar acciones criminales, como lo es trabajar para ISIS. Se trata de hombres y mujeres que a través de redes sociales, amigos, conocidos, familiares, etc., son cautivados hacia líderes, probablemente carismáticos, que les brindan refugio frente a los perjuicios occidentales que los rodean.
La relación entre Europa y el mundo islámico es por naturaleza conflictiva, pues si bien occidente ha tratado de implementar un discurso integrador y garante de derechos, en ciertos casos, termina cayendo en su propia trampa, pues lo que genera es una homogenización que incita a la adecuación de un modelo de vida. Mientras que por otro lado, está la cultura musulmana, cuya religión tiene inmiscuida en ella, rasgos políticos. Separar la política y la religión de sus vidas, implica alterar la estructurar de su esencia e identidad.
Una vez más, el inmenso poder que ha llegado a tener el Estado Islámico no se debe únicamente a la discriminación tanto institucional como social de los países del viejo continente. Pero, a pesar de que no ser la única razón que legitima este conflicto, sí es un motivo valioso que insta a reflexionar sobre el papel que en el fondo está jugando Europa dentro de esta guerra contra occidente.

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