Un reloj humano, muy humano

Este es el relato emotivo de uno de los participantes en el MONUA que nos cuenta su experiencia en este proyecto.

Por: Felipe García, estudiante de Derecho de 6° semestre de Derecho.

En toda sociedad –en toda organización humana- se requiere que cada persona haga lo que debe de la manera más diligente que pueda sin quejarse innecesariamente, sin delegar trabajo al otro, sin envidiar lo que los demás hacen y lo que ella no; eso fue lo que me enamoró del trabajo que hicimos.
Como un reloj suizo. No pude pensar en nada distinto, aun sin saber el alcance del concepto, fue una asociación inmediata y por supuesto sin reflexión precedente clara. Pensé en miles de miles de engranajes encajando uno detrás de otro; el esfuerzo de muchos a través del tiempo para llegar a esa pequeña pieza que nos permite saber en qué momento estamos. Estaba sentado en medio de muchas personas que parecían entenderlo todo a la perfección, estaba muerto del susto, o de la ansiedad, pero con una perfecta cara de serenidad mientras todo transcurría. Primero fueron cuatro, luego treinta, luego cien, luego ciento cincuenta, luego trescientos, luego más y más.
En este momento solo siento gratitud, inmensa gratitud. Es por esa razón que quiero escribir sobre esto, quiero que las personas lean sobre esto. Pero volvamos al principio: estábamos en los últimos meses del 2014, los profesores estaban apresurados por sacar las notas que no habían sacado durante todo el semestre, mis horas de sueño eran más escasas de lo habitual, mi carrera me sabía a mierda. Y no se trataba de un descontento por las materias del semestre ni los profesores que las enseñaban; era algo estructural. En medio de este contexto un amigo se me acercó a preguntarme si había pensado en meterme al modelo de Naciones Unidas de la universidad. Ante dicha propuesta dije que lo iba a intentar, claro está, sin pensar en el alcance de dicha decisión. Antes de continuar quiero adelantarme a la enseñanza bicéfala que me dejó esta experiencia: por una parte volví a enamorarme de mi carrera a través del Derecho Internacional, por otra, aprendí que una idea acompañada de personas invaluables conlleva al éxito -a mi manera de entender dicho concepto-.
Sigamos. Primero, cuando me presenté para hacer parte del staff organizador del evento no tenía muchas expectativas, de hecho los primeros meses solo redujeron aquellas. Llegué a creer que todos hacían parte de una secta loca. Y es que no era para menos, en verdad les brillaban los ojos cuando se referían a su amado modelo, el cual para mí no era cosa distinta a un juego de roles medianamente entretenido. Al ser el primer modelo de Naciones Unidos en el cual me involucraba, no entendía un carajo, en verdad absolutamente nada; comités, secretarios de piso, GACs, crisis, etc.
Con el tiempo fui entendiendo pieza por pieza el modelo, fui conociendo a sus integrantes, fui queriendo un poco más el empeño que todos le ponían. Y aquí me detengo de nuevo; este artículo no está dirigido a contarles lo maravilloso que es MONUA para que decidan hacer parte de él o lo promocionen por los pasillos; la verdad es que ese no es mi punto, de hecho no me importa si lo hacen. El punto que quiero recalcar aquí es cómo un grupo de personas se pueden unir y hacer algo tan grande, tan calculado, tan apreciable, tan humano.
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Allí me encontré con cientos de personas que compartían una idea conmigo, idea que no tenía relación directa con el modelo. Esa idea consiste en que en toda sociedad –en toda organización humana- se requiere que cada persona haga lo que debe de la manera más diligente que pueda sin quejarse innecesariamente, sin delegar trabajo al otro, sin envidiar lo que los demás hacen y lo que ella no; eso fue lo que me enamoró del trabajo que hicimos. Cada persona sabía que tenía un rol y se entregó a él con todo lo que pudo; en verdad, con absolutamente todo. Una meta clara, personas que desbordan los límites de la excelencia y pasión por una idea fue todo lo que se necesitó.

Y es sorprendente. Mi perspectiva de mi vida estudiantil cambió también, mis prioridades académicas siempre habían sido leer todo para mis clases, hacer mis trabajos hasta la madrugada, dejar de salir un par de días para estudiar para mis parciales, etc. No había espacio para considerar un proyecto como MONUA dentro de mi lista de prioridades, para mí eso era para las personas que no tenían mucho que hacer, para quienes les gustaba jugar a recrear el mundo. Pero bueno, hoy entiendo que cualquier, en verdad cualquier proyecto en donde las personas se unan de corazón, merece la mayor de las atenciones de quienes se interesen por los temas que rodean dicho proyecto. Y eso me pasó, en medio de la basura en la cual se estaba convirtiendo mi carrera, donde todos se matan por una nota y cinquear el final es el santo grial posando en las manos de quien victorioso lo logre, encontré una reconciliación con el Derecho en un campo donde queda mucho por decir. Y sin duda alguna, espero con ansias ser uno de los que tome la palabra en dicha discusión.
Termino diciendo que no creo que vuelva a ser parte de este modelo, no por que no quiera sino porque mis planes no encajan temporalmente con este. Pero me llevo el mejor de los recuerdos de un equipo que me enseñó que una idea y personas invaluables construyen cosas enormes; incluso el mundo entero encasillado en 17 salones.

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