Dos caras de una misma Corte: Gaviria y Pretelt, del honor al desprestigio

Un estudiante nos da su punto de vista sobre el estado actual de la rama judicial, en especial de la Corte Constitucional. Su intención refleja una indignación profunda acompañada por un llamado de atención que nos compete a todos en calidad de ciudadanos, y en especial, de estudiantes de derecho.
Por: Juan Sebastián González Restrepo, séptimo semestre de Derecho, js.gonzalez271@uniandes.edu.co
“Tenemos que frenar de tajo el declive de la Corte Constitucional y replicar los tiempos que hicieron de esta corporación un referente internacional en materia Constitucional.”

*En memoria de Carlos Gaviria Díaz

Dos noticias han sacudido al país en los últimos días, la muerte de Carlos Gaviria y la investigación que se le sigue al Magistrado Jorge Pretelt por un supuesto soborno. Lo más lamentable de los anteriores sucesos es que recaen sobre la corporación que más prestigio había ostentado en Colombia hasta hace poco.
La era en que los Magistrados de la Corte Constitucional eran héroes se ha extinto de manera intempestiva, así como se nos fue el Doctor Gaviria.  Este es un momento donde extrañamos la trilogía Gaviria; las sentencias acerca de la Naturaleza del Estado Social de Derecho de Ciro Angarita,  los salvamentos de voto en materia de salud de Rodrigo Uprimny  y los cimientos del estado de cosas inconstitucional de Eduardo Cifuentes, entre otros célebres precedentes de excelsos juristas.  Me niego a pensar que la frase que dice que “todo tiempo pasado fue mejor” es cierta.

Es triste tener que relatar que uno de los más ilustres constitucionalistas de la historia de este país ya no esté entre nosotros y más en estos momentos de convulsión en los cuales su sabiduría sería tan útil para nuestra sociedad. Aunque es más doloroso que su legado de rectitud, honestidad, valentía y honorabilidad del cual dotó a la Corte, se haya visto mancillado vulgarmente por una nueva era de Magistrados inescrupulosos.

Digo Magistrados ya que no es solo el señor Pretelt la fuente del problema, como el mismo ha expresado, todos sus compañeros tienen rabo de paja. Este escenario es la consecuencia de un problema estructural de nuestro sistema jurídico y de la relación poco sana que existe entre el  legislativo, el ejecutivo y las Cortes,  que no efectúan una colaboración armónica de los poderes para el funcionamiento correcto del Estado. Sino que más bien existe una colaboración indebida entre poderes, no sé qué tan armónica, pero estoy seguro que las motivaciones no son las de mejorar el funcionamiento de nuestro país. Ahora bien, es cierto que la culpa es en parte de la función nominativa que tienen las Cortes para elegir funcionarios públicos, ya que esta situación convirtió en un botín político estas corporaciones,  sin embargo esta no es la única razón de la actual crisis.

Al escribir este artículo pienso en que los estudiantes, las universidades y el país en general  tenemos parte de culpa en que la Corte esté habitada por profesionales moral y académicamente cuestionables. Lo anterior lo digo, porque nos hemos encargado de satanizar la justicia, a muchos nos parece deplorable y jamás quisiéramos trabajar en esa maraña de corrupción en la que se ha convertido el sistema judicial colombiano, pero no hemos hecho nada para cambiar la situación.

La pregunta que se desprende de lo anterior es ¿qué hacer para tener más jueces como Gaviria y menos como Pretelt?, probablemente mi propuesta no sea la respuesta correcta, pero la quiero compartir con ustedes. Qué tal si motivamos a los estudiantes de todas las universidades, en especial las mal llamadas de élite, a seguir la carrera judicial, de esta manera se lograría mejorar la calidad de los jueces que a su vez  puede impactar positivamente  en la percepción y confianza de la gente en la justicia. En la Universidad de los Andes ya existe una propuesta de formación de jueces liderada por el profesor Diego López, pero podría profundizarse y extenderse a otras facultades de derecho en el país. Sumado a esto,  debemos cambiar la visión de que ser Magistrado es un paso para ser un abogado reputado y más bien sacralizar las altas Cortes a tal punto que sean la culminación de una vida profesional exitosa y sobre  todo honorable.

Ahora bien,  es una responsabilidad de todos, no solo de los abogados, motivar un cambio en los mecanismos de selección de los miembros de las corporaciones judiciales. Si queremos una sociedad funcional hay que confiar en la justicia y su efectividad, para esto, debemos exigir se nombren a Magistrados con altura intelectual y moral (personas intachables y reputabas), no solo porque los necesitamos, sino porque los merecemos.

Pretelt y Gaviria son las caras de una misma moneda, el primero representa a la justicia tradicional, la politiquería, el nepotismo y la “malicia indígena” -de la que muchos se enorgullecen-. El segundo es un exponente de la Constitución del 91, la meritocracia, la esperanza, el amor y el respeto por lo público. Cada quien puede escoger la cara de la moneda que le parezca mejor. En mi opinión, tenemos que frenar de tajo el declive de la Corte Constitucional y replicar los tiempos que hicieron de esta corporación un referente internacional en materia Constitucional.

Finalmente, quiero dejar la siguiente reflexión;  nosotros no podemos cambiar nuestro pasado, pero sí podemos trabajar en el presente para tener un mejor futuro, en el cual no veamos episodios tan bochornosos como los actuales.

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