El madrugón

La Universidad propone empezar clases a las 6:30 a.m. unos a favor y otros en contra. Aquí están los principales argumentos de este debate que puede afectar las rutinas de toda la comunidad Uniandina.

Por: Luis Felipe García Rubio, estudiante de séptimo semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. lf.garcia11@uniandes.edu.co.

A partir del segundo semestre del 2016 las clases iniciarán a las 6:30 a.m. Esta noticia
fue recibida de manera negativa por un determinado número de personas dentro de
la comunidad uniandina. Para brindar más herramientas a este debate, me propongo
hacer un breve resumen sobre lo que en realidad constituye el centro de discusión que debemos tener presente de cara a esta situación. Asimismo, presentaré una reflexión final
consistente en la importancia de la participación estudiantil en general.

En primer lugar, debe aclararse que en esta discusión están presentes dos temas distintos. Por una parte, se debate alrededor de la viabilidad de esta medida en concreto. Por otra, la pregunta es cuál es el rol de los estudiantes en la toma de decisiones y si éste es suficiente. Vamos por lo primero. Para entender bien si esta medida tiene sentido –con independencia de quién la tomó– debemos explorar sus beneficios y retos para, así, dejar planteadas algunas preguntas.

En principio, su beneficio más contundente es que al iniciar clases a las 6:30 a.m. se permite usar la franja de 1 a 2 de la tarde para dictar clases. En concreto, el nuevo esquema de horarios sería de la siguiente manera: 6:30-8:00, 8:00-9:30, 9:30-11:00, 11:00-12:30, 12:30-2:00 -aquí encaja con la distribución usual de la tarde-, 2:00-3:30, 3:30-5:00 etc.
Hoy en día a la 1 de la tarde solo es utilizado el 27% de los salones disponibles en la universidad. Lo anterior en contraposición a un 80% como promedio aproximado en las demás horas –hasta las 5 p.m. Contar con este espacio abrirá más o menos cien secciones y 4400 puestos nuevos para todos los estudiantes.

En este sentido, existen dos beneficios adicionales o colaterales. Por una parte, es probable que el tiempo de transporte en las mañanas se vea reducido pues buena parte de la población bogotana inicia sus actividades a las 7 a.m. Consecuencia de lo anterior es que las vías se congestionen después de las 6 a.m. y de manera más pronunciada después
de las 6:30 a.m. Asimismo, alrededor de la universidad se presentará una descongestión de los restaurantes y puntos de microondas a la 1 de la tarde. Esto permite que los estudiantes no tengan que invertir tanto tiempo haciendo filas o buscando un espacio libre para almorzar.

Ahora bien, los retos son varios. En primer lugar, la universidad deberá lograr
ajustar la oferta académica a las nuevas franjas. Este es un proceso titánico que se debe repensar bajo las nuevas dinámicas propuestas. Por ejemplo, existe la preocupación
de tener clase de 11:00 a 3:30 p.m. de seguido, pues no habría ningún espacio para almorzar. No obstante, respecto a este punto la universidad ha afirmado que los estudiantes no tendremos que ver clases desde las 6:30 a.m. hasta las 5:00 p.m. si estamos tomando de manera ordenada las materias de nuestro semestre. Es decir, las clases por semestre serán programadas, bien sea en la jornada de la mañana o aquella de la tarde. Asimismo, para mitigar los efectos negativos de la medida, se ha establecido que ninguna clase obligatoria de única sección será dictada a las 6:30 a.m. Un segundo reto es garantizar la seguridad de la comunidad uniandina en aquellas épocas del año donde a las 6:30 a.m. la universidad sigue un poco oscura. La universidad deberá reforzar
la seguridad, en especial en los corredores de las estaciones de transMilenio hasta el campus. Como última consideración, la universidad debe lograr garantizar todos los servicios desde las 6:30 a.m., lo cual indiscutiblemente implica una modificación en el manejo de personal y las dinámicas de vida del mismo.

Para culminar el primer punto de debate, acudo a algunas de las preguntas planteadas por losestudiantes en la reunión llevada a cabo el martes 5 de abril con el gerente del Campus, Maurix Suárez. ¿Qué pasa con las jornadas extensas de 6:30 a.m. hasta 6:30 p.m. para estudiantes que hacen doble programa? ¿Qué pasa con las personas que viven en Madrid, Sopó o Zipaquirá? ¿El sistema de transporte de dichos lugares se ajusta al nuevo modelo de
horarios? ¿Es el movimiento de torniquetes y la hora de entrada al parqueadero del SD suficiente indicador para justificar que los estudiantes ya están llegando antes de las 6:30? ¿Aquellos que lo hacen no necesitan esa media hora para desayunar u otra actividad imilar? ¿Por qué los estudiantes deben cargar con las consecuencias de un aumento en la población
uniandina y la incapacidad de las instalaciones para ajustarse a dicho cambio? La lista puede seguir. Son varias las preguntas que quedan por responder por parte de la universidad.

Ahora bien, el segundo punto de discusión debe abordarse en dos frentes: el rol del CEU
junto con la organización de la universidad y, por otra parte, la participación estudiantil.
Respecto a lo primero, los estudiantes cuentan con el Consejo Estudiantil Uniandino como principal canal de representación. Para efectos de la materia en concreto, dentro de su organización hay dos estudiantes que asisten al Consejo Superior y uno que lo hace en el Consejo Académico. En última medida son ellos tres quienes conocen de primera mano propuestas como la que alguna vez fue esta medida ya tomada, luego la comunican a los otros setenta y algo representantes estudiantiles y, finalmente, ellos lo hacen por extensión a los demás estudiantes. Si nos gusta o no este modelo es un debate muchísimo más amplio que no pretendo abordar en este artículo.

En cuanto a la participación estudiantil en un sentido más amplio, los estudiantes cuentan con constantes reuniones que la universidad abre a los estudiantes para discutir las medidas que se tomarán –como ha sucedido reiteradamente con la trimestralización. No obstante, parece que esta medida en particular no contó con este segundo plano de participación. Ninguno de nosotros fue llamado a una reunión donde pudiéramos controvertir la medida que se pretendía tomar. Así, debo decir que la universidad falló. Falló al suponer que estas medidas son “administrativas” o “técnicas” y que por lo tanto los estudiantes no jugamos papel alguno allí.

Después de este corto resumen de los hechos se pueden concluir dos cosas: (i) la medida de empezar clases a las 6:30 a.m. parece tener sentido bajo los argumentos dados; no bstante, (ii) el proceso para tomar dicha decisión estuvo infectado desde el inicio. Tal vez si la universidad se hubiera tomado el trabajo de hacer las mismas reuniones que está haciendo para trimestralización, no estaríamos revolcándonos sino preparándonos para programar nuestras alarmas diez minutos más temprano, ¡sí, diez!

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