Corea del Norte: el enemigo que dejó de ser

Colombia y Corea del Norte han tenido una relación muy particular a lo largo de la historia. Este estudiante recuenta desde su perspectiva por qué las relaciones entre estos dos países son mucho más dinámicas de lo que creemos.

Por: Mateo Alberto Sánchez González. Estudiante de quinto semestre de Derecho ma.sanchez19@uniandes.edu.co.

Han pasado ya seis décadas y media desde que Colombia y los demás países que acogieron el llamado de la ONU desembarcaron sobre tierras del lejano oriente, prestos a librar la primera batalla bélica declarada de la Guerra Fría: la guerra contra Norcorea. El Presidente de la República de Colombia, el doctor Laureano Gómez, no era simpatizante de Estados Unidos, pero sí era un inamovible freno para la expansión comunista de la Guerra Fría. Así como combatió la posibilidad de que el Partido Comunista Colombiano tomara el poder en medio de la Violencia Política y su influencia sobre las guerrillas liberales, decidió apoyar a Estados Unidos en la guerra contra el comunismo internacional cuando su victoria parecía inminente en la península coreana.

En Colombia, tras la presidencia de Laureano Gómez, el gobierno del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla declaró ilegal al Partido Comunista Colombiano y desmovilizó a la mayoría de las guerrillas liberales, poniendo fin al periodo de la Violencia Política. Más adelante, el Presidente Alberto Lleras Camargo rompería relaciones diplomáticas con Cuba. Entonces, se puede admirar cómo Colombia ha sido enemiga permanente del comunismo, tanto dentro de sus fronteras como fuera de ellas. Pero ¿qué fue de la vida de nuestro antiguo adversario extranjero? Esa pregunta la hago partiendo de la premisa de que la adversidad entre Colombia y Corea del Norte radicaba en la cuestión comunista. Pero si el bloque comunista ya se desintegró, ¿qué sucede entre los dos países? ¿Por qué es que la guerra con el Perú durante la administración del doctor Enrique Olaya Herrera tuvo su Protocolo de Río de Janeiro, pero con Corea del Norte no hubo algo así, sino un cese al fuego con el establecimiento de una zona desmilitarizada en el paralelo 38? Corea del Norte y Colombia sencillamente no tienen embajadas la una con la otra. La segunda quería evitar la expansión del comunismo, pero mi opinión es que esa razón de nuestra enemistad ya no existe, es más, dejó de existir mucho antes de lo que uno a simple vista se imaginaría.

Tras su frustrado anhelo de reunificar a Corea en la guerra de 1950, Kim Il-Sung comenzó un largo camino para tratar de encontrar la identidad y la definición de su país. En parte eso se debió a la ruptura chino-soviética, ante la cual Kim Il-Sung adoptó la posición de neutralidad, sin que la cercanía continental con China hiciera que el movimiento internacional comunista-maoísta penetrara en el Partido del Trabajo de Corea, como sí ocurrió en otros partidos comunistas de Asia. Sin embargo, no quiso conservar silencio ante el dogmatismo de Mao Zedong, y rechazó categóricamente que el Partido Comunista Chino adoptara la estrategia trotskista de la “Revolución Permanente” (el ideólogo León Trotski diseñó ese concepto cuando propuso que Rusia no se retirara de la IGM, sino que se mantuviera en combate para expandir el comunismo más allá de sus fronteras). Con un Il-Sung crítico de la “Revolución Permanente”, la pregunta es: ¿dónde aparece la expansión comunista en su proyecto? Contrariamente, ya tenía totalmente clara su ideología nacionalista, lo cual se conjuga con su ideal a priori de que el destino de los coreanos es estar juntos, pero pareciera que Kim profundizó más esa idea, pues le añadió tres componentes: independencia, reunificación pacífica y gran unidad nacional (Declaración Conjunta del Norte y Sur, 4 de julio de 1972).

Me resultó de gran valor conceptual leer el discurso de año nuevo de 2017 pronunciado por el mariscal Kim Jong-Un. No sólo me fue útil la profundización de todos y cada uno de esos principios, sino su renovación con una mayor envergadura en cuanto al ámbito del deber y los destinatarios a quienes incumbe. En cuanto al principio de la paz, ésta no puede concebir que se ataque a sus propios compatriotas:

“El mejoramiento de los vínculos intercoreanos es el punto de partida hacia la paz y la reunificación y una demanda urgente de toda la nación. Si permanecemos de brazos cruzados ante las relaciones bilaterales que se hallan en estado catastrófico, ningún político podrá afirmar que ha cumplido con la responsabilidad y papel que asume ante la nación, ni gozar del apoyo del pueblo. […] Es invariable nuestra disposición de no pelear entre los connacionales y salvaguardar la seguridad de la nación y la paz en el país”.

El principio de la independencia se muestra cuando se dirige a EE.UU. con respecto a qué debe hacer para que Corea del Norte revise el plan nuclear por el que tanto ha hecho la nación americana que la ONU los sancione, para luego desembocar su discurso en la conclusión de la paz como compañera de ese principio:

“Mientras continúen el chantaje nuclear de Estados Unidos y sus seguidores y no dejen de realizar en nuestras propias narices los ejercicios de guerra con la excusa de que es una tradición efectuarlos año tras año, nosotros seguiremos reforzando nuestra capacidad de autodefensa y de ataque preventivo centrada en las fuerzas armadas nucleares. En todo caso salvaguardaremos con nuestra propia fuerza la paz y la seguridad de nuestro Estado y haremos también una activa contribución a la paz y la estabilidad en el mundo”.

La independencia es el principio más conocido, dada la cuestión nuclear con Estados Unidos. La paz es el mayor alivio para el mundo entero, aunque nulo en nuestros medios de comunicación occidentales a la hora de informarlo a la opinión pública (tal vez porque no leyeron esa parte del discurso), pero el que tiene mayor componente histórico para la idea original de Kim Il-Sung está en el principio de gran unidad nacional:

“Todos los coreanos residentes en el Norte, en el Sur y en ultramar […] deben reactivar contactos y visitar unos a otros por encima de la diferencia de ideología y régimen, de residencia e ideal y de clase y sector, y convocar una gran reunión pan-nacional en que participen todos los partidos políticos, organizaciones y compatriotas de todas las clases y capas del interior y exterior del país, incluidas las autoridades de ambas partes. Gustosos les daremos la mano a cualquiera que conceda importancia a los intereses fundamentales de la nación y desee el mejoramiento de las relaciones Norte-Sur”.

Puede que en julio de 1953 no haya habido tratado de paz que finalizara legalmente la Guerra de Corea, pero si Colombia se mantuvo históricamente firme en su casualismo original por el que decidió entrar en ella, considero que el proceso idiosincrático norcoreano de la postguerra, generó el fin de la enemistad con nuestro país, sin que los dos se dieran cuenta de ello.

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