Drogas por notas: el doping académico y la educación

Esta estudiante se arriesga a visibilizar y a sentar una postura crítica frente a una problemática estudiantil que a diario se presenta entre los estudiantes de la Facultad de Derecho.

Por: María Mónica Latorre Guerrero. Estudiante de sexto semestre de Derecho y octavo semestre de Ciencia Política. mm.latorre10@uniandes.edu.co

Soy una persona bastante competitiva y me gusta obtener buenas calificaciones, como a muchos en esta Facultad. Sin embargo, también tengo el mal hábito de dejar todo para último minuto, y el semestre pasado sufrí más que ningún otro por esta costumbre. En muchas ocasiones me encontré algunos minutos antes de la hora de entrega luchando con mi creatividad y mi cansancio para terminar algún trabajo. En medio de una montaña de lecturas y cuadernos estudiando para los finales se me ocurrió una alternativa que escuché de algunos de mis compañeros: comprar algún tipo de fármaco para poder aguantar y mejorar mi desempeño a la hora de estudiar.

Desistí de la idea, no solo porque no tenía idea de qué comprar o dónde comprarlo sino porque me daba un poco de ‘culillo’ tomarme alguna cosa de la que no tenía idea.

Aunque decidí tratar de aprobar el semestre sin ninguna de estas ayudas extra, mi curiosidad sobre el tema aumentó y decidí investigar un poco sobre el “doping académico”. Después de leer un rato aprendí que algunas de estas drogas son las que le recetan a las personas que sufren del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA), como el Adderall o el Ritalin y que la mayoría requieren una prescripción médica que naturalmente no es muy difícil de conseguir. Además, aprendí que su uso puede ser adictivo, pues genera un estímulo similar al de otras drogas que pueden causar enfermedades cardiacas o mentales. Que estos fármacos no sólo se toman sino que también se inhalan o se inyectan. Que la DEA las clasifica dentro de su segunda categoría de drogas con más potencial de abuso y una cantidad de cosas más. El resumen entonces es que estas drogas no sólo ayudan a sacarse mejores calificaciones sino que también son muy dañinas.

A pesar de que no hace falta adentrarse mucho en internet para encontrar toda esta información, y con esto me refiero a que enterarse de toda la información que escribí antes no es nada difícil, cada vez más estudiantes recurren a estas sustancias para mejorar su concentración, atención y en general su desempeño académico. Todos sabemos que obtener buenas calificaciones es vital. Sin embargo vale la pena preguntarse cómo estamos asumiendo nuestra educación si estamos optando por estas alternativas para lograr este fin.

Desde que entramos a la universidad hasta que nos graduamos tenemos en mente, porque nos lo repetimos y nos lo repiten contantemente, que debemos ser muy buenos académicamente si queremos que nos vaya bien. Queremos estar entre los mejores de una clase, que nos den una monitoría y si no, también sabemos que buenas calificaciones en la universidad significan poder pasar el filtro de los mejores programas de posgrado en las mejores universidades, así como conseguir mejores oportunidades laborales. Por todo eso, además de que estamos desbordados de trabajo, los estudiantes cada vez somos más competitivos entre nosotros y más exigentes con nosotros mismos. Sin embargo, que existan todo tipo de medios ampliamente aceptados por los estudiantes, como usar drogas que son notoriamente dañinas pero que nos ponen a funcionar como unas máquinas, denota un interés preocupante en la calificación más que en el aprendizaje.

Las universidades, por su parte, no tienen muchos mecanismos para desincentivar el doping académico, tal vez porque no dimensionan la cantidad de estudiantes que lo hacen. En la investigación realizada no se encontraron muchos estudios ni estadísticas sobre el tema en Colombia, así como tampoco se halló información sobre medidas de las universidades para prevenirlo o evitarlo. A las instituciones educativas, en especial a universidades de prestigio como la nuestra, que suele estar dentro de las mejores en los rankings y que está constantemente intentando mejorar en los mismos, les interesa tener estudiantes con excelentes calificaciones, y con promedios cada vez mejores. Sin embargo no son conscientes de algunos medios que los estudiantes utilizan para alcanzar estos objetivos, o simplemente eligen no convertir el asunto en un tema relevante.

El hecho de que algunos estudiantes den fe de que usar estas drogas es un método muy efectivo para obtener un mejor desempeño académico va ocasionando poco a poco que esta práctica se vuelva cada vez más frecuente. A esto se suma que muy poco se habla sobre el doping académico. Deberíamos, entonces, cuestionarnos sobre si atenernos o arriesgarnos a los efectos de estas drogas en aras de obtener mejores calificaciones y ser más competitivos vale la pena. Estamos, como estudiantes, normalizando una práctica que puede ser notoriamente dañina y, como universidad, haciéndonos los de la vista gorda frente a un problema que puede ir creciendo cada vez más.

¿Dónde están nuestras prioridades?

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