¿Es el Derecho autónomo?

“El Derecho es una herramienta de cambio social”. Esta frase la hemos escuchado, leído e incluso repetido. Pero más allá de unas cuantas palabras, ¿qué significa esto? El Derecho juega un papel fundamental en nuestra comunidad y en el día a día; esta ciencia, si es que se puede llamar así, incluye normas de comportamiento, un deber ser al que aspiramos y que el ordenamiento jurídico jura respetar y proteger. No obstante, esta inspiración o sueño al que, tanto los abogados como ciudadanos buscamos, parece quedarse en meras aspiraciones y perdemos de vista que el Derecho, como herramienta, necesita de las personas en el presente para que opere y efectivamente genere cambio social.

Bajo este entendido, el Derecho no es bueno ni malo, pero lo que sí es, es un ente manipulable detestable si cae en malas manos. Estas palabras las escribo mientras escucho que en Venezuela se propone realizar una asamblea nacional constituyente. Mientras que en 1991 Colombia se llenó de dicha con el nacimiento de esta institución, los venezolanos y la comunidad internacional de retuercen de miedo y decepción. ¿Cómo es posible que el Derecho, haciendo uso de la misma institución jurídica, produzca sensaciones tan distintas?

Puestas las cosas así, parece que el Derecho no es tan fuerte y beneficioso como lo hacemos sonar normalmente, sin embargo, tratando de proteger a este gigante que es el Derecho, los principios vienen al rescate, pues ayudan a la interpretación y formación del ordenamiento jurídico, el mismo Dworkin nos lo ha recordado constantemente. Empero, los principios estarán siempre destinados a un triste olvido si los operadores no recordamos que el Derecho no solo es un “conjunto de normas organizado de forma jerárquica”, como se enseña en la primera clase de introducción a Derecho, sino que incluye además un uso serio de los principios. Solo de esta manera podremos sentirnos orgullosos de decir que los que nosotros hacemos con esta maravillosa herramienta, si funciona y puede generar un cambio positivo por el bien común.

En este orden de ideas, las personas que están atrás de las normas, de los fallos, de las interpretaciones y contratos, deben entender que crean cambio social en su actuar diario cuando utilizan esta herramienta. El Derecho, por más garras que tenga, jamás logrará ese deber ser tan anhelado si seguimos creyendo que es un sistema perfecto que por sí mismo regulará las relaciones en comunidad y nos llevará a la perfecta convivencia. No podemos desconocer que siempre existirá una incidencia personal en el Derecho, ya que los operadores son los que en últimas deciden como este sistema afectará a la comunidad. Por lo tanto, no importa tanto la forma como construyamos el Derecho, lo que importa es cómo lo utilicemos.

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