Sergio Jaramillo Caro: Alto Comisionado para la Paz

Por: Carlos F. Beltrán. Estudiante de tercer semestre de Derecho. Secretario Ejecutivo del Comité de Paz del CEU. cf.beltran@uniandes.edu.co

1. ¿Qué sigue ahora para el proceso de paz?

Siempre hemos dicho que la firma del acuerdo no era el fin sino el verdadero comienzo del proceso, y algo similar podemos decir ahora del fin del proceso de dejación de armas y tránsito a la vida civil de las FARC. Ahí comienza la verdadera tarea, que no consiste sólo en la reincorporación de las FARC, sino en la implementación de los acuerdos en los territorios, ese es el verdadero desafío.

2. ¿Por qué es importante la sociedad civil en lo que viene para el proceso?

A mí no me gusta mucho hablar de sociedad civil, porque parecería que estamos hablando solamente de la sociedad organizada. En realidad tenemos que apelar a toda la ciudadanía, a toda la sociedad, a todos los colombianos a meterse en la paz. Hemos dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir: la visión de construcción de paz que tienen los acuerdos de La Habana es de una paz territorial, una paz que depende no solamente de que las comunidades se involucren en los diferentes planes y programas que acordamos en La Habana y que sean protagonistas de la implementación, sino de que toda la sociedad de una región, de un departamento tome las riendas del proceso. No seremos los bogotanos quienes llevemos a la paz ni a Putumayo, ni a Nariño, ni mucho menos a Antioquia, la construcción de la paz depende fundamentalmente de que los líderes naturales, los líderes políticos, los líderes empresariales, los líderes académicos, los líderes sociales, las víctimas ejerzan un liderazgo y construyan en sus regiones. Esa es la diferencia entre este proceso y los anteriores, creo yo.

3. ¿Cómo puede participar la sociedad, y especialmente los estudiantes en las universidades, en la construcción de lo que sigue?

Una buena manera de entender nuestros problemas, y lo han dicho muchos, es que somos un país tremendamente fragmentado. Por eso uno de los pilares de los acuerdos es, justamente, el desarrollo rural integral. Y más allá de eso, el esfuerzo por desencadenar lógicas de integración territorial que dependen de una parte de la participación activa de esas regiones, pero también de que se tiendan puentes entre lo que se puedan llamar las regiones periféricas del país y el centro, o los muchos centros que tiene Colombia, y los llamados a ser la vanguardia en ese ejercicio de construcción de puentes son precisamente los estudiantes. Desde hace varios años vengo proponiendo que se haga un voluntariado de manera que estudiantes de las universidades públicas y privadas de Bogotá, o en Medellín, en Cali, en Manizales o en Cúcuta, puedan tomarse un año para ir a trabajar en los diferentes programas de construcción de paz, según sus intereses y capacidades: en los temas de desarrollo rural, en los temas de participación política, en la implementación tan compleja del sistema integral de verdad, justicia y reparación. Imagínense lo que va a requerir la Comisión de la Verdad para poner en marcha sus capítulos territoriales; esas son las oportunidades que los estudiantes deben aprovechar, no sólo para ayudarnos a implementar unos acuerdos tan ambiciosos, generar esos procesos de planeación participativa sino también, sobre todo, para que regresen a las ciudades y le cuenten a sus familias y a sus amigos lo que vieron y lo que hicieron y creemos una conciencia de lo que significa la construcción de paz en Colombia.

4. Una vez se disuelvan las zonas veredales, ¿cómo se reinsertarán los miembros de las FARC a la sociedad civil?

La reincorporación a la sociedad civil tiene que seguir unos principios básicos que siempre ha observado el Estado, como que cada miembro tiene que tener la posibilidad de escoger qué va a hacer con su vida, pero a la vez va a tener unos elementos nuevos. El primero, el hecho de que es una reincorporación que se va a dar fundamentalmente en zonas rurales, el Gobierno está de acuerdo con eso, qué sentido tiene llevar a unos jóvenes que crecieron en las veredas del campo colombiano a las ciudades, cuando su deseo es trabajar en el campo. En segundo lugar, las FARC quieren poner en marcha un modelo más asociativo, cooperativo de proyectos de reincorporación y al Gobierno eso le parece bien, siempre y cuando los proyectos estén bien estructurados y beneficien también a las comunidades. Por ejemplo, poner en marcha pequeñas de cooperativas de construcción de infraestructura en zonas rurales como vías terciarias, como pequeños acueductos. Y en tercer lugar, tenemos que entender que la reincorporación de las FARC se va a regir por lo que llamo un principio de complementariedad. Eso qué quiere decir: que la implementación de los acuerdos, en particular en su componente de desarrollo rural, van a crear muchas oportunidades para la reincorporación que no existen hoy, y viceversa y de manera complementaria que la reincorporación de las FARC debe ayudar en sí misma a la implementación de los acuerdos, a promover los objetivos de los acuerdos de construcción de paz en los territorios. Eso me parece que es muy importante, sobre todo para las personas que hoy tienen mando en las FARC, que vean que la ayuda no es recibir una ayuda por un tiempo y unas posibilidades de capacitación, sino la de ejercer un liderazgo en beneficio de las comunidades. Eso para mí es el mejor resumen de la paz: una vez dejadas las armas y cumpliendo con todos los compromisos, las FARC trabajando desde la institucionalidad para contribuir a responderle a todos esos colombianos que por tantas décadas han vivido al margen de institucionalidad.

5. Un grupo de universitarios visitó por primera vez con usted una zona veredal en el Cesar, con qué ideas o conclusiones se queda después de este encuentro?

Fue un primer encuentro de un proyecto que hemos llamado “Oigámonos”. Se trata de llevar estudiantes, profesionales, empresarios, gente de las ciudades a las zonas para que la gente vea qué es lo que está ocurriendo en el primer frente de la construcción de la paz y que a su vez tenga la oportunidad de intercambiar experiencias con los miembros de las FARC. El primer paso resolver un problema es entender bien qué es lo que piensa el otro, y esa es la ambición de ese proyecto: contribuir a las bases mínimas de comprensión.

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