El Partido (poco) Liberal

Una mirada crítica sobre el tradicional Partido Liberal colombiano, que en la actualidad se encuentra significativamente alejado de los ideales que en un principio lo caracterizaron.

Por: Gonzalo Reyes Rojas. Estudiante de séptimo semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. ge.reyes10@uniandes.edu.co

El Partido Liberal es de todo menos liberal. Propongo que como colectividad adopten una de dos opciones: o que se refunden bajo sus principios originarios de igualdad, libertad y secularidad, o que se cambien de nombre. Sin embargo, pensándolo bien, está de moda en la arena política colombiana que los nombres de los partidos y movimientos políticos no coincidan en lo absoluto con sus ideales. Tenemos al Centro Democrático, que de democrático no tiene nada, a la Unidad Nacional, que de unida no tiene nada y a Cambio Radical, que de Cambio no tiene nada y de Radical solo tiene los sombrillazos de Vargas Lleras. Entonces corrijo. No propongo ya una disyuntiva, sino que alzo mi voz para hacer un único reclamo: los dirigentes, militantes y electores del Partido Liberal deben refundar su partido. Antes hago una aclaración: hasta este punto y en lo que resta de este artículo he empleado y emplearé la palabra liberal refiriéndome a una persona que comulga con las propuestas del Partido Liberal colombiano, a sus dirigentes o a sus militantes, no al sentido clásico y lockeano de la palabra.

Desde pequeño he crecido en una familia liberal. Mi bisabuelo materno, ferviente liberal, tuvo que salir de Bogotá por la violencia que desató el homicidio de Gaitán. Probablemente era de esos que gritaba “¡Viva el Partido Liberal!”. Mi papá, muy político como buen santandereano, recorrió todo ese departamento haciendo campaña por el Nuevo Liberalismo de Galán. No había forma de que yo saliera apolítico y mucho menos, conservador. Me crié oyendo historias de verdaderos liberales, como José Hilario López, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliecer Gaitán, Luis Carlos Galán. Aprendí que a pesar de vivir en un país en el que históricamente la Iglesia ha tenido un papel protagónico en las dinámicas de poder, el Partido Liberal se había fundado originalmente sobre la premisa de que la Iglesia no puede intervenir en las decisiones del Estado. Por tanto, es razonable mi desconcierto al ver como cada vez más el Partido Liberal pierde su rumbo y empieza a parecerse a una Iglesia evangélica.

Creo que el problema radica en dos partes: una dirigencia débil y miembros disonantes que mancillan la bandera liberal por oposición a verdaderos liberales irreverentes, que con la fuerza de Luis Carlos Galán, se enfrenten a los poderes oscuros del clientelismo y la corrupción. Una dirigencia débil porque Horacio Serpa no ha logrado revivir los principios del liberalismo que llevaban al pueblo a movilizarse para defender ideales justos y, más aún, no ha logrado seducir a los verdaderos liberales para que vuelvan al partido. El proyecto político no está dando frutos, ya que le falta sustancia para llevar a la gente a apasionarse por las propuestas y a defenderlas en el foro público. Y es que ahí yace una parte importante del problema: los verdaderos liberales no se sienten identificados con este partido de Serpa, sería incoherente hacerlo. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la única reacción de la dirigencia liberal frente al referendo de la adopción homosexual promovido por Viviane Morales fuera un tweet de Serpa? Un verdadero presidente, con convicción y determinación, habría citado a su oficina al miembro descarriado y lo hubiera hecho entrar en razón. De no lograrlo retiraría el apoyo de toda la bancada a la iniciativa en cuestión. Pero no fue así, y probablemente pesaron más los votos de las iglesias que apoyan a Morales que ser fieles al principio de igualdad, que más allá de ser liberal o no, es un derecho constitucional.

Y ya que entramos en el área de lo inconstitucional, hablemos de Viviane Morales. Este es mi segundo punto. Decir Viviane Morales y liberal en una misma oración es como decir Millonarios y victoria. Simplemente no pueden subsistir en la misma frase, se repelen, son incompatibles. Todo lo contrario a liberal e igualdad, conceptos estrechamente ligados, hasta el punto de que defender la igualdad es condición necesaria para ser liberal. Esto no pareció importarle a Morales, que junto con su esposo, promovió un referendo para someter a votación popular el derecho que tienen las parejas homosexuales a adoptar. Ese tipo de posturas generan, más que malestar, verdadero repudio de pertenecer a un partido que tiene a este tipo de individuos en el Congreso. Los liberales ilustres que he mencionado a lo largo de la columna probablemente estén retorciéndose en sus tumbas. Esta figura mojigata que es Morales contrasta con la de un verdadero representante del Partido Liberal. Y es que ella, como “buena política”, sabe que en las crecientes iglesias de garaje hay un capital electoral importante, tanto que lograron inclinar el resultado del plebiscito del proceso de paz. En cambio, un verdadero político liberal jamás emplearía métodos tan chocantes con las ideas liberales (y a mi parecer faltos de ética) para asegurar votos.

Pienso que los problemas acá señalados no son responsabilidad exclusiva de los actuales protagonistas, sino una acumulación de errores cometidos a lo largo de la historia. Pero la situación actual, además de inmanejable, está demostrando ser una de las principales contribuyentes a las crecientes fuerzas radicales de derecha. Suficientes razones para emprender una refundación del partido. Establecer nuevos estatutos, diseñar propuestas que le apunten a resolver, de manera liberal, los problemas del país, hacer una purga de aquellos miembros que con su sed de poder deslegitiman a la totalidad del partido. El Partido Liberal debe convertirse en una verdadera opción secular en este país de curas en el que vivimos. Solo así lograremos volver a tener un partido verdaderamente liberal, y probablemente podremos volver a gritar con el pecho inflado “¡Viva el Partido Liberal!” .

 

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