Francia: velo islámico y laicidad

Por: Daniel Alejandro Lopera. Estudiante de sexto semestre de Ciencia Política y opción en Derecho. da.lopera10@uniandes.edu.co

Un estudiante analiza cómo el porte del velo islámico en Francia ha desembocado en una problemática que evidencia el milenario choque cultural entre Oriente y Occidente.  

Cuando se habla del velo islámico se alude a una prenda de vestir en tela que debe cubrir el cuello, las orejas y parte de los hombros de las mujeres, con el fin de limitar la exposición de su rostro y sustraer de la vida pública el cuerpo femenino como salvaguarda de la pureza humana (Rodríguez, 2016). Se trata de un símbolo sagrado que visten las mujeres musulmanas, que no solamente posee connotaciones religiosas sino también culturales y hasta políticas que varían según la intención de quien lo lleve y las costumbres locales del lugar en el que se use. El velo es sinónimo de pureza e integridad dentro de la comunidad islámica y las mujeres casadas deben usarlo como expresión de lealtad a sus maridos. En algunas poblaciones musulmanas el uso del velo se limita al espacio público, mientras que en otras las mujeres deben portarlo en su vida pública y privada  (Jordán, 2012).

Los musulmanes le adjudican una connotación religiosa al velo a partir del Surah 24, verso 31, el cual recomienda a la mujer vestir decorosamente, sin adornos y sin exhibir ninguna parte de su cuerpo. Este pasaje no consagra la obligatoriedad del uso de la Hiyab —velo o cortina—, por lo cual existen vertientes del Islam que están en desacuerdo con su uso obligatorio y consideran que la decisión de usarlo debe ser libre (Araujo, 2016).

Rosa Meneses, columnista del diario español El Mundo, argumenta que existe un móvil identitario en el porte del velo en países occidentales. Su uso acarrea un mensaje contundente que expresa el deseo de las mujeres de mantenerse fieles a sus orígenes sin importar el lugar en el que se encuentren, con el fin de distinguirse como miembros de la comunidad musulmana. Así mismo, las mujeres visten el velo como protesta o rechazo a la globalización cultural impuesta desde Occidente a países musulmanes, es decir, como una expresión de rebeldía en contra del colonialismo. En otras palabras, el velo le permite a las mujeres musulmanas desenvolverse e interactuar en escenarios lejanos a su comunidad, pero siempre preservando su pureza e integridad. Sin embargo, para los occidentales el porte del velo conlleva implícita una amenaza a los presupuestos políticos de la democracia: simboliza la unión entre lo político y lo religioso, quebranta la laicidad de los países europeos y redefine el modelo estatal democrático como un sistema político teocrático (El Hamel, 2010 en Araujo, 2016).

Con la introducción de la Ley de Laicidad en Francia en el año 1905, se produjo una ruptura entre el Estado y la Iglesia con la cual el primero se abstiene de patrocinar credo alguno y de profesar oficialmente una creencia religiosa particular. Más aún, se consagra como finalidad del Estado francés garantizar la libertad de conciencia y de culto. De este modo, se configura un Estado comprometido con el fomento del pluralismo y la libertad de expresión del individuo, que no interfiere con las convicciones que profesen sus nacionales (France Diplomatie, 2015).

En la actualidad, las leyes que regulan directamente el uso del velo islámico en Francia son: la Ley del 15 de marzo del 2004, con la que se busca regular el uso de símbolos religiosos de toda índole en las escuelas públicas y la Ley del 11 de octubre del 2010, con la cual se le impide a las mujeres ocultar el rostro en el espacio público. Se trata de “consideraciones de orden público” que pretenden prevenir la delincuencia y proporcionar una correcta identificación de las personas. (France Diplomatie, 2015). Sin embargo, las normas que regulan la materia chocan directamente con las creencias religiosas que progresivamente son más significativas en el país. La postura estatal francesa ha sido vista por los medios de comunicación como un ataque directo a la comunidad musulmana y a las mujeres que portan el velo. Aunque las leyes tienen como principal objetivo evitar el uso de símbolos religiosos por parte de los funcionarios del Estado, incluso se ha llegado a prohibir su porte en instituciones escolares públicas. Como consecuencia de los sucesos terroristas perpetrados en Francia, el Estado ha desarrollado un discurso motivado por la seguridad nacional que legitima la prohibición rotunda de manifestaciones religiosas como el uso del velo. Se argumenta también que Francia es un país defensor de los derechos a la igualdad y la libertad, que debe velar por el correcto goce de los mismos de todos sus ciudadanos.

La problemática del porte del velo islámico en los países occidentales y su trasfondo cultural, político y religioso deja en evidencia la falta de seriedad con la que se ha aproximado la materia. El uso del velo en Occidente se ha visto como un capricho de las mujeres, dejando a un lado consideraciones sobre el verdadero significado que posee y la razón por la cual es tan importante para la comunidad musulmana. La proscripción del uso de símbolos que poseen una indudable connotación religiosa en Francia ha favorecido los derechos de las mayorías, desplazando los derechos individuales de las mujeres musulmanas como miembros de la comunidad internacional. Esto parece ser contradictorio con los principios sobre los cuales está fundada Francia: los derechos a la igualdad, libertad y fraternidad son violentados cuando se les imponen a las mujeres musulmanas medidas que buscan occidentalizar sus costumbres. Es así como se dejan de lado principios como la libre determinación de los pueblos, la libertad religiosa y la libertad de decisión. La imposición estatal sobre las comunidades con credos diferentes tiene un peso tal que termina coaccionando su actuar. Resulta contradictorio que mientras que el Código Penal francés eleva infracciones en contra de la discriminación racial o religiosa, el Estado sea el principal reproductor de las conductas antirreligiosas.

En este punto es importante resaltar la incidencia de los grupos activistas y feministas que han visibilizado la “amenaza” que implica el uso del velo y la han introducido en la agenda de discusión. Sin lugar a duda, los preconceptos de libertad e igualdad occidentales se contraponen a las perspectivas y convicciones orientales, específicamente a las musulmanas. Los grupos activistas argumentan que el uso del velo islámico no es más que una forma de reproducir las relaciones asimétricas perpetradas a lo largo de la historia entre los hombres y las mujeres (Rodríguez 2016). Sin embargo, en contraposición, se han levantado grupos de mujeres musulmanas que portan el velo como un sinónimo de protesta y rechazo en contra del neocolonialismo, la globalización y en definitiva contra la hegemonía cultural de occidente (Jordan, 2012).

En conclusión, en tanto Occidente no comprenda a profundidad la connotación sagrada del uso del velo islámico, continuarán rechazándose manifestaciones religiosas y la idiosincrasia musulmana seguirá concibiéndose como una imposición cruel a las mujeres. La pregunta es, ¿será posible que los ideales occidentales y orientales coexistan sin que se anulen unos a otros?

Referencias:

 

 

 

 

 

 

Imagen obtenida de: http://www.elmundo.es

 

 

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