La defensa del dragón: predeciblemente condenada al éxito en el exterior y al fracaso en su tierra

Este artículo invita a los colombianos a reconocer en la producción cinematográfica local un esfuerzo titánico por consolidar el cine colombiano como una joya del séptimo arte.

Por: Camila Ramírez Molina. Estudiante de cuarto semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. mc.ramirez@uniandes.edu.co.

Después de poco más de dos meses de figurar en escasos titulares de prensa -además de estar estos refundidos entre escándalos de corrupción, política internacional y uno que otro del proceso de paz-, la película La Defensa del Dragón, de dirección y producción colombiana, finalmente se estrenó en las salas de cine del país. Aunque aún es muy pronto para comentar sobre la asistencia a la película y el recibimiento por parte de la audiencia, el pronóstico no es muy bueno: ésta se proyectará en salas de cine de tan sólo siete de las doce ciudades que cuentan con presencia del exhibidor elegido -Cine Colombia-, en escasos horarios y en pocas salas de cada ciudad.

Desapercibida y contando con una pequeña ventana para llegar a una audiencia selecta, en su mayoría metropolitana, La defensa del dragón constituye un triunfo del arte independiente, pues es la primera película colombiana, escrita y dirigida por una mujer, que ha sido nominada a la Quincena de Realizadores en el festival in­ dependiente de Cannes, además de ser el único largometraje latinoamericano que concursa por la Cámara de Oro (galardón de su categoría). Considerando el reconocimiento a la gran calidad del proyecto, el escenario en términos de oportunidades de proyección es decepcionante. Sin embargo, es un lugar común en un universo de películas nacionales independientes que reciben homenajes y reconocimientos en el exterior, pero que a la hora de la verdad presentan pérdidas por falta de audiencia a nivel nacional. Identificando una tendencia ya muy predecible, exploraré un coctel de posibles causas de un problema que parece apuntar a la falta de apropiación cultural.

La Defensa del Dragón sigue la vida de tres amigos de mediana edad de clase media que viven en el centro de Bogotá La defensa del dragón: predeciblemente condenada al éxito en el exterior y al fracaso en su tierra Este artículo invita a los colombianos a reconocer en la producción cinematográfica local un esfuerzo titánico por consolidar el cine colombiano como una joya del séptimo arte. y pasan el tiempo entre el Casino Caribe, el tradicional Café Normandía y el club de ajedrez Lasker, ya entregados a la inevitable vejez a que los sentencia una ciudad que crece lejos del centro. Aversos al riesgo, refugiados en su rutina, un homeópata, un relojero cerca de la quiebra y un ajedrecista profesional se encuentran en una trama que retrata la quintaesencia del típico anciano que se aferra a la vida en una Bogotá tradicional; vida que tambalea al enfrentarlos con retos y oportunidades que les permiten redescubrir la juventud inesperada que se esconde en la amistad y camaradería. En palabras de Natalia Santa, guionista y directora, la intención de la película es introducir una crítica sutil sobre la situación de la clase media anciana que se ha visto relegada de la dinámica de la ciudad y que, sin trabajo, se encuentra en decadencia.

De acuerdo con lo anterior, en varias reseñas de la película se habla del valor en la innovación que realiza la guionista en cuanto a la forma de mostrar una realidad colombiana que se aparta del narcotráfico, guerrillas y la atmósfera de marginalidad de los sujetos a quienes ha rodeado el conflicto armado. Aunque es cierto que es un cine colombiano que aún estamos conociendo, asemejándose a temáticas de pelí­culas independientes provenientes de Europa que se dedican a contar la historia de personajes comunes y corrientes, no es muy preciso afirmar que esta sea la primera película colombiana de este tipo. De hecho, es posible identificar el surgimiento de un grupo de directores independientes que explotan los paisajes y realida­des cotidianas que se presentan en diferentes comunidades del país. Santiago Lozano, Víctor Gaviria, Óscar Ruiz Navia, César Acevedo, en­tre otros, se la han jugado por la belleza de los dramas y victorias de personas que llevan vidas muy humanas, con las que se puede identificar el ciudadano corriente. Sin embargo, algo que todas sus películas también comparten es el común denominador de bajo éxito taquillero y recibimien­to poco entusiasta por parte del consumidor de cine promedio.

No siendo el problema la acostumbrada repulsión de lo burdo, violento y trágico que caracterizó a las producciones nacionales en alguna época, parece que hace falta una formación al consumidor en términos de aprecio a las expresiones culturales y artísticas que compiten con blockbusters hollywoodenses como El planeta de los simios o Transformers, que tienen mayor protagonismo en la escena cinematográfica en el país. Tal vez es preciso comenzar con una ampliación de la cobertura mediática que se dedica a la crítica y promoción de producciones cinematográficas y ciertamente una mayor disposición de las compañías distribuidoras para mostrar este tipo de realizaciones en salas concurridas, aumentando su tiempo de proyección sin incurrir en pérdidas, pero sí en un esfuerzo de visibilizar las producciones nacionales.

En términos de responsabilidad del Estado es cierto que desde el Ministerio de Cultura se han realizado esfuerzos para incentivar la producción cinematográfica nacional. Con la Ley 814 de 2003 la realización de una película dejó de ser un sueño excesivamente costoso, convirtiéndose en una posibilidad tangible gracias al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico y la financiación atractiva que implica la inversión o donación a proyectos de esta índole, que da una exención de la contribución por concepto de renta de 165 pesos por cada 100 pesos invertidos. Viéndose incrementada la oferta y habiéndose creado un emprendimiento cinema­tográfico del realizador experimental, parece ahora acertada una política que aborde la apropiación cultural desde el incentivo al consumidor, fomentando escenarios gratuitos que formen a la juventud en la admiración y apreciación del cine como una forma de arte más que como una fuente de simple entretenimiento.

A fin de cuentas, no es muy osado afirmar que el quid del problema reside esencialmente en la forma en la que popu­larmente acostumbramos a consumir cine, combinado en una relación cíclica con una falta de escena, protagonismo y publicidad de cine independiente en general, pero de más urgente atención, el independiente colombiano. Enmarcada en esta discusión, la recomendación es hacer el esfuerzo por asistir a estas producciones y por entender el cine como el séptimo arte que debe también ser consumido como una expresión cultural, volvernos críticos responsables que pueden hablar con propiedad y conocimiento de causa; comentar con argumentos y no descalificar con ignorancia. Finalmente sobra recomendar correr a ver la película ya que, probablemente, no dure mucho en cartelera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s