La sombra detrás del caos

Vladimir Putin, el todopoderoso presidente ruso, además de generar fascinación, es un personaje con un pasado desconocido y un futuro desconcertante. Aquí, una mirada de ese pasado y un presagio de lo que puede ser el futuro político internacional en cabeza de Putin.

Por: Daniel Delgado Ferrufino. Estudiante de séptimo semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. d.delgado10@uniandes.edu.co

Crece el cinismo, el miedo y la repulsión por los políticos tradicionales. La gente ha aumentado su desconfianza en las instituciones y en la misma democracia. El primer susto que se llevó el mundo fue gracias al Brexit, donde una discusión económica sobre si el Reino Unido debía abandonar la Unión Europea, fue secuestrada por grupos de derecha que introdujeron un discurso xenófobo y racista. El segundo infarto lo produjeron las elecciones de Estados Unidos, donde Trump, un millonario de élite, logró convencer a la clase media estadounidense de ser su aliado, repitiendo un discurso con los mismos colores que el inglés: políticas racistas, xenófobas y conservadoras.

Esta misma tendencia empezó a repetirse en varios países europeos, donde la extrema derecha, con un discurso que se creía superado, empezó a ganar adeptos en Francia, Austria e Italia. Lo que pareció un fenómeno aislado, empezó a convertirse en tendencia. La democracia, la libertad de prensa y las instituciones entraron en crisis, y el responsable parece esconderse en las sombras del poder: Vladimir Putin.

Para este hombre la Guerra Fría nunca acabó, y sigue viendo las culturas y valores occidentales como enemigos. Éste es el camino del hombre más rico y poderoso del mundo:

Decepcionado por la caída del muro de Berlín y el final de la Unión Soviética (URSS), condena la pérdida de territorio ruso, al dividirse la URSS en 15 nuevos países. Rápidamente se adentra en la política en un momento donde la corrupción del nuevo sistema democrático aumentó la desigualdad a niveles mayores de los que existieron durante el régimen comunista. Logra convertirse en el Teniente del Alcalde de San Petersburgo, donde cosecha grandes aliados en el sector privado, colabora con organizaciones criminales, monopolios y facilita el lavado de activos de antiguos colegas de la KGB, organización donde trabajó de espía hasta los 40 años. Según Bill Browder, presidente de Hermitage Capital Management, los negocios ilícitos de Putin le permitieron amasar una cifra cercana a los 200.000 millones de dólares, más que el doble que la de Bill Gates, quien en teoría ostenta la posición del hombre con mayor riqueza del mundo.

Con el apoyo de estas organizaciones criminales y monopolios del sector privado, logra escalar rápidamente en los escalafones públicos hasta ser nombrado primer ministro del entonces presidente Boris Yeltsin, un borracho sin apoyo que entregó toda su influencia a la oligarquía rusa para mantenerse en el poder. Putin aprovecha el poco apoyo del presidente y explota su imagen en las diferentes estaciones nacionales, mostrándose como un líder confiable y fuerte. Desde su nuevo cargo estableció como objetivo fortalecer a Rusia e impedir que antiguos países soviéticos se alinearan con las políticas occidentales, siendo crítico a los acercamientos con Estados Unidos e Inglaterra.

Su oportunidad de demostrar el poder ruso le llegó rápido, cuando en agosto de 1999, ataques terroristas de rebeldes de Chechenia afectaron Moscú y otras ciudades y mataron a más de 300 personas. Por más de que se iniciaron investigaciones que abrían la posibilidad de complicidad del Estado ruso en los atentados, éstas fueron rápidamente detenidas.

Putin, estrenando su cargo como primer ministro, prometió vengar a Rusia e inició una retórica guerrerista que aumentó su popularidad en unos pocos meses del 2% al 45%. A finales del año cumplió su promesa e inició una guerra frontal contra Chechenia, causando la muerte de más de 8.000 personas, que culmina con la anexión de Chechenia: la expansión rusa había iniciado.

Durante la guerra, el presidente Yeltsin renunció y Putin se convirtió en presidente encargado. En mayo, todavía en la guerra, las elecciones confirman como ganador a Putin, que sería presidente por 2 periodos, hasta el 2008, moldeando a Rusia bajo su visión, sometiendo a los oligarcas, castigando la disidencia y premiando la lealtad. En 8 años instauró un Estado militar, autoritario y expansionista.

Como era de esperarse, al final de su segundo término Putin no tiene deseos de abandonar el poder. Interpretando la constitución rusa que le impide optar por un tercer periodo, hace elegir a un cercano amigo suyo, Dimitry Medvedev, como presidente que lo nombra primer ministro una vez más. El enorme poder e influencia que obtuvo en sus dos términos le permitieron usurpar funciones del presidente. En 2008, coordinó la invasión Rusa al país de Georgia, donde Rusia demostró por primera vez el poder de guerra informática. Como consecuencia de esta invasión, se anexaron a Rusia pequeños territorios de Georgia, que habían tenido apoyo de separatistas rusos durante la guerra. Una OTAN ingenua frente a las intenciones del dictador ruso no hizo más que un par de sanciones comerciales que no fueron suficientes para detenerlo.

En 2012 volvió a anunciar su candidatura a la presidencia y ganó con una diferencia abismal sobre los demás candidatos. Desde entonces, se apropió de los canales de televisión, convirtiéndolos en mecanismos de propaganda constante, donde aparece como el gran líder y salvador ruso.

Con su poder consolidado internamente, en los últimos años invirtió en la expansión de la influencia rusa en Europa, para lo cual debió mitigar la influencia occidental. Afianzó sus relaciones con China, al punto de realizar simulacros militares y ejercicios conjuntos, como el ocurrido a inicios de agosto de este año. Contando con el apoyo de este país, gran aliado de los países capitalistas, Putin sabe que nadie se atreverá a detenerlo y logró invadir Ucrania, anexando Crimea, sin que la OTAN fuera capaz de intervenir, más allá de nuevas sanciones comerciales.

Durante 5 años se ha enfocado en la financiación de grupos radicales en Grecia, España, Austria, Alemania, Francia e Inglaterra, y ha logrado que en el 2017 sus dos principales rivales durante la Guerra Fría, Estados Unidos e Inglaterra, se encuentren en la actualidad dando pasos ciegos. Según las diferentes agencias de inteligencia norteamericana, hackers rusos de forma sistemática entorpecieron las elecciones presidenciales de 2016, creando noticas falsas, revelando información sensible del partido demócrata (partido de Hilary Clinton) y estableciendo una sensación de incompetencia y de ilegitimidad de las instituciones gringas, a través del financiamiento de grupos y periódicos locales radicales.

El resultado de todo esto es que tanto Trump como May se encuentren estando a la cabeza de sus respectivos países sin una verdadera gobernabilidad, sin credibilidad en el ámbito internacional y con la autoridad y liderazgo destruidos. En contraste, Putin se encuentra en absoluto control de su país y con grandes aliados a nivel internacional, con un plan claro de expansión, y sin escrúpulos para lograrlo.

El miedo de los partidos radicales está legitimado. No se debe a una casualidad que dichos partidos hayan cogido fuerza en los últimos años. Detrás de estos cambios políticos hay un hombre que quiere desestabilizar las democracias de occidente y el problema es que ese hombre no se detendrá hasta lograrlo.

 

Imagen obtenida de: vox.com

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