Un imperio inoportuno

Las declaraciones de Trump con respecto a la situación de Venezuela, más que reprimir el régimen dictatorial, le dieron aire a Maduro para fortalecer su discurso antiimperialista. En este artículo, el autor presenta una mirada crítica frente a la relación entre ambos países y plantea cuál es el papel que deben jugar los países latinoamericanos ante esta crisis.

Por: Juan José Echeverri Garavito. Estudiante de séptimo semestre de Derecho. jj.echeverri11@uniandes.edu.co

Estos últimos tiempos hemos visto cambios importantes en el mundo, especialmente en lo político. La apertura democrática que había tenido lugar desde el fin de la Unión Soviética parece estar terminándose, a medida que aumentan los regímenes autoritarios y crece el populismo en el planeta. Se han debilitado las democracias europeas y el gran garante de la democracia mundial, Estados Unidos, parece estar cada vez más preocupado por no desgarrarse internamente que por velar por la libertad.

Esta ausencia de liderazgo, que algunos han querido llamar el fin del imperio estadounidense, ha supuesto un margen de acción más elevado a personas y grupos con intereses antidemocráticos. De hecho, el presidente Trump ha elogiado a varios de estos líderes –Fattah en Egipto, Erdogan en Turquía o Duterte en Filipinas– poniendo en tela de juicio su apoyo a la democracia.

Frente a esto, resulta notorio que el líder norteamericano se enfrente tan vehementemente al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, que en muchas circunstancias es más moderado que sus contrapartes ya mencionadas. Claro está, consideraciones políticas de tipo electoral tienen todo que ver en esta actitud. Al fin y al cabo, parte del apoyo latino al partido republicano se basa en oposición tanto al régimen de Cuba como al de Venezuela, siendo esta retórica clave para el triunfo del presidente en Florida.

La tarea de EE.UU. frente a la dictadura que se cocina en Venezuela, como lo dictarían sus propios intereses, debería ser el debilitamiento de las estructuras dictatoriales y el regreso a la democracia. Por esto, es desafortunada la declaración de Trump, quien dijo que la opción militar (una intervención militar en Venezuela) estaba siendo considerada por los norteamericanos. Este es el paso en falso más importante desde que se desató esta crisis y su causante es única y exclusivamente el presidente Trump, quien con esta acción que aparenta fuerza no solo forzó a la oposición a desviarse del mensaje (tuvieron que sacar un comunicado rechazando las palabras del presidente) sino que además le dio preciada munición al régimen de Maduro, quien estaba desesperado por reagrupar su base chavista. ¿Y qué mejor idea que despotricar contra el Imperio?

Este nuevo impulso ha dado confianza al presidente para continuar con su proyecto. A pesar de la condena internacional, la Asamblea Constituyente planea expedir una “ley de intolerancia” –dirigida a quienes protesten– que contemplaría penas de hasta 25 años, lo que ha causado rechazo y preocupación en el país.

La oposición ha tenido problemas para hacer frente a esta ofensiva chavista, pues la posible participación de los opositores en las elecciones regionales de octubre, además de la respuesta a una posible intervención militar, han resquebrajado la unidad anti-Maduro lo que, sumado a una falta de liderazgo, ha quitado protagonismo a estos grupos.

Por esto, la oposición está ahora más dividida que nunca, pues la base siente que sus líderes están enfrascados en interminables disputas internas que quitan legitimidad a la lucha. En una demostración de esta división, exacerbada por las palabras de Trump, la diputada María Corina Machado, quien dirige un grupo dentro de la Mesa de Unidad Democrática, amenazó con salirse de dicha coalición, lo cual es una herida grave para un grupo ya golpeado.

En el ámbito regional, los países sudamericanos estaban encontrando por fin una visión conjunta para hacer frente a la crisis de Venezuela, pero la entrada en escena del país norteamericano quitó protagonismo a quienes ya hacían frente a este asunto, debilitando sus posiciones e impidiendo la realización del diálogo regional. En sus recientes ataques, el presidente Maduro se dirigió a varios de estos países, afectando aún más las ya tensas relaciones diplomáticas de su país y agravando su aislamiento.

¿Qué hacer frente a estas circunstancias? La tarea más dura recae sin duda en la MUD, la cual debe usar este episodio para reflexionar sobre su estrategia de lucha frente a la opresión y traducirla en una estrategia comprensiva, que una los sectores populares de la oposición con una dirigencia que no ha sabido estar a la altura de los acontecimientos. La cuestión es a dónde se dirigirán estos esfuerzos. La lucha por la democracia parece todo menos ganada, y ya hay algunos que dicen –pocos a mi parecer– que la única solución es la salida inmediata de Maduro y la celebración de elecciones.

Por su parte, es deber de los países latinoamericanos reconstruir ese consenso que se ha visto afectado. El prospecto de la intervención norteamericana no gusta a nadie, pero ha sido utilizada por varios sectores (más que todo en Venezuela) para acusar a los países de lacayos del Imperio. De los esfuerzos diplomáticos de estos países depende el mantenimiento del diálogo dentro y fuera de Venezuela y la distante resolución de este conflicto. Pase lo que pase, debemos todos estar atentos a nuestro vecino del norte.

 

Imagen obtenida de: noticiero.televisa

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