27 horas de combate, 32 años de indignación 

Por: Tomás Uprimny Áñez, estudiante de segundo semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. t.uprimny@uniandes.edu.co.

 

A la memoria de todos aquellos, civiles y combatientes, que habrían de morir hace 32 años, el 6 y 7 de noviembre de 1985.

 

“¡Él es magistrado! ¡Él es magistrado!” gritan dos periodistas al ver cómo, a las 2:17 de la tarde del jueves 7 de noviembre de 1985, Carlos Horacio Urán sale vivo del Palacio de Justicia, cojeando y sin camisa. Dos soldados lo llevan agarrado de los brazos y detrás va otro apuntándole con un fusil. 27 horas atrás, un poco antes de las 11 de la mañana, siete guerrilleros del M-19 liderados por Alfonso Jacquin, habían entrado por la puerta principal del Palacio de Justicia vestidos de civiles. 40 minutos después, 28 guerrilleros, con Luis Otero y Andrés Almarales a la cabeza, irrumpieron con tres camionetas en el parqueadero del Palacio dejando las dos primeras víctimas, guardias de seguridad. A las 11:40 am, la fuerza de ataque del EME, de 35 guerrilleros, estaba ya dentro del Palacio, sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Ese día, alrededor de 350 civiles se encontraban en el recinto. Faltaba un cuarto para el medio día, cuando en la sala constitucional se escucharon tiros y gritos “¡Viva Colombia! ¡Viva la paz!”. “-Se entró la guerrilla” le dijo el presidente de dicha sala, el magistrado Manuel Gaona Cruz, a su colega, Carlos Medellín, antes de ponerle seguro la puerta. A causa de la rápida reacción de algunos escoltas que estaban charlando en las tiendas afuera del sótano, el EME tuvo que dejar ahí el camión que llevaba la mitad del armamento y las comunicaciones, elementos esenciales para el éxito de la operación. Una hora después de haber empezado la toma, esta ya estaba condenada al fracaso.

Un poco antes de las 12, el Ministro de Defensa, el general Miguel Vega Uribe, recibe la notificación de la toma del Palacio y se la transmite al presidente Belisario Betancur, quien ordena a las tropas del batallón Guardia Presidencial dirigirse al Palacio, situado a tan sólo 200 metros. Esta sería la única orden militar del presidente durante las siguientes 27 horas. Entre tanto, el coronel de la escuela de artillería de la Brigada XIII, Alfonso Plazas Vega -yerno del general Vega Uribe- recibe la orden de su superior, el general Jesús Armando Arias Cabrales, de dirigirse al sitio de enfrentamiento. A las 12:30 pm, Plazas Vega aparece frente al Palacio junto a diez vehículos blindados. Las acciones militares de Arias Cabrales habían empezado 45 minutos antes. La estrategia de los militares para la retoma era muy simple: uso masivo e indiscriminado de un arsenal completo de guerra. Once batallones, dos unidades de policía, fuerza de inteligencia y contra-inteligencia, el batallón Charry Solano y muchas fuerzas más participaron en la retoma, para un total de casi 2000 efectivos.

Faltando media hora para la una, el centro de inteligencia del ejército se había acomodado en la Casa del Florero, bajo el mando del coronel Edilberto Sánchez Rubiano. A la una de la tarde, Otero y Jacquin encuentran al presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Alfonso Reyes Echandía, y le explican el porqué de la toma: su pretensión era que los magistrados, tomados como rehenes, juzgaran públicamente al presidente Betancur por supuestas traiciones al proceso de paz y a la Constitución. Ese grupo de dieciocho guerrilleros y rehenes se encontraban en el cuarto piso, mientras que Almarales y otros ocho guerrilleros se hallaban al otro lado del edificio y se habían atrincherado en un baño entre el tercer y cuarto piso. Una ametralladora de calibre 50 protegía las entradas al baño. Fue así como ese grupo de Almarales logró aguantar 27 horas en un baño de dos metros de ancho y seis de largo. El reloj de la catedral de la plaza de Bolívar acababa de dar las dos de la tarde, cuando el primero de los tanques del coronel Plazas penetró el interior del edificio. Tres horas y media después de la entrada de los primeros guerrilleros del EME en el Palacio, el ejército ya controlaba los dos primeros pisos y había rescatado a alrededor de 140 personas. Los rescatados eran enviados al Museo del Florero para inspección del coronel Sánchez Rubiano, jefe de inteligencia y contra-inteligencia. Este último era el encargado de encontrar “ayudantes del M-19 entre los rescatados”, según lo documentado por Ana Carrigan. El administrador de la cafetería junto con ocho de sus empleados, rescatados todos del segundo piso, no han vuelto a aparecer después de su paso por la Casa del Florero.

En el transcurso de la tarde del miércoles 6 de noviembre, en las diferentes radios se transmitió el comunicado del M-19 explicando las razones de la toma. “¡Colombianos! ¡Con las armas! ¡Con el pueblo! ¡Al Poder!” Con estas frases terminaba el comunicado. En el Palacio presidencial, la orden era muy clara: no hay nada que aceptar, no hay nada que negociar con la guerrilla. Eran alrededor de las 4:30 pm cuando por Caracol Radio, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Alfonso Reyes Echandía, pidió dramáticamente un cese al fuego para poder negociar. La voz del respetado jurista, una voz sensata y racional, quedará grabada en la cabeza de los colombianos recordándoles como un Estado débil, que le delegó la tarea a las fuerzas militares, dejó morir a once magistrados de las Altas Cortes. El fantasma de otro 9 de abril que rondaba por el Palacio Presidencial, fue la excusa utilizada por los militares para justificar sus acciones y al mismo tiempo acabó con la posibilidad de una solución dialogada. Bajo este argumento, la ministra de comunicaciones, Noemí Sanín, en un comunicado, prohibió las entrevistas y llamadas a magistrados adentro del Palacio. El comunicado también decía que los partidos del fútbol colombiano, programados para las 8 de la noche, sí tendrían lugar.

Una hora después de la entrevista de Reyes Echandía con Caracol Radio en el Palacio Presidencial, el ministro de justicia Enrique Parejo, uno de los pocos que apoyaron una salida negociada y no militar, trataba de contactarse con Andrés Almarales. Aunque eran amigos de infancia, la comunicación nunca fue posible. Almarales, un ex congresista, era el encargado de negociar con el gobierno durante la toma. Su experiencia militar era casi inexistente. Mientras tanto, al otro lado de la plaza de Bolívar, el incendio que comenzó en la biblioteca del segundo piso entre las 5:00 y 5:30 pm, comenzaba a arrasar gran parte de la fachada nororiental de la sede de las Altas Cortes, lugar en donde la resistencia final de Otero, Jacquin y compañía tenía lugar. La voz de Reyes Echandía se escuchó por última vez a las 7:15 de la noche, pidiendo por un cese al fuego inmediato y previendo una masacre si no se daba esta orden. Rafael Samudio, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Militares, una hora antes del anochecer, dio la orden a Arias Cabrales de comenzar la arremetida final contra los guerrilleros del cuarto piso. Entre las 6:30 y las 8:00 pm el Ejército mandó seis rocketazos dirigidos a ese mismo piso. Bajo el ruido de las explosiones, un periodista le preguntaba al coronel Plazas Vega “Entonces, ¿qué ha decidido el Ejército? ¿Qué está haciendo ahora el Ejército?” “¡Pues defendiendo la democracia, maestro! ¡Para eso está el Ejército: para hacer respetar la democracia!” fue la respuesta de Plazas Vega.

Alfonso Reyes Echandía, cinco magistrados de la Suprema y tres del Consejo de Estado, una veintena de rehenes y los dieciocho guerrilleros que se encontraban en el cuarto piso, murieron incinerados entre las 9:00 y 9:30 pm, bajo una lluvia de balas del Ejército. En la esquina noroccidental, en el baño entre el tercer y cuarto piso, Andrés Almarales, junto a ocho guerrilleros, se preparaba para resistir los incesantes ataques del Ejército, que duraron toda la noche y buena parte del día siguiente. Con ellos, se encontraban un poco más de 70 rehenes, entre ellos Manuel Gaona y Carlos Urán. A las 11:00 pm el ministro y general Vega Uribe tranquilizaban a los ministros diciéndoles que ya la resistencia del EME era muy débil, que la gran mayoría de rehenes habían sido “rescatados” y que el final de esta hecatombe estaba cerca. La sesión de emergencia decretada por el presidente Betancur, que duró doce horas, se terminaba. Los ministros y el mismo presidente se fueron a dormir con la idea de que todo ese episodio, que todavía no llegaban a comprender, estaba llegando a su fin. A lo largo de toda la madrugada del jueves el Ejército lanzó feroces ataques con toda la artillería que tenía a su disposición. El Ejército no conocía exactamente la localización del baño en donde se encontraba el último foco guerrillero, pues durante toda la retoma no se les ocurrió pedir planos del edificio. De igual manera, una guerrillera llamada Violeta, con su ametralladora calibre 50mm impedía los accesos críticos al baño. La operación Rastrillo, nombre que se le daba a las operaciones en el campo, en las cuales el ejército buscaba guerrilleros y primero disparaba y después preguntaba, comenzó a las 5:00am terminó una hora y media después, a las 6:30 am, a causa de Violeta y su ametralladora y el fuego violento que no los dejó penetrar las escaleras del baño.

Durante la calma que siguió al fracaso de dicha operación, a Carlos Horacio Urán, asistente del presidente del Consejo de Estado, se le ocurrió un plan: Urán saldría al primer piso, gritando que era un rehén, y hablaría con los militares y el gobierno para explicarles la situación crítica, el número de rehenes que había en el baño y llegar así a unos términos para que la guerrilla saliera del edificio. Según los sobrevivientes, Almarales aceptó el plan, pero decidió que un magistrado simpatizante de los militares tenía que ser quien llevara a cabo la misión. El magistrado Reynaldo Arciniegas se ofreció y el comandante guerrillero aceptó. Urán se quitó su camisa blanca y se la entregó a Arciniegas para que la usara como bandera blanca, símbolo de paz. Este último bajó al primer piso gritando que no dispararan, con la camisa de Urán en una mano y en la otra un papel en el que todos los rehenes habían escrito su nombre y cuál era su cargo. Faltando media hora para las diez, el magistrado Arciniegas llegó al primer piso donde pudo hablar con Arias Cabrales. Los militares escucharon al magistrado, y le pidieron que les dijera exactamente la localización del baño en donde se encontraban, el número de guerrilleros que quedaban, la cantidad y calidad de municiones y la localización exacta de Violeta y su arma. Arciniegas colaboró con los militares, pero al pedirles el poder volver al baño, para avisarles a los rehenes que ya había hablado con las fuerzas militares, Arias Cabrales no le permitió, “No puedo asegurarle su seguridad allá adentro” le dijo al magistrado. A Arciniegas, exhausto, se le olvidó hablar con el Gobierno y se fue a descansar a su casa con el sentimiento de alivio de haber cumplido.

Arias Cabrales no tuvo nunca la intención de seguir las recomendaciones del magistrado Arciniegas, sino que, ya conociendo la ubicación exacta de Violeta y del baño, pudo centrar sus ataques. Dinamitó el piso que quedaba justo encima de Violeta y su ametralladora. Un poco después de las once de la mañana, dos soldados salieron posando victoriosos por la puerta del Palacio con el arma de Violeta hecha añicos. En la desesperación de las últimas horas y bajo el asedio de las armas del Ejército, Almarales aceptó dejar ir a las mujeres y heridos, entre ellos una guerrillera de apellido Enciso. El magistrado Manuel Gaona logró salir en uno de esos momentos de incertidumbre, según varios testigos. Almarales y unos pocos guerrilleros resistieron hasta las dos de la tarde, momento en el cual un batallón de soldados exhaustos le reportó a su comandante en jefe: “Misión cumplida, mi general”.  La retoma del Palacio había terminado, pero la Operación Limpieza apenas empezaba.

Era el momento de esconder las atrocidades cometidas por parte de la fuerza pública durante las últimas 27 horas y de “encontrar los infiltrados del M-19” dentro de las casi 400 personas que se encontraban en el Palacio. Para lograr el primer objetivo el ejército no dejó entrar a Medicina Legal al Palacio, lavó las escenas de crimen, recogió los cuerpos sin antes haber fotografiado dónde se encontraban y echaron la mayoría de cuerpos en una fosa común. De los de los guerrilleros sólo el cuerpo de Andrés Almarales fue recuperado y entregado a su familia. De la fuerza del EME se sabe que salieron dos personas con vida: las guerrilleras Irma Franco y Clara Helena Enciso. La segunda vivió exiliada en México, mientras que la primera no fue encontrada después de su paso por la sala de Inteligencia y Contra Inteligencia del general Edilberto Sánchez en la casa del Florero. Testigos oculares dicen haber visto salir con vida del Palacio al magistrado Manuel Gaona, al igual que un video muestra salir con vida a Carlos Urán. Sin embargo, los dos cuerpos sin vida aparecieron en Medicina Legal, junto al de Andrés Almarales. Los tres cadáveres fueron cuidadosamente lavados y presentaban un tiro a quemarropa en la sien. Los reportes del Ejército decían que el cuerpo de Urán había sido encontrado adentro del Palacio, en el baño entre el tercer y cuarto piso. ¿Qué pasó después de que cesaran las balas dentro del Palacio para que gente que salió viva apareciera muerta adentro de la edificación?

Tiempo después, salieron a la luz pública conversaciones entre los mandos del Ejército: “Capturamos a una guerrillera” le dijo el coronel Edilberto Sánchez a Arcano 3 a las 5:00 pm del jueves. “Ya se le identificó. Está perfectamente identificada” prosiguió. El mayor Sadovnik (Arcano 3), uno de sus subalternos de Contra Inteligencia, le respondió: “Bueno usted sabe qué hacer, las órdenes son perentorias… Si no está la manga, que no aparezca el chaleco”. La interpretación que hace la Fiscalía de dicha orden es: “Si ella muere [bajo tortura], desaparezca el cuerpo”. Ese fue el caso de Irma Franco.

Los magistrados Gaona y Urán fueron vilmente ejecutados por el Ejército en su búsqueda de ayudantes del M-19.  En diciembre del 2014, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado Colombiano por los crímenes cometidos contra 17 personas que se encontraban en el Palacio de Justicia durante la toma y retoma. “Hubo un modus operandi para desaparecer personas”, dice el fallo de la CIDH.

La operación del EME tenía por nombre “Antonio Nariño por los derechos humanos”; ¿Qué habría pensado el prócer de la Independencia sobre los acontecimientos del 6 y 7 de noviembre de 1985?

El autor de texto adjunta los siguienes documentos:

-Entrevista a coronel Alfonso Plazas Vega durante la toma, a las 8:00 pm del miércoles 6 de noviembre:

https://www.youtube.com/watch?v=RXqIdy56LlU

-Audio del primer llamado al cese al fuego hecho por Reyes Echandía:

https://www.youtube.com/watch?v=1ovVmTk3CjA

-Audio de otra de las entrevistas de Reyes Echandía durante la toma:

https://www.youtube.com/watch?v=1ovVmTk3CjA

-Audio de llamada de Reyes Echandía y Alfonso Jacquin:

https://www.youtube.com/watch?v=Aqde8wADG8A

 

 

 

Imagen tomada de: http://www.eltiempo.com/contenido/multimedia/fotos/justicia2/IMAGEN/IMAGEN-14955178-2.jpg

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