Corrupción: la nueva paz

En medio de tantas palabras y discursos en torno a la corrupción, aquí encontramos un análisis sensato y profundo sobre el panorama del país de cara a las próximas elecciones.

Por: Martín Peña Cuéllar. Estudiante de séptimo semestre de Derecho con opciones en Gestión y Emprendimiento de la Facultad de Administración y miembro del Consejo Editorial. m.pena10@uniandes.edu.co

No es un secreto que el panorama electoral para las elecciones presidenciales del próximo año está más incierto que nunca. En medio de un país polarizado, nos enfrentamos en nuestro día a día con coaliciones oportunistas; candidaturas por firmas en razón de la crisis partidista; candidatos de derecha que prometen desmontar lo pactado en el proceso de paz; candidatos de centro izquierda que prometen seguir con lo pactado sin importar el rechazo palmario que se refleja en las encuestas; el candidato que probablemente ponga el nuevo y ‘renovado’ candidato del partido político FARC-EP (Fuerza Alternativa por la Reconciliación de la Nueva Colombia – Esperanza del Pueblo) y, claro está, nunca faltan los candidatos que nadie sabe qué piensan o qué apoyan pero ostentan un poder político masivo y puntean en las aún prematuras encuestas.

No sólo nos encontramos con un panorama político incierto, pues judicial y económicamente estamos presenciando bajonazos históricos que nos están pasando factura. La congestión judicial, la desconfianza en la Rama como consecuencia de los recientes escándalos y la economía con tendencias recesivas se erigen en los titulares de la prensa y las propuestas de soluciones efectivas supone fricciones por Corrupción: la nueva paz En medio de tantas palabras y discursos en torno a la corrupción, aquí encontramos un análisis sensato y profundo sobre el panorama del país de cara a las próximas elecciones. las diferentes ideologías en el panorama. Desde hace muchas décadas nuestro país no estaba sumido en una polarización tan pronunciada y, con seguridad, va a ser el gran protagonista de cara a las elecciones del próximo año.

Sin embargo, a pesar de los choques filosóficos que impiden una armonización de la mayoría de posturas, hay un tema que genera rechazo generalizado: la corrupción. En la víspera de unas elecciones atípicas e históricas quien logre canalizar sus recursos en la lucha de esta problemática logrará, muy seguramente, posesionarse como el trigésimo tercer presidente de la República. En otras palabras, el abanderado contra la corrupción será, como lo fue la paz y la lucha contra el terrorismo en sus momentos, el próximo presidente.

Históricamente, los procesos políticos exitosos se fundamentan detrás de procesos sociales que generan efervescencia en el electorado y, al paso que vamos, el de estas elecciones será la corrupción. No en vano, precandidatos de todo el espectro ideológico empezaron a mover su maquinaria para combatir este mal que nos aqueja; unos con un referendo anticorrupción, otros apoyando las actuaciones judiciales y de los entes de control contra los corruptos y otros, intentando alejarse de la maquinaria de los partidos que más implicados han tenido en los diversos escándalos.

Sin embargo, a pesar de las iniciativas de los precandidatos, los colombianos día a día nos vamos enterando del entramado de corrupción que sofoca nuestro erario y revela una grieta en la sociedad que nos llevará décadas en sanar. Desde las más altas esferas del servicio público, como el escándalo de Odebrecht (Musa, Ñoño, Moreno, Ricaurte y demás ilustres servidores), hasta la base de la Administración, como el patrullero de la Policía que exige dádivas para ‘exonerar’ comparendos, pone de presente la ausencia de valores cívicos y la partida de una cultura ciudadana que aspira al bien común que están desangrando nuestra sociedad.

Con esto, no quiero decir que no estoy de acuerdo que la bandera por el 2018-2022 sea la lucha contra la corrupción, pues con seguridad poner el tema en el foro público es una necesidad. Lo que realmente me aqueja es pensar que estamos dando la equivocada idea de que la corrupción es un problema que se ajusta a la coyuntura social del país y que no es un problema de fondo. No podemos estar más alejados de la realidad. La corrupción es un virus que sofoca la pobreza, ahoga el progreso y perpetúa el subdesarrollo.

Si Colombia está como está, punteando por lo bajo en los índices del Banco Mundial y polarizado por una situación política y social difícil, tenemos que empezar la lucha contra el flagelo de la corrupción aceptando y agachando la cabeza: aceptando que es un problema estructural de nuestra sociedad, aceptando la ineficacia de nuestros organismos de control, aceptando que la corrupción permea todas las esferas públicas y privadas y aceptando, por último y más importante, que para luchar contra este problema tenemos que empezar por nosotros mismos para refundar los valores de una sociedad en crisis.

Así las cosas, bienvenidos todos los abanderados que quieran ponerle cuerpo y alma a la lucha contra la corrupción. Como país, necesitamos a líderes confiables y transparentes que inspiren a todo el pueblo a revaluar nuestros principios y a promover la memoria de un pueblo indolente. Como sociedad necesitamos que todos y cada uno de nosotros nos apersonemos de la refundación de valores que demandamos a gritos para poder combatir de frente y sin ahorrar esfuerzos este mal que trunca nuestras aspiraciones colectivas.

 

Imagen obtenida de: http://www.huffingtonpost.com

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