Precolombinos, Pruebas, Patrimonio y el Mercado del Arte Internacional

Por: Silvana Álvarez Basto. Estudiante de octavo semestre de Historia del Arte. s.alvarez15@uniandes.edu.co y María Angélica Rodríguez Valbuena. Estudiante de noveno semestre de Derecho. ma.rodriguez18@uniandes.edu.co  

Para los países latinoamericanos las piezas precolombinas son, por regla general, consideradas patrimonio debido a su gran riqueza histórica y artística. Para proteger esta riqueza, el Convenio de la UNESCO de 1970 estipuló parámetros de acción para evitar y confrontar el robo de bienes culturales o patrimonio, definiendo lo anterior como aquello que cualquier Estado designe como bien cultural o patrimonio por su importancia arqueológica, prehistórica, literaria, artística o científica. Sin embargo, varios objetos hoy en día considerados patrimonio de un Estado se encuentran lejos de éste, sea porque fueron tomados antes de la ratificación del Convenio o porque fueron ilegalmente vendidos u obtenidos. Lo anterior debido a que, por un lado, existe un mercado del arte donde se pueden vender legalmente las piezas extraídas del Estado antes de la ratificación de la Convención y, por otro, existe un mercado negro donde se venden ilegalmente piezas que son extraídas sin el permiso de la Nación.

De ahí que tanto los Estados, vendedores y coleccionistas deban tener una amplia documentación sobre la procedencia de las piezas precolombinas, para poder así pedir su restitución o probar su obtención legítima para vender o conservar dicha pieza. Por ello, dentro de colecciones privadas de objetos precolombinos se puede observar un gran problema entre el mercado del arte y el patrimonio. Con esto en mente, este texto propone desarrollar que la carencia de pruebas sobre la legalidad de la procedencia de objetos precolombinos genera un riesgo que afecta directamente el mercado del arte internacional, ya sea por futuras repercusiones legales, por el menosprecio de las piezas y por la disminución del control por parte de los Estados.

Para comenzar, las piezas precolombinas pueden ser parte del mercado del arte internacional y no son per se patrimonio cultural, en tanto que son estimables y no tienen una protección jurídica nacional e internacional consolidada hasta que no se pruebe que entraron al mercado después de 1970. Si bien la Convención reconoce al patrimonio como un legado de riqueza cultural que pertenece a toda la humanidad y debe ser protegido, hay algunos objetos o antigüedades arqueológicas que pueden ser vendidos legalmente. Lo anterior en la medida en que solo hasta que se firmó la Convención, los Estados parte de las Naciones Unidas ratificaron la protección de objetos simbólicos e históricos de sus culturas internacionalmente, lo que se traduce en la presunción de legalidad sobre las ventas que se produjeron antes de dicha fecha.

Por esta razón, la poca documentación sobre la procedencia puede ser contraproducente en la venta de las piezas precolombinas, dado que el riesgo de compra no es algo que muchos estén dispuestos a tomar. Los Estados pueden solicitar la restitución de las piezas si encuentran algún documento que compruebe que su obtención es ilegal. Por ejemplo, en el caso de la subasta de la Colección Barbier-Mueller durante el 2013 en Francia por parte de Sotheby’s, México, Perú, Costa Rica y Guatemala pidieron la restitución de piezas ofertadas al alegar que éstas, debido a la carencia de documentación, les pertenecían por ser patrimonio de su nación. En consecuencia, varias piezas no se vendieron debido a los riesgos legales que podían acontecerle al dueño o comprador. Por lo cual la carencia de pruebas sobre la obtención puede generar un alto riesgo en términos de repercusiones legales.

Adicionalmente, la carencia de pruebas sobre la obtención de objetos precolombinos desarrolla un problema en sus precios en el mercado del arte. El historiador del arte Souren Melikian afirmó en The New York Times que el riesgo de una restitución incrementa cuando hay pocos documentos antes de 1970. Al estimar el precio de una pieza en el mercado se deberá evaluar sus cualidades intrínsecas como sus dimensiones, su estado de conversación y su importancia histórica. Sin embargo, la presencia de piezas robadas en el mercado del arte ha causado que objetos con documentación surjan a precios inadecuados que pueden no concordar con su valor artístico o histórico. En contraste, piezas que pueden ser únicas, pero que carecen de documentación no se pueden vender o se venden por muy poco. En consecuencia, se envía una señal negativa al mercado del arte porque se da una visión de que el valor propio, mas no económico, de la pieza no es mucho. Por ello, lo que se produce es que se menosprecie el arte precolombino.

Si bien es cierto que a los Estados les puede beneficiar la emisión de señales negativas al mercado del arte precolombino debido a la reducción de su mercado y a la protección del patrimonio, al mismo tiempo se propicia que la venta sea secreta y no pública, como lo son las subastas. Los coleccionistas pueden recurrir al mercado negro o hasta ventas en línea, las cuales según una investigación publicada en el 2017 por The Wall Street Journal, consisten mayoritariamente en piezas robadas. Lo anterior es problemático en la medida en que en estos casos los Estados no pueden detectar, registrar ni ejercer control sobre las piezas que se encuentran por fuera de su país. Por lo tanto, aunque existe un conflicto entre el patrimonio y el mercado del arte precolombino, no se puede afirmar que la venta en el mercado del arte de dichos objetos sea completamente negativa: si la información es pública, es más fácil que el Estado solicite su restitución.

Por ejemplo, cuando en el 2013 la casa de subastas Christie’s ofreció un mármol del dios Pan, el profesor de Cambridge Dr. Christos Tsirogiannis reconoció la imagen de un archivo de piezas robadas por el marchante de antigüedades británico Robin Symes, quien apoyó a redes de hurto e intercambio ilegal. Christie’s retiró la pieza de la subasta, aunque no se encuentra información sobre si regresó a su Estado de origen. En contraste, las ventas realizadas en línea no ofrecen el mismo nivel de transparencia. De hecho, frecuentemente son un método por parte de grupos terroristas como ISIS para recaudar fondos, según la investigación de The Wall Street Journal. Este mismo artículo encontró que 100,000 antigüedades se venden diariamente en línea y que alrededor del 80% de ellas son resultado de excavaciones ilegales.

En conclusión, el mercado del arte precolombino se ha visto afectado por las carencias probatorias sobre la legalidad de su obtención, por lo cual se puede ver una clara tensión entre el patrimonio y el mercado. Así, la poca documentación propicia, primero, que los coleccionistas no compren piezas por el riesgo de futuras repercusiones legales, segundo, que se cree un menosprecio sobre las piezas, y finalmente, que se disminuya el control por parte de los Estados.

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