Inclusion Rider

El discurso de la galardonada en los premios Oscar como Mejor Actriz, suscita una reflexión acerca de la evolución de la producción cinematográfica en Estados Unidos, a través de la óptica de la creciente demanda por igualdad de genero en el resultado y proceso de la producción.

Por: Juliana Rojas Bohórquez. Estudiante de séptimo semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. j.rojasb@uniandes.edu.co.

Tras una espléndida actuación en la película Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, la señalada como mejor actriz en la entrega número 90 de los premios Oscar, Frances McDormand recibió su premio con uno de lo mejores discursos de la noche hollywoodense. La actriz pidió que todas las mujeres (productoras, actrices, escritoras y demás) se pusieran de pie con el fin de reclamar inclusion riders. Este término —que escuché por primera vez gracias a este discurso— inició con los movimientos #MeToo y Time’s Up de las actrices americanas que buscan obtener justicia tras muchos de los escándalos de acoso sexual de múltiples directores y actores de Hollywood. El término busca que se incorporen cláusulas contractuales que obliguen a las producciones cinematográficas a emplear un porcentaje de minorías, como lo son: las poblaciones inmigrantes, mujeres, afrodescendientes, entre otros. Así, la actriz norteamericana concluyó diciendo: “Todas tenemos historias que contar y proyectos que necesitan financiación. Pero no nos hablen (de eso) en las fiestas de esta noche. Invítennos a sus oficinas en un par de días o podrán venir a las nuestras, lo que prefieran (…) tengo dos palabras que quiero que se lleven esta noche señoras y señores: inclusion rider”. Estas dos palabras, con las que la actriz se fue del escenario precedida de una gran ovación del público, reflejan la lucha y la evolución del cine americano actualmente.

Tras el escándalo del aclamado director James Toback que ha sido a acusado por más de 40 mujeres por acoso sexual dentro y fuera de los sets de grabación o del productor Harvey Weinstein quien actualmente tiene 8 procesos por acoso sexual, se han oído varios discursos de este tinte por parte de grandes celebridades como Oprah Winfrey y Shonda Rhimes. Todas buscando una sola cosa: igualdad de género y raza. Si bien esta temática ha cobrado gran importancia en el mundo actual, no sólo en la esfera cinematográfica sino en otros espacios como en la academia, es importante preguntarse, ¿qué influencia genera que uno de los monstruos más grandes del capitalismo —Hollywood— entre a reclamar igualdad?

Hemos visto que las grandes figuras y ejemplos sociales han salido de varias producciones americanas, quienes reflejan el ideal de mujer esbelta y rubia como estereotipo de belleza. Sin embargo, nunca nos habíamos cuestionado si detrás de esas películas que nos vendían como perfectas existía un mundo donde las mujeres tenían que brillar, no por su talento, sino por su capacidad de aceptar lo que les tocara hacer para conseguir un papel; esa “capacidad” de usar su belleza para conseguir ser mencionadas por los grandes directores del momento. Pero ¿en qué momento cambió esto? Si bien no considero que el mencionado estereotipo de belleza haya sido del todo fulminado, sí es cierto que el cine moderno ha empezado a desentrañar las realidades sociales en las que viven miles de mujeres actualmente. Ya no vemos películas de amas de casa perfectamente vestidas que esperan ser rescatadas por sus esposos trabajadores; al contrario, ahora el cine muestra la imagen de una mujer empoderada a quien le toca convivir con miles de adversidades. Entre mis favoritas: Hidden Figures y Big Eyes. No obstante, la realidad es otra: los guiones han cambiado, pero las mujeres del cine siguen teniendo que contravenir miles de adversidades que día a día les impone la meca del cine. En el 2016, la actriz mejor paga de Hollywood ganaba 28 millones de dólares menos que el actor mejor pago, una brecha salarial que hasta el día de hoy no es razonable. Esto, a su vez, refleja que esto que se plasma en las pantallas de cine no corresponde en nada con lo que tienen que vivir las actrices por su condición de mujeres.

Es debido a esto que no es inusual que muchas mujeres, al igual que Frances McDormand, se paren a reclamar lo que por derecho les corresponde. Todas ellas son mujeres talentosas que no sólo necesitan de un golpe de suerte por parte de un director, sino que necesitan soportar años de abusos y acosos para ser tenidas en cuenta. Es por esto que el inclusion rider es una solución posible y necesaria para que miles de personas marginadas por la industria, por no cumplir con los estándares socialmente impuestos, sean incluidas. Sin embargo, ante esta discriminación positiva que se pretende incluir en los contratos es importante preguntarse hasta qué punto una cláusula de inclusion rider influye en la libre configuración del lado artístico del cine Considero que esto no entorpece la creación de las historias que quieren relatar los directores o la escogencia del tipo de mujeres que quieran para su película, sino que los obliga a abrir su panorama ante las personas que están buscando ese golpe de suerte como artistas evitando que deban recurrir a métodos desprestigiantes que comprometan la dignidad de la persona.

Disclaimer: Si bien sólo se habló de la importancia del rol de la mujer en todo este asunto, el fin de la cláusula de inclusion rider va mucho más allá y abarca a muchas más personas. Estas serán cubiertas en la siguiente oportunidad.

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