No le permitirás a una bruja vivir

A menudo, damos por sentado que el juicio es una garantía para el investigado. Sin embargo, el procedimiento se puede convertir en una mera formalidad para legitimar el resultado, antes que en garantía del derecho al debido proceso este estudiante nos recuerda el deber que tenemos como estudiantes de Derecho de señalar los procesos que se convierten en cazas de brujas.

Por: Lina María Munar Guevara. Estudiante de octavo semestre de Derecho. lm.munar10@uniandes.edu.co.

En 1612 Elizabeth Device fue condenada a la horca por brujería en Lancashire, Inglaterra. El testimonio determinante para su caso lo aportó su hija de nueve años, Jennet Device. Este testimonio llevó a la ejecución de nueve personas. Entre ellas no sólo se encontraba la madre de Jennet, sino también sus hermanos . En esa época en Inglaterra, un testimonio de una niña de esa edad no habría sido admisible, pero el rey Jacobo I había cambiado esta disposición específicamente para casos de brujería. El rey era un entusiasta de la cacería de brujas. Había escrito al respecto en su libro de Daemonologie y en el Éxodo de su Biblia personal se leía “no le permitirás a una bruja vivir”. Asociaba estas cuestiones con la religión católica, contra la cual también libraba una batalla. Se cree que el proceso contra las brujas de Lancashire se llevó a cabo, en parte, para impresionar al Rey. Thomas Potts registró el proceso de cerca, y sus publicaciones sobre el caso buscaban demostrar la eficiencia y la justicia del aparato legal.

El juicio de las brujas seguía las formalidades de cualquier proceso de la época. Estaba el fiscal; estaban los testigos; estaba el juez; estaban las pruebas, estaban, en general, los elementos que hasta hoy incorporamos en los procesos para garantizar los derechos de quien esté en el banquillo. Sin embargo, nueve personas fueron ejecutadas en Lancashire, en gran medida a causa del testimonio de una niña de nueve años. Más que buscar la verdad o la justicia, el proceso terminó convirtiéndose en la forma de legitimar una decisión ya tomada. No se trataba de llevarse a las brujas a rastras hasta el patíbulo en mitad de la noche, sino de sentarlas frente al pueblo y legitimar la cacería y con ella el resultado. La participación de Jennet Device en este proceso fue tan contundente y eficaz que sentó un precedente en The Country Justice, un manual de derecho procesal publicado en 1618. Fue éste el precedente que le permitió a un niño de diez años testificar contra Jennet veinte años después del juicio de Lancashire.

En 1633, la historia pareció completar un giro de 180 grados cuando Edmund Robinson, de diez años, acusó a Jennet Device de brujería (Cronin, 2011). Prácticamente era la misma situación que se había vivido en Lancashire dos décadas atrás, con la pequeña diferencia de que esta vez nadie fue ejecutado. Jennet Device sobrevivió a la acusación porque ya no se estaba aplicando el precedente que ella había ayudado a crear. Vale la pena mencionar que el rey Jacobo I, entusiasta de la cacería de brujas y del testimonio infantil al servicio de la cacería de brujas, descubrió que tal vez poner a niños en el estrado no era la forma más confiable de obtener pruebas. En 1616 fue hasta Lester para  interrogar personalmente a un niño que acusaba a nueve mujeres de brujería. El rey descubrió que el niño había mentido desde el principio. Claro, hacer la verificación habría sido mucho más útil antes de que esas nueve mujeres fueran ejecutadas. Desde entonces Jacobo I dejó de concentrar sus esfuerzos en las brujas. Su hijo, Carlos I, estaba  incluso menos interesado en el tema. Lo que sí le interesaba era el uso de la prueba científica que, hasta el momento, era un tema novedoso. Fue así como Jennet y los demás acusados fueron liberados y se demostró que Edmund no sólo mentía, sino que también su padre estaba extorsionando mujeres con la amenaza de que su hijo las señalara como brujas.

En su estructura básica el aparato legal inglés no había cambiado sustancialmente desde 1612 hasta 1633: Había cambiado la persona a cargo. Sin que Jacobo I o Carlos I hicieran grandes reformas el proceso dio resultados opuestos. Sería demasiado inocente pensar que este fenómeno es exclusivo al modelo monárquico, en especial con unas elecciones presidenciales tan cercanas. También sería ingenuo pensar que unos candidatos serían capaces de utilizar el andamiaje judicial para legitimar una ideología, y otros jamás serían capaces de hacerlo. Todos tienen brujas a quienes les gustaría cazar. Esto significa que cualquiera puede convertirse en la bruja: homosexuales, católicos, exguerrilleros, uribistas, mujeres, hombres, empresas, sindicalistas, lo que se nos ocurra. La cuestión está en darse cuenta de quién está cazando. En darse cuenta y oponerse, con la esperanza de que, en caso de ser la bruja, alguien lo haga también por uno. Aunque esto le incumbe a todos, entre más conozcamos el aparato legal más obligados deberíamos sentirnos para señalar cuándo el proceso está siendo utilizado para la persecución. Entre más estudiamos el aparato legal, más fácil debe ser reconocer las señalas de alerta. Señales como la tímida propuesta de cambiar la Constitución sin que la iniciativa provenga del pueblo, o enorgullecerse de contar con el respaldo de alguien que efectivamente cambió la Constitución sin que la iniciativa proviniera del pueblo y con una Yidis de por medio, por ejemplo. Debemos pensar en las brujas. En especial debemos hacerlo nosotros que de una u otra forma ponemos nuestra fe en el proceso y su habilidad para proteger los derechos de las personas.

En fin, también es posible que esta sea una preocupación infundada. Quizás podemos confiar plenamente en el proceso y en la fuerza de las instituciones. En cuanto a Jennet Device no se sabe con certeza qué pasó con ella. Para 1636, tres años después de ser declarada inocente, seguía en la prisión en la que había sido recluida durante el proceso. Se cree que lo más probable es que haya muerto en su celda porque no tenía el dinero que exigía el Estado para pagar la deuda que todo recluso tenía con la prisión.

 

Imagen obtenida de: www.totallandscapecare.com

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