Sobre la cooperación entre los “chicos malos” del sistema internacional

Este texto busca explorar las relaciones entre Siria y Corea del Norte. A su vez, cuestiona la eficacia de las sanciones económicas y políticas a las que se ven sujetos estos países por parte de los organismos internacionales.

Por: Daniela Moreno Martínez, estudiante de sexto semestre de Ciencia Política y de tercer semestre de Derecho. d.moreno@uniandes.edu.co

La República Árabe de Siria ha sido el escenario de múltiples confrontaciones bélicas reportadas por distintos medios de comunicación y observadas por el mundo entero. Desde el año 2011 el régimen del actual presidente, Bashar Al–Assad ha combatido diferentes organizaciones que considera enemigas al interior de su país. La tesis más defendida por Al–Assad sobre la razón por la cual ataca ciudades, mezquitas, colegios y hospitales, entre otros, es aquella en la cual él sustenta que su único objetivo es acabar con la presencia de grupos religiosos extremistas que amenazan la paz interior de su país y el ejercicio de su completa autoridad como jefe de un estado soberano. Desde el año 2012 la ONU, la Unión Europea y la Liga Árabe — entre otros actores internacionales— han impuesto sanciones económicas contra el régimen sirio con el objetivo de ejercer presión hacia Al–Assad y evitar que continúe asesinando a la población civil. Sin mencionar que se busca, entre otras cosas, la restauración del orden democrático que, desde hace un tiempo significativamente largo, ya no gobierna en Siria.

El conflicto en Siria volvió a posicionarse en el centro de la prensa internacional luego de que en los últimos días se hayan reportado múltiples ataques en el área oriental de la región de Guta, cerca de Damasco. Y por supuesto, la indignación mundial por las masacres a hombres, mujeres y niños no deja de ser el centro de las declaraciones de las instituciones internacionales y de distintos actores políticos internacionales que se han referido al respecto. Sin embargo, un informe que pronto será publicado por Naciones Unidas permitirá denunciar y estudiar el supuesto vínculo que tiene el estado norcoreano con el régimen Sirio y la responsabilidad compartida que aparentemente mantienen por la muerte de los miles de civiles que ha dejado la guerra en Siria.

Muchos en la opinión pública se preguntarán qué tiene que ver Kim Jong-un con el régimen de Bashar Al–Assad y qué intereses tendría el líder norcoreano en patrocinar el asesinato sistemático de civiles en Siria. De hecho, la respuesta geopolítica sería la siguiente: ninguna. Según el señor Ali Qanem, trabajador público y ministro de energía de Siria, el sector petrolero fue una de las áreas de la economía Siria más afectadas luego de más de cinco años de guerra. Asimismo, los niveles de pobreza, pobreza extrema y desigualdad aumentaron significativamente gracias al evidente desastre bélico al cual se enfrenta el país en la actualidad. Sin embargo, eso no significa que la familia que domina el país no tenga recursos económicos propios para negociar acuerdos con otros países que también se encuentran sancionados por múltiples miembros de la comunidad internacional.

Es justo allí donde Corea del Norte comienza a ser un proveedor relevante para lo que más tarde se convierte en armas químicas y material militar una vez se hubiere enviado la carga vía marítima al país medio-oriental. Diarios como el New York Times, Al Jazeera, Le Monde e incluso El Espectador, denunciaron las relaciones internacionales económicas y militares que tienen Siria y Corea del Norte, acusando a Kim Jong-un como un promotor de la guerra y del asesinato en masa de civiles inocentes. Amnistía Internacional también se pronunció al respecto, denunciando que tales colaboraciones al régimen de Bashar Al–Assad debe ser considerado como una “traición a la humanidad”.

Es interesante comprender en qué medida estos dos países han desarrollado su capacidad armamentista para, uno de ellos atacar a su población civil y el otro para financiar programas costosísimos de armamento nuclear. Según los reportes de Al Jazeera, Corea del Norte enviaba equipos, instrumentos, válvulas, termómetros y otros elementos que ayudarían a construir armas químicas para atacar a la población vulnerable en Siria. Por otra parte, los cargamentos serían enviados de manera extraoficial por mar y las entidades patrocinadoras de dicho transporte serían empresas privadas que, como bien lo anunció El Espectador, tendrían sedes en Panamá, China y Tanzania. La veracidad de esas sedes continúa siendo uno de los ángulos de investigación del escándalo, pero definitivamente habría que preguntarse en qué medida las sanciones económicas impuestas por Naciones Unidas, la UE y otras organizaciones arrojan cambios positivos en el sistema político y económico que se mantiene al interior de esos países.

Probablemente muchos escépticos responderían “ninguna, pues las organizaciones internacionales parecen ser completamente incompetentes e ineficaces al lidiar con problemas como los ejemplificados por el autoritarismo en Siria y el creciente armamento nuclear de Corea del Norte, ambos violando a su manera el derecho internacional”. Y sí, en efecto a la hora de observar la eficacia material de las sanciones impuestas a dichos países, pareciera que el escepticismo hacia la efectividad del derecho internacional es creciente. Sin embargo, observemos por un momento la cooperación que se ha generado entre estos dos países económica y políticamente sancionados por la comunidad internacional.

Según algunos intelectuales del realismo estructural en las relaciones internacionales, la autoayuda es la única herramienta que los estados tienen para sobrevivir en la arena anárquica que caracteriza el sistema internacional. Por supuesto, cada estado hace lo que puede con lo que tiene. Y si se tiene un estado caído en desgracia por culpa de una guerra interna y económicamente debilitado gracias a sanciones internacionales, tal vez una de las ideas más sensatas sea tratar de simpatizar con los “chicos malos” del sistema internacional que, tanto como este país, tienen ligeros problemas diplomáticos con el hemisferio occidental. Probablemente las sanciones económicas sean viables si literalmente arrinconan al estado y lo aíslan de la posibilidad de entablar relaciones comerciales y diplomáticas con otros países.

Sin embargo, si se hallaban problemas a la hora de causar efectividad en las sanciones cuando se tenía a ese estado “aislado” de la comunidad internacional, ¿qué clase de eficacia material han de esperar los occidentales cuando los países sancionados ya no pretenden ser prudentes y ejercer la diplomacia con los estados liberales de la comunidad internacional, sino que ahora esos estados sancionados cooperan entre ellos para financiar sus individuales proyectos nucleares y genocidas? Tal vez es momento de reflexionar, no solo sobre la eficacia de las sanciones económicas (un debate interminable), sino también sobre el aparente instinto de generar cooperación e interdependencia entre Estados sancionados con el fin de perpetuar su supervivencia en el sistema internacional que los pretende aislar del resto del mundo.

 

Imagen: http://ideasocialistas.cl/2017/04/10/7-preguntas-entender-origen-la-guerra-siria/

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