#Cervantes2018

Cervantes escribió una historia que pudiese llegar a todos, que entretuviera a cualquier tipo de lector, desde el que lo ha visto todo y todo lo ha leído hasta aquel que, por vez primera, asoma la cabeza por la ventana de la literatura.

Por: Tomás Uprimny Áñez, estudiante de cuarto semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. t.uprimny@uniandes.edu.co

Todo el mundo los conoce: Don Quijote, un hidalgo que de tanto leer libros de caballería ha perdido el sentido de la realidad, y Sancho Panza, un pobre labrador que se convierte en amigo y escudero de Don Quijote. Estos dos personajes, que más que personajes son personas de carne y hueso, volvieron este primero de junio. En esa fecha empezó #Cervantes2018, la lectura mundial del Quijote, un capítulo por día, paso a paso, para culminar, luego de 128 días de aventuras, el 6 de octubre. #Cervantes2018 consiste simplemente en que cada quien, cada “desocupado lector”, lea por su cuenta un capítulo diario para luego encontrarnos en Twitter y comentar y compartir nuestras impresiones y enriquecer así la lectura de la que es considerada la primera novela moderna. #Cervantes2018, proyecto que nació de la cabeza del genial profesor argentino Pablo Maurette, ha logrado cautivar en pocos días a expertos y novatos, estudiantes y profesores, discretos y curiosos.

En 2002, El Quijote fue elegido, por autores de diversas culturas y nacionalidades, como el mejor trabajo literario jamás escrito. Sin embargo, uno de los grandes problemas del Quijote es que, por su condición de clásico, provoca casi que un sentimiento de miedo en el lector que se le acerca; los clásicos son aquellos libros que todo el mundo quiere leer, pero que nadie lee, dijo alguna vez Mark Twain. Y precisamente eso es lo que busca #Cervantes2018: romper ese paradigma de que El Quijote es un libro imposible que solo los eruditos van a poder disfrutar; nada más falso que esto. Cervantes escribió una historia que pudiese llegar a todos, que entretuviera a cualquier tipo de lector, desde el que lo ha visto todo y todo lo ha leído hasta aquel que, por vez primera, asoma la cabeza por la ventana de la literatura.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, cuya primera parte se publicó en el año 1605, ha suscitado mil y una interpretaciones; la más común de ellas es según la cual Cervantes oponía dos visiones del mundo: el idealismo de Don Quijote y el realismo de Sancho. Pero esa es una lectura simplista, pues Don Quijote y Sancho no se oponen sino que se complementan. Don Quijote es el cuerdo más loco del mundo: ve gigantes donde el resto de la gente ve simples molinos, sí, pero también es capaz de hacer notables reflexiones, como el magistral discurso sobre las letras y las armas; y Sancho, dicen, es el pragmático y ve molinos donde, efectivamente, hay molinos. Pero, ¿quién está más ‘loco’? ¿Don Quijote, que distorsiona la realidad, o Sancho, que cree en Don Quijote? Y es precisamente esta relación y los diálogos entre estos dos personajes que hacen tan atractivo el libro, o mejor, tan humano.

Hay tantos Quijotes como lectores del Quijote. El lector va descubriendo un nuevo Don Quijote con cada relectura –una relectura, en últimas, es siempre una primera lectura, pues ni el lector ni el libro son los mismos-,y  un nuevo Sancho, al igual que una inédita manera de entenderlos. Cervantes compuso una obra que engancha desde las primeras líneas gracias a su habilidad de jugar con la delgada y difusa línea que separa la cordura de la locura, la realidad de la ficción. Y este es, creo yo, uno de los grandes rasgos de la buena literatura –claro, no es el único–: hacer que el lector se pregunte qué significa esa palabra tan banal pero también tan difícil de definir, “realidad”. La literatura es el lugar donde todo aquello que parece tan firme, tan inequívoco, comienza a fragmentarse, donde la lógica a veces falla, o el futuro precede al presente, como cuando Alicia, en el país de las maravillas, va a la casa del sombrerero loco y primero se comen el pastel y luego lo parten.

Creo decididamente que la literatura es una cura contra el fanatismo, pues un fanático es una persona que carece de imaginación, que no logra ponerse en los zapatos del otro porque en su cabeza solo hay una visión correcta: la suya. La literatura te enseña a dudar, a cuestionarte, a imaginarte en otros tiempos y otros lugares. En épocas donde cada vez más las fronteras políticas, nacionales, étnicas y religiosas se fortalecen, el texto de Cervantes surge como una especie de antídoto; El Quijote, más que otra cosa, es un libro sobre la condición humana y esta no conoce ni reconoce frontera alguna.

Imagen: https://deskgram.org/p/1793901867194044247_7819224061

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