Era un torero

Por: Pablo Mejía Jiménez. Estudiante de cuarto semestre de Derecho, opción en estudios clásicos y miembro del Consejo Editorial. p.mejia@uniandes.edu.co.

La última morada del exembajador Laserna era un lugar en el que las luces son islas en un mar de noche. Ya hace 14 años había abandonado su casa colonial en La Candelaria, en Bogotá, para refugiarse en su hacienda en Coello, Tolima donde vivió hasta que la muerte se lo llevó el 15 de julio de 2013. Al final, había abandonado la academia y las intrigas políticas para dedicarse a sus pequeñas pasiones: el cultivo de arroz y la cría del toro de lidia.

Pues mucho se sabe de su gusto por la lógica, la matemática, la filosofía y la física, pero pocos recuerdan que era un amante de la tauromaquia. Tan era así que, en su hacienda, al lado del retrato de Einstein, su gran amigo, tenía uno de Juan Belmonte: el fundador del toreo moderno. Su afición nació en Bogotá, después de haber vivido en París y en Nueva York, a sus 14 años, cuando apenas comenzaba sus estudios en el Gimnasio Moderno. De hecho, allí había llegado como un buen “matador”. Según Willy Drews, Laserna mismo contaba que la razón por la que se retiró del Instituto la Salle, el cual lo recibió cuando llegó a la capital colombiana, fueron las mujeres. En el Instituto “las únicas faldas que veía eran la de la señora que lavaba la ropa y las sotanas de los Hermanos Cristianos”. En el Moderno, por lo menos, veía a las niñas del Gimnasio Femenino con quienes compartían laboratorios una vez por semana.

Según cuentan quienes lo conocían, la decisión de ir a Columbia fue influenciada por su padre. Después de estudiar Derecho por tres años en la Universidad del Rosario, se dio cuenta de que no tenía ningún interés en ser abogado[1]. Entre las cosas que sí le interesaban estaba ser torero. Discutió con su padre, y al final, quedaron en que Mario estudiaría química en Nueva York y que cuando regresara se ocuparía de un laboratorio farmacéutico de propiedad de la familia.

Pero lo que sucedió fue otra historia. Cuando regresó a Colombia en 1948 se había graduado en matemáticas y artes liberales. También, venía con la idea, discutida en extenso con sus compañeros de colegio que estudiaban en la costa este de Estados Unidos, de fundar una universidad. Hay quienes dicen que la inspiración le llegó mientras daba un paseo en bicicleta por la campiña francesa. Se dice, igualmente, que fue después de ver las imágenes de su casa en llamas, el 9 de abril de 1948, en un noticiero que presentaron en un cine. Sea lo que fuere, vino a su patria con la intención de fundar una universidad para modernizar el país y, cómo no, de fundar una ganadería. Fue así como el 16 de noviembre de ese mismo año nació la Universidad de los Andes y poco después, la ganadería Altamira de Coello.

Desde eso sus ejemplares han desfilado por algunas plazas colombianas, aunque ninguna de primera categoría. Téngase, por ejemplo, que el 14 de octubre de 1990, compartió los chiqueros con Ernesto Gutiérrez, en la Plaza de Toros Pepe Cáceres de Ibagué, y llevó dos toros para la tarde en la que toreó Nelson Segura, el actual presidente de la Plaza de Toros La Santamaría. Nunca se perdía una corrida de la temporada colombiana y, a menudo, se le veía en becerradas ejercitando sus pases. Desde su ganadería no solo alimentó a la fiesta brava sino también a la fiesta criolla de la corraleja. Sus toros fueron usados como sementales de varias haciendas del litoral.

A quien conozca de su ideología conservadora, pues fue miembro del Directorio Nacional Conservador y elegido concejal por esa misma colectividad, quizá no le sorprenda su afición. Pero cabe recordar que Don Mario estaba por encima de las meras afiliaciones y las creencias ciegas. De allí que haya sido senador por el partido Alianza Democrática M-19. En sus palabras “buen conservador es el que renuncia al dogmatismo”. Además, los toros no son exclusivamente conservadores: tanto Alfonso López Pumarejo y Jorge Eliecer Gaitán, dos de los grandes liberales del siglo XX, anunciaron sus candidaturas en la Plaza de Toros.

En una entrevista dada a El Tiempo en noviembre del 98’ comentó sobre el toreo que “su parte estética es extraordinaria. En torno a ellos hay poesía, música, literatura, pintura. Creaciones magníficas del espíritu que no se consiguen con el fútbol o el básquetbol. Tienen un significado que expresa en forma primitiva la relación entre la vida y la muerte”. Según cuenta el entrevistador, su casa estaba atiborrada de pinturas taurinas.

Murió en su querencia, sin que lo fuera propiamente. En sus últimos días de batalla contra el Alzheimer le dio la guerra a la memoria para “confirmar que el tamarindo todavía sabía a tamarindo, si las cigarras todavía silbaban como cigarras, si los mangos maduros olían a mango y la sombra de la gran ceiba era tan fresca”. En un pequeño pueblo del Tolima, falleció un hombre que conmocionó al país. Como lo dijo el exministro Fernando Cepeda: “era un torero”.

Al lector lo invito a la siguiente reflexión: hace poco, en los términos de una conversación casual, escuché a alguien decir que le parecía inaudito que Mario Laserna fuera un conservador. Lo dijo como si su ideología invalidara la magnitud de sus logros. Allí, a mi parecer, hay un error. Parece que hay un consenso, en la academia y la gente de cierta educación, de que el liberalismo (más allá del partido, por supuesto) es un camino unívoco hacia el progreso. También, he visto más de una vez en redes sociales que han tildado a quienes disfrutan de la corrida de toros de retrógrados, iletrados y sádicos, como si la inteligencia fuera irreconciliable con el gusto por la tauromaquia. Sin duda, en contra de la fiesta brava y del conservatismo hay argumentos muy válidos y muy valiosos, pero, en principio debe reinar el respeto por las ideas y por la diversidad cultural, pues de la tauromaquia se ha dicho hasta que es un ritual religioso[2]. El exembajador Laserna es un ejemplo de que prejuicios como estos pocas veces se sostienen.

[1] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12940450

[2] Julian Pitt-Rivers, “The Spanish Bullfight” Pitt-Rivers, J. (1993). The Spanish Bullfight. Anthropology Today, 9. [p. 11 – p. 15]

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s