Repensando al sujeto: planteando una ruptura a la injusticia cultural

La concepción del mundo que tiene cada persona es el resultado de diversos elementos en su formación y aprendizaje de vida. En esta oportunidad, el autor hace un análisis crítico sobre la importancia de cuestionarse las categorías y el deber ser que se le atribuye sin vacilar a los seres humanos.

Por: Simón Rosas Cortés. Estudiante de noveno semestre de Derecho. s.rosas11@uniandes. edu.co

Es un hecho irrefutable que vivimos inmersos en una comunidad imaginada, construida y compleja en sus formas de ver el mundo. Si nunca lo ha pensado, hay que reflexionar sobre esto: realmente nunca conocemos por nuestra cuenta la totalidad del mundo, ni a toda la gente que lo habita, ni todas las cosas que en él existen, mucho menos a la gente que se compren- de dentro del propio país, región o ciudad. Piénsese que, por ejemplo, tampoco hemos vivido la historia de nuestro país —ni lejos— por nuestro medio, es temporal y físicamente imposible, pero aún así la concebimos y asimilamos. Inherente a nuestra naturaleza, parece, está la capacidad de concebir todo esto dentro de nuestras mentes, dentro de nuestro imaginario colectivo, hecho ladrillo por ladrillo, pieza por pieza, idea por idea, generación tras generación, crecientemente compleja y vasta en su extensión, como un árbol cuyas ramas no paran de derivar en otras ramas, creando cada vez un árbol más grande y denso en su follaje. No podemos negar que, en gran parte, nuestra concepción de la realidad se basa en estas construcciones conceptuales, las cuales realizamos ante la imposibilidad de empíricamente conocer todo eso que sabemos que existe, siendo que lo hacemos con base en lo que nos enseñan, lo que escuchamos y nos cuentan al respecto. Actuamos con- forme a lo que vemos en las representaciones que hay de ello o de aquello de forma que, naturalmente, saltamos hacia propias conclusiones definiendo nociones de lo que las cosas son o no. Y nos apropiamos de ellas [de las construcciones conceptuales], las asimilamos, las aprehendemos con nuestro intelecto.

¿Y qué otra opción tenemos? Nacemos y crecemos en una sociedad en donde los demás sujetos ejercen influencia sobre nosotros —vamos al colegio, nuestros padres u otras personas asumen nuestra educación, etc.— siendo que recibimos toda una cultura —forjada por contingencias históricas— en forma de legado, sus maneras de pensar, de concebir el mundo y de relacionarse con el “otro”. Somos, de una manera u otra, prisioneros de nuestros contextos; somos arrojados a una urdimbre de significados y categorías que condicionan nuestras formas de concebir el mundo y a los sujetos que lo habitan. Nos relacionamos y desenvolvemos en nuestros contextos según esas categorías que nuestra sociedad y los demás sujetos —que han influido en nosotros— nos brindan para comprender el mundo. Es algo que hace parte de nuestra naturaleza humana, más aún cuando pretendemos vivir en sociedad.

Entender nuestra realidad (una realidad enmarcada en el mundo occidental) según estas nociones, las cuales son propias del neokantianismo y de Foucault, permiten comprender cómo una construcción profundamente historizada y politizada la cual, señalo, responde a una economía política del conocimiento, lo que quiere decir que esas ideas y nociones que han predominado en nuestras sociedades han emanado de lugares muy puntuales (Europa y EE.UU principalmente), los cuales han hecho de nuestro imaginario algo tan sesgado como lo fueron en su concepción.

Hablando del contexto colombiano, hay que considerar que la colonia impuso ante nuestros pueblos ancestrales toda una cultura, dentro de la cual destacan todas las nociones y pensamientos del catolicismo que permearon todo el proceso colonial, y el cual, a su vez, se encuentra profundamente cargado de nociones patriarcales de la realidad siendo que, si bien fueron impuestas, se arraiga- ron en nuestra comunidad de manera tal que condicionaron la forma de toda la sociedad de comprender el mundo y sus sujetos. Son estas contingencias históricas las que han llevado a la construcción particular de sujetos como las mujeres, la población LGBT o los indígenas —entre otros— en el imaginario de una comunidad prevaleciente en esta forma de entender el mundo. Los postulados de las categorías del entendimiento patriarcal han conllevado a concebir un deber ser de la sociedad y sus sujetos, irrefutable e incuestionable, en donde las cosas tienen un orden natural y los sujetos roles y características determinadas. Según este legado, la mujer es responsable del hogar y del cuidado de los que serán los futuros ciudadanos, apoyan al líder económico del hogar —que es el hombre— y están supeditadas a su autoridad. La familia es conformada por el hombre y la mujer, por lo que los sujetos LGBT existen en dicho imaginario como abominaciones que deben ser corregidas, como seres humanos corruptos. Por otro lado, sujetos como los indígenas son considerados subhumanos que deben ser convertidos y salvados a las sendas del dios católico ya que idolatran a otro Dios, son sujetos que deben ser civilizados y cuyo legado no es de antología. Son estas las nociones y constructos los que se encuentran arraigados en nuestra sociedad marcada por las instituciones católicas y patriarcales, las cuales han influido en la construcción —a mi manera de ver injusta— de ciertos sujetos en el imaginario colectivo de la sociedad colombiana.

Ahora bien, como individuos que somos, el no cuestionarnos esas categorías construidas sobre ciertos sujetos implica aceptarlas, normalizarlas y perpetuarlas en comportamientos que se han erigido como denigrantes e injustos frente a estos sujetos que cohabitan nuestra sociedad. Lo anterior implica desconocer contingencias históricas que les han puesto en desventaja e inclusive inferioridad en relación a los demás, implica el estancamiento de una sociedad como la nuestra, que se ha planteado buscar la igualdad entre sus ciudadanos. El paradigma debe cambiar y las construcciones histórico- conceptuales de los sujetos como las mujeres deben ser reconstruidas, reelaboradas y redefinidas en referencia a una sociedad inclusiva que avoca por la igualdad. Debemos cuestionar nuestro legado y el statu quo. Si hemos de reinventarnos como sociedad, debemos asimilar el pasado más no perpetuarlo.

Imagen tomada de: Shutterstock.com

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