Para ganar no todo vale

Por: Anónimo. Estudiante de Derecho.

Este año, que está a punto de acabar, presenció unas terribles elecciones al Consejo Estudiantil Uniandino.  Terribles por la tensión, el juego sucio y los duros cuestionamientos a la idoneidad ética de los representantes. Por ello, el objetivo del presente artículo es explicar por qué la transparencia es tan importante, ante unas elecciones de baja magnitud, —sin caer en el cliché de nominar cualquier acto deshonesto como corrupción—. Con todo, lo más importante es que nos llevemos una profunda reflexión sobre la Facultad que queremos construir y, más aún, sobre el país que estamos proyectando.

Así pues, esbozaré los alcances de la campaña de este año. Se lanzaron muy graves acusaciones, aparentemente infundadas, para persuadir a varios electores de no votar por una de las fórmulas que, finalmente, salió electa. Tras conocerse los resultados, esta fue destituida de su elección por un proceso administrativo. Según los cargos, se realizaron “presiones indebidas” para conseguir votos —las cuales consistían supuestamente en ofrecer el cargo de monitor para una clase—. Además, no siguieron las normatividades de la campaña. Estas conductas son totalmente reprochables y dan cuenta de que tenemos que pensar mejor cuáles son las motivaciones de los representantes que elegimos. Ahora bien, es menester mencionar que los afectados alegaron que no se siguió un debido proceso en su caso. Con todo, la tercera fórmula en votos, conformada por Gómez y Gómez, ocupó el lugar en la representación estudiantil de nuestra Facultad.

El anterior panorama demuestra que en las pasadas elecciones del CEU se vivió una actitud políticamente censurable: una clara reafirmación de que para ganar “todo vale”. Y aquí es cuando debemos preguntarnos: ¿con qué autoridad moral criticamos y nos quejamos de que Colombia es un país carcomido por la corrupción? ¿No deberíamos empezar, primero, por construir una Facultad de estudiantes que sea transparente? En el mismo sentido, es notorio que el derecho y la política tienen una estrecha relación. Así, lo realmente preocupante es que quienes hoy participan de estos espacios, en una de las facultades de mayor prestigio en el país, seguramente serán los mismos que manejarán los hilos del poder de Colombia en el futuro. ¿Es ese el legado que queremos dejarle al país? ¿O preferimos tomar acciones inmediatas, en clave de sanción social, frente a estos acontecimientos?

Por otro lado, en medio de los planes de redacción de este artículo, también tuvimos que conocer otro hecho muy lamentable, pero que es absolutamente relevante para la discusión. Uno de los representantes electos, semanas después de conocerse los resultados, fue sorprendido incurriendo en una conducta de plagio. Puntualmente, en un tribunal simulado para la clase de Pruebas, dicho estudiante tomó fotografías de los computadores de los jueces, en el que fungía como parte de la defensa. Nuevamente, la premisa de este tipo de actitudes es que para ganar “todo vale”.  Desde mi punto de vista, es lamentable saber que aquella persona, que tiene la gran responsabilidad de representar a los estudiantes de nuestra Facultad, haya desplegado ese tipo de conductas. No obstante, considero que es un reflejo fiel de nuestra Facultad: al parecer, estamos dispuestos a aceptar que se justifique la trampa para ganar, a aceptar que el fin justifica los medios.

Aquí estamos ante una oportunidad que tal vez nunca se vuelva a presentar. Por un lado, podemos permitir que esto sea tratado con la normalidad de un proceso disciplinario. O bien, podemos ejercer una fuerte sanción social, que les mande un mensaje claro a todos los integrantes de nuestra comunidad universitaria: no estamos dispuestos, como estudiantes de la Facultad de Derecho, a aceptar que se normalice el fraude. Así, para determinar las sanciones a las que haya lugar —de forma que se hagan extensivas a toda la comunidad uniandina—, se debe aplicar (en mi opinión personal) el agravante disciplinario por ser un representante electo. En ese sentido, se debe penalizar con la sanción determinada en el reglamento, sin ningún tipo de consideración y a modo de ejemplo, para prevenir que se repitan estas situaciones en el futuro.

Por ello, se le solicita formalmente al representante en cuestión que considere apartarse de su cargo en el CEU. Esto, sustentado en lo siguiente: su conducta demuestra una incapacidad ética para cumplir con los deberes de todo representante. Al ser electo, según los estatutos del CEU, inmediatamente se adquiere un deber extra al de cualquier otro estudiante de cumplir con los reglamentos de la Universidad; ya no solo debe respetarlos, sino que debe hacerlos respetar. Incurrir en fraude, una de las faltas éticamente más cuestionables, es una clara desatención a dicha responsabilidad. Claramente, primero se deben surtir tanto los procesos disciplinarios como los procesos al interior del CEU. Empero, independientemente de los resultados en los mencionados procesos, y de aclararse totalmente los hechos, lo mínimo que merecemos como Facultad (si queremos reformarnos seriamente) es estar representados por personas que tengan la suficiente idoneidad ética para cumplir con sus deberes. Lo que esperamos de la persona aludida, al menos, es que responda a esta solicitud y que, en caso de continuar en su cargo, considere disculparse con sus electores, atendiendo a su deber de rendición de cuentas. Y ello, ya que todos sus actos, al momento de ser elegido representante, se hicieron extensivos a toda la comunidad: por algo existe tal agravante en el reglamento.

En conclusión, si queremos construir una mejor Facultad —ergo, un mejor país— tenemos que reflexionar sobre a quiénes elegimos como nuestros representantes y sobre nuestras actitudes cotidianas. Si bien se ha lastimado profundamente la confianza —y, ya que nuestra Facultad se encuentra en una crisis ética—, es necesario que reflejemos, con cada uno de nuestros actos, la voluntad de cambiar las dinámicas mencionadas en este artículo, empezando por entender, de una vez por todas, que para ganar no todo vale.

Imagen: https://www.facebook.com/consejoestudiantiluniandino/photos/ms.c.eJxFkdsNAzAIAzeqeEP2X6wqLvB7Ap9DRFUi3YpYnxB~;BMD5B~;jVAHtqKa46ILQnKv4gKKLIi94AdgCalbReSV~_QHUoLQhCap0Wxy3Cs7EQQVt5Wf631OC1W5i1h8pvI1K2ODLvq6KFjCWmt~_WqfNlhtGO5BcZaeMDoLVmQyKrup7JGrX8uxr60C4O2RDUS2KbR63wBtrZaRoZfRB8r7OVUA~_QJjo2pB.bps.a.2330986156974800/2332676423472440/?type=3&theater

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