Si Colombia somos todos… ¿de quién es la culpa?

Por: Laura Vargas Zabaraín. Estudiante de tercer semestre de Ciencia Política y Derecho y miembro del Consejo Editorial. l.vargas@uniandes.edu.co.

Ayer en la tarde, en el almuerzo, mi abuelo llegó a contarnos que venía del sitio de un atraco y pensé que sería una historia más de las que a diario se escuchan en nuestro país. Sin embargo, no fue así. Desde hace varios años, él tiene un comedor comunitario en Santa Marta donde les dan almuerzo a 200 niños que viven alrededor del riel de un ferrocarril, en condiciones precarias, en casas de cartón y lata. Cuando fue a hacer su visita habitual en la sede, le dieron una noticia que, sinceramente, me pareció increíble. Los habitantes de la zona fueron asaltados por un hombre armado con un revólver que ingresó a 6 de las casas (si es que así se le puede llamar al lugar donde las familias de esos niños viven). Después de buscar hasta en el piso —que es de tierra—, lo único valioso que pudo encontrar el atracador fueron dos celulares, uno de los cuales ni siquiera era propio, sino que estaba allí para ser reparado. Tratando de entender la situación, todos los que estaban conmigo en la mesa comentaban que la justificación estaba en la falta de educación y necesidad de las personas, que era culpa del Gobierno y, como siempre, la crítica era al país en el que estamos condenados a vivir. Decían que la carencia es tal, que la gente llega al punto de robar a aquellos a quienes no es posible robar porque son más necesitados que el mismo ladrón.

A decir verdad, no estoy de acuerdo con ese modo de pensar pues, aunque es cierto que la debilidad estatal genera problemas, las situaciones así no tienen justificación. En Colombia tenemos la mala costumbre de que todo se legitima con lo mal que el Estado ha desempeñado su rol, con la falta de oportunidades y con la inequidad que ha generado. Esta es una cuestión que nadie puede negar. Todos sabemos que somos un país en desarrollo precisamente porque nos falta mucho para que esas situaciones se dejen de presentar, pero, ¿hasta qué punto todo puede tener esa justificación? Para mí, hay cosas que trascienden. Muchos afirman que el conflicto armado con las FARC tiene su raíz en lo mismo. Que el narcotráfico y sus secuelas se deben a la excusa anterior y, a decir verdad, no es del todo falso. Con seguridad, educación y oportunidades en todo el territorio la historia sería diferente. Pero, ¿hasta las masacres se pueden justificar con ese argumento?

Pienso que hay que impartir justicia de otro modo, que se deben señalar como culpables —no sólo juzgando en términos legales sino al sentarse a reflexionar sobre el tema en una mesa— a las personas que cometen los delitos (esas que llegan al nivel de atracar a personas que no tienen ni cómo alimentar a sus hijos) en vez de a un conjunto de instituciones que, a la larga, termina siendo una justificación. Hay que reconocer que, aunque puede haber un problema estatal, hay cuestiones tan graves que no basta con señalar a un Gobierno de turno o al Estado en general. Actos tan absurdos como el robo que mencioné al inicio del artículo no deberían poder justificarse bajo el nombre de nadie distinto al responsable y debería ser vergonzoso hacer lo contrario. A la larga, si es culpa del país y Colombia somos todos, ¿de quién es la culpa? De cualquier modo, es imposible lavarse las manos.

Imagen: https://conexionpermanente.com/2014/01/28/culpable-ii/

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