La Facultad de los Alpes

“Triste —realmente, muy triste— es la actitud de nuestra Facultad, aún más si se toma en cuenta que, en Colombia, la mayoría de las discusiones sociales terminan siendo jurídicas.”

Por: Anónimo

La Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes es irrelevante en el debate público. La afirmación es tajante y radical, pero paso a demostrarla. Veamos cuántos columnistas tiene nuestra Facultad en los grandes periódicos: me viene a la mente César Rodríguez (El Espectador), también investigador de DeJusticia, y pare de contar. Tenemos columnistas en Ámbito Jurídico, pero ese es un medio especializado que tiene pocos lectores afuera del elitista círculo del derecho.

La Facultad de Economía, que siempre es tildada de ajena a los problemas sociales, tiene una mayor incidencia en el debate nacional. Profesores como Ana María Ibáñez, Leopoldo Fergusson, Guillermo Perry (columnista de El Tiempo), José Antonio Ocampo (El Tiempo) y el estupendo decano Juan Camilo Cárdenas: todos ellos contribuyen al debate nacional, ya sea interviniendo en programas radiales o televisivos, o con investigaciones realmente pertinentes para el país. Más aun, demuestran que ayudar a elevar el foro público no significa dejar de lado la investigación académica.

Una visita por nuestra homónima de la Nacional deja un saldo negativo en nuestra contra: acogen columnistas de la mayor influencia como Mauricio García Villegas (El Espectador), Rodrigo Uprimny (El Espectador) o Alejo Vargas (El Colombiano), a quienes también se les encuentra en programas de debate nacional.

Triste —realmente, muy triste— es la actitud de nuestra Facultad, aún más si se toma en cuenta que, en Colombia, la mayoría de las discusiones sociales terminan siendo jurídicas. Sorprendió gratamente que la profesora Betancur se inmiscuyera en la cuestión de violación o no del DIH en el atroz atentado de la Escuela General Santander. Su aporte fue valioso para el debate. Sin embargo, esta fue la excepción a la regla.

Nuestros profesores son totalmente ajenos a Colombia, y realizan investigaciones tan aburridas como irrelevantes. Que si Dworkin tiene razón, que si Kelsen quiso decir tal cosa, que si fulano o sultano o mengano… Conocen a cabalidad a los últimos autores académicos y, al mismo tiempo, ignoran que la esencia del derecho es analizar y regular las relaciones humanas, que ya son bien complejas.

Nuestros profesores se pasan años investigando para publicar, a veces sobre temas colombianos, en ultra especializadas revistas americanas o del Norte global, y cabe preguntarse: ¿por qué publicar allá y en inglés, y no acá y en español? Cambien, entonces, el nombre de Universidad de los Andes a Universidad de los Alpes. A nuestros profesores les sobra cerebro, pero les falta corazón.

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