Cultura

De la introversión, el mundo y el cambio

A través de su experiencia personal, la autora del artículo se encarga de hacer una breve descripción de la introversión y un análisis sobre las dificultades a las cuales las personas introvertidas deben enfrentarse día a día en un mundo que está diseñado para las personas con mayor habilidad de interacción social.

Por: Matilde Rosa Rincón Lorduy. Estudiante de tercer semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. mr.rinconl@uniandes.edu.co

Hace poco, una amiga y yo estábamos hablando acerca de su colegio y de cómo, para una actividad en la clase de inglés, los estudiantes tenían que tomar un popu lar test que determina su pertenencia a una de 16 personalidades de acuerdo con cinco aspectos: la interacción social y con el entorno (introvertidos o extrovertidos), la forma en la que vemos el mundo y procesamos información (observadores o intuitivos), la forma en la que tomamos decisiones y enfrentamos nuestras emociones (objetivos o sensibles), el enfoque que tenemos al tomar decisiones (juzgadores o prospectivos), y la confianza que tenemos en nuestras habilidades y decisiones (asertivos o turbulentos). Naturalmente, decidimos hacer la prueba.

Como era de esperarse, mi amiga —una diosa del debate, que se pasea por la vida con calma, seguridad y el cabello rosado— salió como extrovertida. Y yo —que, aunque tengo opiniones fuertes, necesito organizarlas en mi mente por un largo tiempo antes de expresarlas—, obtuve, como era predecible, que soy introvertida.

Aunque estos resultados no fueron para nada sorpresivos, me hicieron reflexionar acerca de cómo el mundo está hecho para los extrovertidos, y la introversión es vista como una desventaja o una carga contra la que tenemos que luchar constantemente. Así, decidí escribir este artículo para aclarar algunas concepciones erróneas alrededor del concepto de la introversión, así como para motivar a otros introvertidos a conciliar quienes son con quienes se espera que sean.

Pero primero, ¿qué significa ser introvertido?

Aunque no hay una única ni correcta definición de la introversión, este concepto generalmente se relaciona con la forma en la que procesamos información y en la que respondemos a estímulos. Mientras que los extrovertidos se sienten energizados en situaciones sociales y se enfocan más en lo que los rodea, los introvertidos necesitan tiempo a solas para recargar su energía —para conectarse con sus pensamientos y emociones—.

Estas diferencias se deben a características biológicas distintas, ya que los introvertidos no reciben el mismo impulso de dopamina (la hormona de la felicidad) que reciben los extrovertidos de su ambiente externo. Aunque es una confusión común, la introversión no implica, necesariamente, la timidez. Ser una persona tímida significa que las interacciones sociales te causan ansiedad y tensión, por miedo de ser juzgado. Por eso, tanto introvertidos como extrovertidos pueden ser tímidos.

Ahora, ¿en dónde recae el problema?

Si eres una persona extrovertida, probablemente nunca te has cuestionado acerca de por qué la sociedad en la que estamos inmersos nos hace pensar que ir a un bar o a una fiesta con amigos los viernes por la noche es una actividad completamente válida, mientras que quedarse en casa leyendo o viendo una serie es algo lamentable. Del mismo modo, es posible que la razón por la cual decides no participar en clase es porque no has leído lo suficiente, no porque necesitas más de un minuto para sentir que has organizado tus ideas y que puedes hacer una intervención coherente. O, tal vez, las dinámicas de integración que nos forzaban a hacer a muchos el primer día de colegio no se te dificultaban particularmente.

Los anteriores ejemplos —según la abogada, escritora e introvertida autoproclamada, Susan Cain— son sólo una pequeña muestra de la infinidad de formas en las que nuestra cultura está sesgada a favor de las cualidades de las personas extrovertidas.

De acuerdo con Cain, las instituciones más importantes dentro de la sociedad —como los contextos de enseñanza y los laborales— están diseñadas como lugares saturados de estímulos externos: oficinas abiertas (sin cubículos personales), constantes lluvias de ideas, trabajos en grupos con necesidad de respuestas on-thespot.

De esta forma, los introvertidos se ven obligados a adaptarse a situaciones en las que se disminuye su productividad y su creatividad. Cain dice, además, que la cultura occidental siempre ha favorecido a las personas “de acción” por encima de las personas “contemplativas”. Tal concepción se intensificó a partir de las trasformaciones económicas de los dos últimos siglos, pues la migración masiva del campo a las ciudades provocó la inclusión forzosa de los individuos en ambientes corporativos con muchos extraños.

En dichos entornos, a menudo se considera que los introvertidos no son los mejores estudiantes ni empleados, porque, aparentemente, los extrovertidos pueden pensar y transmitir sus pensamientos con mayor facilidad (y rapidez). Luego, tendemos a seguir a quienes se expresan con asertividad y carisma, aunque sus ideas no sean las mejores. Esto que conduce, inevitablemente, a que dejemos por fuera a personas con ideas muy valiosas, porque priorizamos las necesidades del que se proyecta como el más fuerte y no pensamos en el que necesita un poco de soledad para desarrollar su potencial al máximo.

¿Y qué podemos hacer para resolverlo?

En este punto, quiero aclarar que no tengo nada en contra de los extrovertidos. De hecho, considero que las habilidades que tienen las personas con este tipo de personalidad —como poder resolver problemas a través de discusiones, tener facilidad para comunicarse, y actuar sin tantos rodeos—son muy importantes y necesarias.

Por poner un ejemplo, mi amiga de pelo rosado —de quien hablé al principio de este artículo— y yo hemos descubierto que somos un gran dúo dinámico, no a pesar de nuestras personalidades divergentes, sino debido a ellas, porque hemos desarrollado una estrategia en la que priorizamos equitativamente el trabajo en grupo y el trabajo individual.

Así, mi experiencia personal me ha enseñado que uno de los problemas culturales más grandes que tenemos es que somos incapaces de pensar más allá de nuestras propias experiencias con el mundo.

Por esta razón, quisiera terminar mi texto con algunas recomendaciones —inspiradas, nuevamente en el trabajo de Susan Cain—, con miras de exhortar tanto a los introvertidos como a los extrovertidos a reconciliarnos con nuestro ser para poder crear un mundo en el que todos podamos prosperar:

1. Entra en contacto con tus límites. Si necesitas cancelar planes de vez en cuando para recargarte de energía y llenarte de creatividad, no debes sentirte culpable. No hay suficiente tiempo en la vida como para desperdiciarlo haciendo cosas que no funcionan para ti.

2. En la medida de lo posible, intenta incorporar tanto actividades individuales como grupales en tus ambientes de trabajo y estudio. Esto hace más ameno, creativo y productivo el trabajo en colaboración para personas con ambos tipos de personalidad.

3. Libera tus ideas. Si eres introvertido, probablemente te va a costar más sacar a la luz lo que tienes en tu mente. Pero recuerda que tu voz suave y calmada es capaz de decir cosas igual o, incluso, más trascendentales que aquellas voces fuertes e imponentes que te rodean. El mundo puede no estar hecho para ti, pero tú lo puedes cambiar.

Referencias

Imagen: Wrike.com

https://www.16personalities.com/articles/our-theory

https://www.forbes.com/sites/kathycaprino/2017/12/29/im-sick-ofour-cultures-bias-against-introvertsand-im-ashamed-to-admit-i-haveone/#756f67dbd50d

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