Cultura

La facultad de papel

Por: Carlos Morón Martínez. Estudiante de cuarto semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. c.moron@uniandes.edu.co.  

Hace unos días me encontraba fuera de Bogotá, disfrutando de mis vacaciones en la Costa Caribe. El calor de la región, aunque es un padecimiento para muchos, es visto generalmente como uno de sus pequeños placeres. Sin embargo, en esta visita, quedé profundamente intrigado por la sensación térmica; la temperatura esta vez era mucho más alta y por ende, extremo el calor.

En primera instancia, pensé que el cambio de altitud estaba haciendo efecto y el fuerte calor era mera impresión mía. Unos días después, al revisar mis redes sociales, las veo inundadas de un video ampliamente compartido y que alardeaba de su título alarmante: Lo que dijo la ONU es aterrador. Enseguida me pregunté, ¿qué era eso tan aterrador que había causado furor entre varios usuarios?

De acuerdo con el video y otras cuantas publicaciones que emergieron circunstancialmente después de haberlo visto, pude entender que las temperaturas que había sentido antes con tanta intensidad se debían al cambio climático. Un descubrimiento obvio, pero difícil de aceptar. Todo esto acompañado de la recurrente noticia acerca de las altas temperaturas en Europa.  

El semestre inmediatamente anterior estuve cargado de materias de la Facultad que oscilaban entre el Derecho Privado y el Derecho Constitucional. Sin embargo, también conocí la cara no tan chévere del Derecho: esa faceta en la cual el Derecho desecha sus postulados orales y se caracteriza por el almacenamiento de infinitas montañas de páginas blancas llenas de alfabeto codificado en legalidad y argumentación.

De igual modo, es difícil evadir la insistencia de varios profesores de imprimir los trabajos a una cara de la hoja y a tamaño oficio —esto, sin ignorar a aquellos que han optado por un metodología ecológica—. Yo, que el semestre pasado alardeaba unas hojas reciclables para sentir que ayudaba al ambiente, estaba participando en este ejercicio legal-estudiantil de entregar los trabajos de cierta forma para cumplir con estándares y requisitos.

No lo podía creer, estaba en ese punto en el cual el medio ambiente está teniendo drásticos cambios a una velocidad tan acelerada que ya no sentía familiar la temperatura de la ciudad donde nací. Así mismo, participaba constantemente en el juego de la abogacía donde el papel es vital para la construcción del abogado. No descarto la iniciativa del nuevo milenio de digitalizar los documentos para que tengan mayor alcance; pero no es sino darse un paseo por el centro de Bogotá, mirar hacia arriba a los edificios y apreciar el paisaje arquitectónico acompañado de una que otra ventana adornada de relieves blancos de hojas.

Alrededor del mundo muchas industrias optan por una cultura verde en la cual el medio ambiente se ha vuelto parte importante de su planeación y estrategias de mercado. Sin embargo, el Derecho ha sido una de las ciencias que se ha quedado atrás en cuanto a producción de documentos se refiere. Como ya he mencionado, el recorrido inicia en la cátedra universitaria donde todavía se dificulta —cada día en menor medida— encontrar las lecturas digitalizadas o, incluso, la insistencia de entregar los trabajos en físico y no virtualmente para perpetuar un sentimiento de seguridad de tener todo a la mano, camuflado bajo el argumento obsoleto de “así se logra una mejor retroalimentación al estudiante”, ignorando las funciones que pueden ofrecer las plataformas virtuales. 

Es momento de repensar estas prácticas. El mundo no es la misma esfera equilibrada que era hace décadas. Empezar desde la educación podrá permitir que una cultura ecológica trascienda más allá del universo industrial y pueda penetrar el mundo legal más allá de la distribución de leyes que pretenden proteger el ecosistema.

Crear abogados del futuro no es solamente aquellos que piensen en el mercado global; sino que también implica educar abogados conscientes del contexto en que habitamos y ofrecer alternativas viables para el cuidado del ecosistema, lejos de la incertidumbre del proceso legislativo.

Estamos en un punto donde el derecho no puede trabajar de forma aislada frente a estas iniciativas. Es el momento de adaptarnos al entorno y hacer de este mismo uno mejor. 

Imagen: Eldiario.es

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