Opinión

¿Que nos hace ser humanos?

“Ni la visión Hobbesiana, según la cual “el hombre es un lobo para el hombre” y que establece la supremacía individualista del ser humano, es totalmente correcta […] ni la de Rousseau del “contrato social”, en la que se establece la cooperación como un compromiso negociado (reconociendo una cara tanto egoísta como social), lo es”

Por: Daniel Alejandro Lopera. Estudiante de Ciencia Política. da.lopera10@uniandes.edu.co

A lo largo de la historia, y con el pasar de los años, la visiones sobre el mundo y los individuos que lo componen han variado según el contexto específico y los avances tecnológicos que estos periodos han presentado. Los debates epistemológicos y ontológicos, acerca del hombre y su capacidad o necesidad de asociación/interacción con su entorno, han tenido grandes contrastes, desde los campos de la filosofía hasta la intromisión de los estudios científicos propios de las ciencias naturales, que han enfatizado en proponer perspectivas bastante variadas.

En un primer momento se encuentran aquellos pensadores y científicos que plantean su tesis alrededor de que el hombre es egoísta por naturaleza y actúa bajo una lógica “racional” que busca maximizar su beneficio. En contraste se encuentran los que creen que el hombre es un ser social y cooperativo, con el fin de consolidar un “bien común”.

Pero es necesario plantear una noción holística que permita la interacción entre ambas perspectivas. Busco reconciliar ambas posiciones, partiendo de la premisa de la interacción humana como producto del desarrollo físico del cerebro, como lo plantea el profesor de la University College London, Mark Maslin.

La primera visión, la individual, lleva a reflexionar sobre la pregunta que durante muchos años grandes científicos y evolucionistas se han hecho: ¿Qué nos hace humanos? Según Jared Diamond, existen ciertas características, tanto físicas como cognitivas que llevan a los hombres a distinguirse de otras especies.

Estas características se relacionan con ciertas capacidades como la innovación, el arte y la fabricación de herramientas cada vez más complejas. Además de esto, se le añaden cualidades físicas como un amplio y desarrollado aparato vocal y una compleja red neuronal. Según Agustín Fuentes, un aspecto propio de los humanos tiene que ver con la capacidad de crear, es decir, de la creatividad que está hecha por interconexiones de ideas, experiencias e imaginación, que hacen que el ser humano sea una especie única, diferenciándose así de sus parientes más cercanos, los primates.

Pero es imposible, o al menos poco fructífero, hablar del hombre sin poner la mirada en las discusiones filosóficas a las que este nos remite. Para el psicólogo holandés Frans de Waal, la discusión sobre la naturaleza humana no se puede remitir a la simple dualidad de si el hombre es egoísta o si en efecto este decide cooperar.

Ni la visión Hobbesiana, según la cual “el hombre es un lobo para el hombre” y que establece la supremacía individualista del ser humano, es totalmente correcta —entre otras, porque la analogía con los lobos es errónea si se consideran sus características de vida en manada—; ni la de Rousseau del “contrato social”, en la que se establece la cooperación como un compromiso negociado (reconociendo una cara tanto egoísta como social), lo es. De hecho, el ser humano no coopera por simple altruismo sino por necesidad, siendo la seguridad la primera y principal razón de la vida social, con el fin último de lograr la supervivencia de la especie.  Dicho lo anterior, nótese el alto grado de interdependencia, visible en que las especies entre más vulnerables son tienden a ser más gregarias, velando así por su supervivencia en conjunto.

Ahora bien, es necesario poner en tela de juicio una visión panorámica de las posiciones planteadas anteriormente. Por ejemplo, para Mark Maslin el cerebro humano no solo evolucionó y creció más que el de las demás especies con el fin último de crear herramientas (hay otras especies que también imitan este proceso), sino que fue más allá: lo hizo a tal punto que ahora cuenta con la capacidad de establecer relaciones sociales y cooperativas, y claro, con todas las complejidades que suponga integrarse a un grupo social.

En ese orden, asegura que los seres humanos interactúan en una especie de permanente “juego social”, dentro de un sistema de incentivos que premia a las personas que pueden manejar interacciones sociales complejas y que logran conducir a grandes grupos. Bajo esta lógica, los seres humanos poseen un cerebro social, que se encuentra en una carrera interna por desarrollar habilidades cognitivas superiores para permitir un mayor control social. Como puede observarse, el debate de la naturaleza humana ha ido cobrando distintos matices; para Maslin, lo que otros analizaron como un conflicto físico en la realidad podría analizarse desde las competencias sociales.

En conclusión, el ser humano posee un conjunto de características tanto físicas como cognitivas que lo diferencian de las demás especies, y que definitivamente hacen compleja su comprensión. Así como posee una cara egoísta, también es un ser social que necesita cooperar para su propia subsistencia en el sistema. Sin embargo, no puede ignorarse que existen una serie de incentivos en su naturaleza y forma de socializar que lo conducen en medio de interacciones sociales de dominación y subordinación. Lejos de tratarse de un conflicto puramente físico o corporal, las competencias sociales buscan prevalecer frente a las cualidades de otras especies e incluso sobre las de sus iguales, haciendo que cada vez sea más estresante la pesada carga de ser un “ser humano”.

Bibliografía:

Agustín Fuentes. 2018. La chispa creativa. Como la imaginación nos hizo humanos. Editorial Ariel.

Edouard Machery. 2014. The politics of species. Arcus foundation. Video. Recuperado de:  ttps://www.youtube.com/watch?v=l8NWwuYI5tA&feature=youtu.be 

Frans de Waal. 2015. La edad de la empatía. ¿Somos altruistas por naturaleza? Editorial Tusquets.

Jared Diamond. 2007 [1992]. El tercer chimpancé. Origen y futuro del animal humano. Editorial Debate. Pp. 27-52

Mark Maslin. 2017. Why Humans Are So Smart—And So Stressed Out. Sapiens. Recuperado de: https://www.sapiens.org/evolution/human-brain-evolution-social/

Imagen: https://mashable.com/2013/12/11/multiple-exposure-photography/

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