Jurídica

“Era exótico decir que un abogado de los Andes era juez”: Rafael Gutiérrez, el ‘magistrado uniandino’

El magistrado Rafael Gutiérrez Solano es el único abogado uniandino en construir una carrera en la Rama Judicial por más de 35 años. En entrevista con Al Derecho, habló, no solo de su carrera y experiencia, sino también de la “deuda” que tiene la Facultad con la formación de los futuros jueces.

Por: Redacción Jurídica Al Derecho.

“¡Gutierrez Solano, Rafael!” La voz de Ciro Angarita Barón, el profesor de Comercial, se escuchaba por todas partes, profunda y sonora. Cuando el alumno bumangués se enfrentaba semana a semana al desafío dialéctico que significaba ver una clase con su profesor favorito, nunca se imaginó que seguiría tan de cerca los pasos de su maestro.

En la entonces joven Facultad de Derecho, el perfil más común del abogado uniandino correspondía al de los asesores de los grandes Bancos, consejeros de Ministros y directores legales de multinacionales, no al de un juez. Sin embargo, este hombre decidió nadar contra la corriente en una generación de notables y dedicar su vida a la justicia. La judicatura la realizó como Juez Promiscuo en Pinchote, hecho insólito por cuanto no contaba con un título como profesional, un pueblito santandereano perdido en la Cordillera Oriental. Sí, este hombre debutó como juez sin haberse graduado como abogado (cosa que antes era posible). 

Regresó a Bogotá para recibir de manos del Decano Eduardo Álvarez-Correa su título y volvió a su natal Santander para ingresar a la carrera judicial en un ascenso vertiginoso. Fue Juez Civil Municipal, Juez Laboral del Circuito y, finalmente, fue nombrado por el Consejo de Estado como Magistrado del Tribunal Administrativo de Santander en 1988.

El Magistrado Gutiérrez continúa trabajando con la misma pasión por la justicia como desde primer día en su labor judicial. Jamás ha tenido un solo llamado de atención ni una sola observación en su hoja de vida, y en 2014 fue elegido por el Consejo Superior de la Judicatura y el Consejo de Estado como el Mejor Magistrado de Colombia en la Rama de lo Contencioso Administrativo. Este hombre es, con sus más de treinta años de incólume servicio al país, un ejemplo vivo del adagio dworkiniano: La Justicia con Toga.

Hoy, vive orgulloso de ser uniandino pero, así mismo, preocupado porque de su alma máter son pocos los egresados que engendran la vocación de administrar justicia; esa que él, después de concluir que la ingeniería no era lo suyo, lleva 30 años ejerciendo. Al Derecho habló con Rafael para conocer, además de su enigmática carrera, sus opiniones frente a temas como la formación de los futuros abogados y la vocación judicial. 


Al Derecho: ¿Quién es Rafael Gutierrez Solano?

Rafael Gutiérrez: Soy un santandereano, nacido en San Gil. Ahí estudié y terminé mi bachillerato antes de venir a la Universidad de los Andes. Cuando llegué, en 1971, hice un preuniversitario en la Facultad de Ingeniería: ¡Equivocación mayúscula!, porque no tenía perfil ni el espíritu de ingeniero, terminé trasladado a Derecho. Ingresé finalmente a esta Facultad en 1972. 

Estudiar Derecho fue la mejor decisión de mi vida, si volviera a nacer estudiaría lo mismo. Mi decisión estuvo influenciada por mi formación, yo digo que antes de nacer en mi casa ya había piano y biblioteca. Vengo de una familia de intelectuales, de músicos, que me enseñaron a ser buen lector y a amar la cultura. Esa tendencia la tuve siempre, y me sirvió precisamente para mi formación como abogado.

“No soñé con ser juez porque en verdad nadie me lo propuso, nadie me lo dijo, no nos formaron para ser jueces.”

AD: ¿Cuando entró al pregrado de Derecho, después de venir de ingeniería, se imaginó alguna vez que iba a terminar siendo Juez? 

RG: No, y les voy a contar por qué: la formación de la Facultad -que para mí sigue siendo extraordinaria- no tenía una formación enfocada hacia esa vía. La rama judicial nunca estuvo en lo que nosotros escuchamos de ningún profesor ni ningún Decano. No soñé con ser juez porque en verdad nadie me lo propuso, nadie me lo dijo, no nos formaron para ser jueces. Sería muy importante, que tal como estoy enterado, la Decanatura adopte una actitud propositiva, invitando a los abogados a que se involucren con el sector público, porque la Universidad de los Andes se ha caracterizado por ser especialista en el sector privado. En mi época era exótico decir que un abogado de los Andes era juez. La Facultad debe preocuparse por esto, porque esta sociedad está perdiendo sus valores y su ética; aunque yo nunca soñé ser juez, me alegra haberlo sido y seguir siéndolo. 

En mi época era exótico decir que un abogado de los Andes era juez

AD: ¿Cómo era la Facultad cuando usted estudió aquí?

RG: Ingresé a la Facultad en el 72 y me gradué el 07 de Julio de 1978, el diploma me lo entregó el Decano, el Dr. Álvarez Correa. Los recuerdos más gratos que tengo son los de mis años en la Facultad, fue un ambiente sumamente amable. Los Profesores que tuve fueron fundamentales en mi formación: Ciro Angarita Barón, Rafael Rivas Posada, Daniel Arango, Fernando Cancino Restrepo, Hernán Fabio López Blanco y muchos otros. Tuve ese privilegio, tener profesores que eran excelentes académicamente, pero sobretodo eran buenas personas, tenían una parte humanística. 

Tuvimos como profesores al Dr. Darío Echandía, para Filosofía del Derecho; a Aníbal Gómez Restrepo (que era tributarista, director de impuestos del doctor Carlos Lleras Restrepo, un hombre muy preparado) para Tributario; a Ramón de Zubiría, el poeta Rafael Maya, la Doctora Elena Uprimny (hermana de Rodrigo Uprimny). Es decir, toda una pléyade de profesores que marcaron mi vida y a quienes todavía recuerdo, porque son íconos.

De izquierda a derecha: Rafael Gutiérrez, Jesús María Gutiérrez, Miguel Ángel Torres, Felipe Gutiérrez, David Romero, Arturo Aragón, Carlos Tejeiro y Fredy Castro. Fotografía captada a las afueras del Edificio Roberto Franco en la década de los setentas. 

AD: Se cumplen 22 años desde la partida de los maestros Ciro Angarita Barón y Eduardo Álvarez-Correa, a quienes usted mucho menciona, ¿qué influencia cree que ellos tuvieron en la formación de los abogados de su generación?

RG: Mucha, eran personas sencillas y accesibles. El Dr. Ciro Angarita me dio Derecho Comercial y Derecho de Integración Andina y el monitor era Alfredo Fuentes Hernández, que después fue decano de la Facultad, un gran amigo y extraordinario abogado. 

Por el otro lado el Dr. Álvarez Correa me dio Derecho Internacional Privado. Él venía con un antecedente importantísimo, había sido redactor de la Constitución de un país de África. Yo tengo una frase que la digo con mucho respeto frente a todas las personas pero es lo que yo siento: como persona me inclino con reverencia solo ante Dios y ante la inteligencia, todo lo demás es pasajero. Estos caballeros tenían una inteligencia superior, eran realmente pedagogos, una cosa muy complicada, porque no es lo mismo dictar una clase que tener pedagogía para hacerlo. 

Hoy en día hay un reto mayor, los estudiantes tienen acceso a la tecnología, cualquier cosa que se les vaya a presentar como novedosa, si no se maneja diferente, el estudiante ya afirma tener la información. Estos profesores hicieron eso en mi época. 

Cuando fui a hacer una pasantía en Roma, recuerdo un profesor italiano que se enteró que yo era colombiano y había salido de Los Andes; inmediatamente me preguntó si conocía a Ciro Angarita, y, ahí, me di cuenta de la dimensión de este hombre extraordinario. Nunca podré olvidarlo, con su inteligencia superior, a pesar de sus limitaciones físicas.  

“Los estudiantes deben exigirle a la Facultad tener formación para llegar a la Rama Judicial, porque está en deuda”

AD: Usted entró a la Rama Judicial siendo aún estudiante, ¿cómo era el ingreso a la Rama en esa época?

RG: Cuando yo entre a la Rama Judicial lo nombraban a uno a dedo. Los magistrados de los Tribunales lo nombraban a uno juez. En el año de 1988, el Consejo de Estado me seleccionó por mi hoja de vida y mi formación. Luego ya en el año 89 tuve que concursar como se hace hasta el día de hoy. 

AD: ¿Considera que la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes está en deuda con la Rama Judicial del país? 

RG: Sí, y quisiera que ustedes que me escuchan se motivaran y se dieran cuenta de la importancia y trascendencia que tiene que los abogados de los Andes se vayan vinculando a la Rama Judicial, porque en un país en donde no hay justicia, lo demás no funciona. Los estudiantes deben exigirle a la Facultad tener formación para llegar a la Rama Judicial, porque está en deuda. Normalmente los abogados de los Andes no se perfilan para esta Rama. 

“En la Sala de Juntas, donde están las fotos de los decanos de nuestra Facultad, no colocaron la de Fernando Umaña Pavolini, que fue mi primer decano y el de muchos más colegas”: advierte extrañado el Magistrado Rafael Gutiérrez Solano. 

AD: ¿Qué cualidades debe tener un estudiante de derecho uniandino que quiera empezar su carrera judicial?

RG: Les voy a contar una anécdota: una de las veces que aspire al Consejo de Estado, le pregunté a un Consejero, ¿qué se necesita para ser Consejero? Me dijo: para ser un magistrado y juez, la primera condición que se debe tener es ser buena persona. Alguien que sea mala persona, no puede ser juez. Con eso me dijo todo. Una persona que quiere ser juez, debe tener convicciones rectas, ser justo y equilibrado. El mensaje fue muy claro. 

AD: ¿Qué tanto ha avanzado el país en limpiar la Rama Judicial desde que usted ha sido Magistrado?

RG: Desgraciadamente para Colombia, la corrupción es el peor mal que tienen la sociedad. La corrupción es la gasolina para que otros se motiven a seguir delinquiendo. Como dice el adagio latino: Corruptio optimi pessima. 

La corrupción es mala, pero la corrupción de los mejores es aún peor. En la Rama se han visto fenómenos que a uno lo avergüenzan y lo alteran, generan tristeza, porque para ser juez se debe ser buena persona y a las Altas Cortes, en algunos casos, no han llegado los mejores, por esa gente tenemos hoy en día temas como El cartel de la Toga.  

En términos generales, es muy triste ver como la corrupción ya llegó a permear la Rama Judicial, y es absolutamente lamentable. Con tantos años que yo he vivido en la judicatura para mí es muy doloroso ver esta decadencia, estamos tocando el fondo y ustedes los jóvenes tienen que darse cuenta que no pueden seguir ese mismo sendero, o si no el país se va a acabar. 

AD: Reemplazar clases como teoría jurídica, filosofía del derecho, sociología jurídica y ética por cursos que sean “propiamente de Derecho”: ¿qué opinión le merece esta propuesta de reforma? 

RG: A mí me parece un error, una persona no puede tener una formación como abogado simplemente aprendiendo normas. Si la formación del abogado no tiene los componentes que le brindan esas materias, para mí es un abogado mediocre. La universidad debe tener unos parámetros que complementen lo que usted ya es como persona, inclusive que lo mejoren, y esas materias que menciona son claves en la formación del abogado. El abogado que sólo sabe Derecho, no sabe ni Derecho. 

AD: ¿Cuál fue su materia favorita y su profesor favorito?
RG: Mi materia favorita fue el Derecho Administrativo con Jaime Vidal Perdomo, pero mis profesores favoritos fueron los profesores de las materias que actualmente las facultades de Derecho han optado por eliminar -historia, literatura, ética, filosofía- lo cual es un despropósito, estas materias ayudan a ser buenos jueces, ministros o presidentes. 

¡Actualmente le hacemos un examen de historia a estas personas y no tienen ni idea! Estos maestros trazaron un gran sendero, uno muy bello en mi carrera. Ojalá en esta época tengan profesores como Ramón de Zubiría, “buenas papas”, que sean exigentes pero accesibles.



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