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El coronavirus y sus dilemas éticos, desde la experiencia

Por: Nicolás Forero Villarreal, estudiante de la Maestría en Relaciones Internacionales en Johns Hopkins University. Abogado uniandino (2016), con maestría en Derecho Internacional (2018), y exprofesor de cátedra de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes. nforero1@jhu.edu

Escribo desde Boloña, Italia, luego de permanecer una semana encerrado en casa atendiendo la directiva del gobierno italiano para frenar la expansión del coronavirus. Al igual que muchos de ustedes, nunca pensé que la situación empeoraría hasta este punto. Durante varias semanas, junto a mis colegas de Johns Hopkins hemos escuchado reportes sobre el deterioro de la situación en el norte de Italia, pero siempre existió un escepticismo frente a la verdadera gravedad de la crisis. 

En cuestión de un fin de semana, la realidad de más de 60 millones de personas se transformó

Estábamos aferrados a la normalidad que habíamos construido luego de vivir en Italia durante casi dos años. Pero esa normalidad se suspendió el 9 de marzo del 2020 cuando Italia declaró el aislamiento en la totalidad del territorio nacional. Se restringió la libre circulación y se cerraron restaurantes y otros establecimientos de comercio. 

Actualmente, la orden es no dejar la vivienda a menos de que se requiera salir por alguna necesidad esencial como ir a la farmacia o al supermercado. Adicionalmente, quien se encuentre por fuera de su lugar de residencia debe portar una declaración firmada que esclarezca el destino y el motivo de salida, así como la dirección de domicilio. En cuestión de un fin de semana, la realidad de más de 60 millones de personas se transformó, dando inicio a un período de aislamiento que seguramente nos pondrá a todos a prueba. Es precisamente esta prueba a la que quiero referirme en este texto.

Antes de seguir quiero hacer una advertencia:  La crisis de salud pública que enfrentamos hoy más de 130 países a raíz del coronavirus no es un motivo para comenzar a realizar comparaciones inoportunas frente a la gravedad o importancia de otras problemáticos. El cambio climático, el asesinato de líderes sociales o los desastrosos escándalos de corrupción del incompetente gobierno nacional siguen siendo temas prioritarios. De igual forma, estar en cuarentena y en aislamiento tampoco se puede comparar con estar bajo el asedio de un conflicto armado. Algunas personas han sacado a relucir que padecer un bombardeo o estar en medio de un conflicto armado no ha generado tanta conmoción como el coronavirus. Y quizás hasta cierto punto tengan razón. Pero esta cuestión va más allá del cubrimiento mediático o la difusión de una problemática en particular a través de las tribunas de las redes sociales. 

Esta crisis ha afectado a millones de personas en el mundo sin consideración por las diversas realidades socioeconómicas y políticas. Yo solo puedo hablar de la realidad que estoy viviendo, sin que eso signifique que desconozca mis privilegios u otras problemáticas. Por ejemplo, la situación en Irán es crítica y poca atención ha ocupado en la opinión pública. La situación en las cárceles y centros donde hay adultos y menores de edad supone también una preocupación por la vulnerabilidad de estas poblaciones ante esta pandemia. Por lo tanto, se debe realizar un seguimiento implacable frente a las medidas que está tomando el gobierno para proteger a estas poblaciones del coronavirus. De todas formas, y sin importar nuestras diferencias, hoy existe un llamado universal para prevenir que se siga expandiendo este virus.

Ética en tiempos de pandemia

Yo me gradué de la Universidad de los Andes en el 2016 como abogado, hice una maestría en Derecho Internacional y trabajé durante un semestre como profesor en la facultad de Derecho. Durante estos años fui testigo de una constante curiosidad por parte de los estudiantes de la facultad sobre cómo aportar positivamente a la sociedad. 

“Hoy estamos bajo circunstancias extraordinarias que nos obligan, a cada uno de nosotros, a reflexionar sobre la ética al nivel más básico e individual

Fui testigo, además, de la preocupación constante por la ética de nuestra profesión; una cuestión que este Periódico se ha encargado de estudiar de manera contundente y a fondo en otras ediciones. Sin lugar a dudas, pueden existir muchas discusiones sobre ética en el derecho y en nuestro país. No debemos ir muy lejos para ver los problemas éticos en nuestros entornos: cometer plagio, la deshonestidad en procesos electorales estudiantiles o la compra de votos en elecciones presidenciales. 

Sin embargo, hoy estamos bajo circunstancias extraordinarias que nos obligan, a cada uno de nosotros, a reflexionar sobre la ética al nivel más básico e individual. Hoy más que nunca debemos pensar muy bien las decisiones que, a la luz de los riesgos, implica el coronavirus. La directiva es clara: hay que quedarse en la casa.

En Italia, la cifra de fallecidos por el COVID-19 asciende a más de 1800 personas, y los enfermos por el virus a casi 25 mil. Imagen obtenida del diario El Confidencial.  

El caso de China, Italia y el resto de Europa deben ser ejemplos que pueden informar a personas racionales sobre qué medidas preventivas hay que tomar. Al igual que muchos de ustedes, en un primer momento asumí mi juventud como una justificación para seguir adelante con mi vida cotidiana a pesar de que el virus acechaba a Lombardía, el Véneto y a la región donde vivo, la Emilia Romaña. Pero el rápido deterioro de la situación me hizo entender que, sin importar mi edad o nivel de riesgo de padecer el temido coronavirus, tengo una responsabilidad con la comunidad en la que me encuentro en estos momentos. 

No solo quiero evitar contraer la enfermedad o propagarla. Quiero evitar quitarle el lugar a una persona vulnerable que necesite de cuidados intensivos”

Ver imágenes de las funerarias en Bérgamo que operan 24/7 y que no dan abasto es contundente: esto no es un juego o una película. No solo quiero evitar contraer la enfermedad o propagarla. Quiero evitar quitarle el lugar a una persona vulnerable que necesite de cuidados intensivos. Finalmente, a esto se reduce la reflexión ética que debemos tomar de aquí en adelante. 

La evidencia científica nos muestra que la tasa de mortalidad no es muy alta y que las personas jóvenes tienen menos riesgo de morir. Pero nuestras acciones no solo pueden estar orientadas por el miedo a la muerte. El coronavirus nos hace reflexionar sobre nuestro rol en las comunidades a las que pertenecemos, ya que, no solo ponemos nuestra salud en riesgo, ponemos en riesgo la vida de otros y la sostenibilidad de un frágil sistema de salud.

Es difícil actuar en contra de aquellos impulsos nihilistas y prácticas sociales. Sin embargo, el tiempo de la frivolidad se acabó y cada paso que tomemos de aquí en adelante es clave para responder a esta crisis. Italia cerró fronteras y restringió el derecho a la libre circulación porque el sistema de salud está al borde del colapso debido a que los cupos en cuidados intensivos están casi llegando a su límite. 

¿Qué puede pasar en un país como Colombia? 

Nuestro sistema de salud tiene muchas deficiencias y claramente a medida que se haga una revisión por fuera de las capitales de los departamentos, la situación se revelará más precaria. Además, nuestro gobierno, liderado por el señor Duque, deja muchas dudas sobre su capacidad de respuesta. Las medidas de prevención deben ser radicales e inmediatas. Acá no hay lugar para preocupaciones por la economía. Europa cometió inicialmente ese error y hoy es el epicentro de contagio.

En Colombia, hasta la fecha, van 34 personas confirmadas, en 8 ciudades del país, contagiadas del COVID-19, según cifras del Ministerio de Salud. Imagen :Presidencia de la República.

Muchas personas reclaman protagonismo y espacios para cambiar el país. Hoy tenemos un llamado real para contener esta grave crisis de salud pública asumiendo una responsabilidad sencilla: quedarse en casa. Al final debemos tomar una decisión ética sobre cómo nos vamos a comportar frente a la crisis. 

Yo no tengo muchas opciones en estos momentos ya que me encuentro en aislamiento. Pero mi decisión es respetar el decreto del Consejo de Ministros. Lastimosamente, tengo compañeros y colegas que no lo siguieron por ir a una fiesta de cumpleaños donde se reunieron alrededor de veinte personas. Una decisión irresponsable y egoísta que fue muy mal recibida por la comunidad en Bologna. Esto, no solo por violar la ley, sino por haber puesto en riesgo a más de cuatrocientos mil habitantes, despreciando los esfuerzos del personal médico que ha estado trabajando de manera incansable por atender cientos de pacientes con coronavirus. 

Es momento de asumir las cosas de acuerdo con nuestras circunstancias. No podemos pensar que las prácticas sociales siguen como si nada hubiera cambiado. La realidad es que todo cambió y si queremos parar el crecimiento de este virus, se debe mantener así por un tiempo.

La decisión es ahora de ustedes, pues tienen la posibilidad de responder con fuerza ante la crisis dándole un respiro al sistema de salud y a su personal en Colombia. Pero la decisión es suya sea la que sea y deberán vivir con ella, asumiendo los grandes costos sociales que el país deberá afrontar en las próximas semanas.

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Opinión

One thought on “El coronavirus y sus dilemas éticos, desde la experiencia Deja un comentario

  1. Excelente artículo y brillantes reflexiones las de este.joven profesional del Derecho. Con la mano en el corazón debemos dejar de lado todo egoísmo y entregarnos a la tarea de evitar , a todo costo , la propagación del virus. En Italia se.lo y tomaron a la ligera y hoy están pagando las consecuencias de ese enorme error.

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