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Tan solo lujos

Juan Felipe Molano Ramírez, estudiante de noveno semestre de Derecho con opciones en Arquitectura y Ciudad y Filosofía. Miembro del Consejo Editorial, Sección Opinión.

La voz del maestro, su retórica, el aula, y, nuestros amigos. Todo esto ha sido dejado de lado con la virtualización de las clases en Uniandes; mucho más que una medida para cuidar la salud pública.

Hace poco más de tres años terminaba mi curso de Derecho Constitucional con el Prof. Hernán Correa. En la clase de cierre el profesor abarcó el último tema que componía la estructura del curso y procedió a despedirse de los estudiantes con un breve pero profundo discurso. «Aprovechen a sus profesores, la educación, así, en salones, es un lujo que no durará por siempre». En su momento no comprendí a qué hacía referencia, quizá porque eran las 20:00 y había estado escuchándolo por más de dos horas, sin embargo, esas fueron quizá las palabras que más profundo se grabaron en mí. 

Ya es noticia de conocimiento general que, con ocasión del COVID-19 —Coronavirus—, la Universidad ha invertido una considerable suma de dinero para adquirir la función de Sicua+ que nos permite tomar las clases de forma virtual. En principio, la medida se toma por la situación de salud pública que supone el virus; así como atendiendo a las recomendaciones de organizaciones nacionales e internacionales y las fuertes declaraciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud, que ha clasificado al Coronavirus como una pandemia.

Mi intención no es atacar o criticar la decisión adoptada por la Universidad con el ánimo de contener la crisis que supone el virus. Sin embargo, algunas líneas del correo que desde rectoría nos enviaron el jueves de la semana pasada retumbaron en mí, haciéndome recordar las palabras de mi profesor de Constitucional.

Dando inicio al quinto párrafo del comunicado, el Rector Gaviria pone de presente que pese a la coyuntura crítica, la ocasión se presta para reevaluar los métodos pedagógicos hasta ahora empleados por nuestra alma mater y su relación con los medios tecnológicos. Ciertamente, estas líneas me inquietaron significativamente. Y es que pese a que la medida inicialmente se toma por un mes —que no es menor, después de todo, 4 semanas son el 25% del semestre—, las palabras del Rector me dan a entender que Uniandes puede estar avocándose a un escenario en el que muchas clases hagan tránsito a la virtualidad. 

Produce para mí una gran desazón y una profunda zozobra experimentar las palabras sentenciadas hace años por mi profesor de Constitucional.  Considero que en el ejercicio de la docencia no hay mayor riqueza que tener al docente en vivo en el aula, escucharlo, ser presa de sus estrategias retóricas. El extraño almizcle del marcador de tablero y el sonido producido directamente por la voz del maestro no tiene comparación alguna por el sonido metalizado que se experimenta al escucharlo a través de altavoces. Presenciar sus recorridos y pasos, no es equiparable a verlo a través de unos pixeles, sentado, gris, fofo. El paso de diapositivas en una presentación de Power Point no es ni de cerca tan ilustrativo como los dibujos y esquemas que se pintan en el tablero. Incluso, la mismísima disposición arquitectónica de los espacios hace que se sienta distinta la experiencia: que no es lo mismo introducirse en un teatro de piso descendiente, concéntrico y con una tarima en el fondo, a relegarse a un escritorio en la casa para tomar una clase.

No demeritaré el rol facilitador que tiene la tecnología, ni su importante papel para contener la crisis sanitaria actual; tampoco negaré que me resulta cómodo tomar las clases desde casa, especialmente teniendo en cuenta que vivo a casi dos horas de la Universidad. Sin embargo, no escondo mi pesar por el inevitable replanteamiento de los modelos pedagógicos del que escribió Gaviria días atrás. En todo caso, la sentencia de mi profesor fue cierta y el escenario del salón de clase, con el profesor en vivo, la arquitectura pedagógica, la retórica del maestro e incluso la inigualable fluidez que se tiene en un aula -por oposición a una sesión de Blackboard Collaborate o de Microsoft Teams-, fueron, siempre, lujos. 

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