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Sobre recesiones y lecciones: el recorrido empieza de nuevo

Hace unos días reflexionaba con un entrañable amigo sobre la ciclicidad de la mayoría de las dinámicas de la vida. En un tono vehemente, al respecto de la coyuntura, afirmó: “si las recesiones son inherentes a la economía, ¿por qué nos exaltamos tanto cuando ocurren?”. Sorprendentemente, el más reciente anuncio de la nueva cabeza del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, nos vuelve a dejar a todos con los pelos de punta: es evidente que la economía global ha entrado en una recesión que podría ser incluso peor que la del 2008. 

Una recesión inminente con un desmesurado impacto sobre la prosperidad global es un evento absolutamente trágico; pues pone en el ojo del huracán a los más vulnerables, quienes se convierten en víctimas irremediables del desempleo y la incertidumbre. La recesión reversa avances sociales históricos y es el espacio en el que aun la más grande de las fortunas se puede desmoronar ante las miradas atónitas e impotentes de instituciones económicas sólidas, banqueros y, por supuesto, la sociedad civil. Este difícil panorama, sumado a la aterradora pandemia que amenaza con diezmar a la humanidad, sitúa una nube muy oscura sobre el horizonte económico global.

Por fortuna para todos, esta no es la primera ni la última de las recesiones, como aun los más fatalistas lo reconocen. Es innegable que esta coyuntura es un reto económico para todos, como en su momento lo fue la caída del grupo Gran Colombiano, la crisis cafetera en los 80´s, la crisis de la deuda soberana e hipotecaria en los 90´s. O, en tiempos más recientes, los coletazos de la Crisis Financiera Global de 2008 y la caída de los precios internacionales del petróleo en 2014. 

No será fácil, pero Colombia puede superar la inminente recesión 

Cuando una locomotora pierde potencia para cruzar un prolongado acantilado, el maquinista debe depositar enormes paladas de carbón en las calderas —función agobiante y costosa, especialmente porque la fuerza de los hombres y los depósitos de carbón no son infinitos—. En nuestro caso, aunque las reservas internacionales tampoco son ilimitadas, emplearlas es indispensable a fin de conjurar la crisis. Este es uno de los desafíos que enfrentan el Banco de la República, el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda, pues, con una tecnocracia altamente capacitada, tendrán que tomar las medidas pertinentes que conduzcan nuevamente la economía a su trayectoria óptima. Su tarea, en últimas, será evitar que nuestro tren se quede varado a la mitad del abismo.

Nuestra nación, que nunca ha estado exenta de fuertes crisis, se ha sobrepuesto siempre ante estos complejos acontecimientos, caracterizándose por un manejo responsable y sensato de las finanzas públicas. Incluso en los momentos más tumultuosos, Colombia ha establecido con ello una marcada diferencia respecto a los demás países de la región. El complejo y doloroso proceso de ensayo y error que ha caracterizado la historia económica colombiana ha dejado importantes lecciones para las instituciones macroeconómicas; y esto, si logra aprovecharse al formular las políticas necesarias para hacerle frente a la coyuntura, puede mitigar el impacto de la crisis que está ocasionando la pandemia. 

De momento, nuestras instituciones están tomando medidas consistentes, destinadas a irrigar con liquidez monetaria el sistema, que van desde la disminución de las tasas de interés hasta la puesta en marcha de operaciones repos con bonos privados y públicos por 17 billones de Pesos. Los retos de esta coyuntura son muy grandes, pero, en la medida de lo posible, el país les está haciendo frente. 

Atención con las exportaciones y el desempleo

Retomando la analogía, no tiene ningún sentido que crucemos al otro lado de este gigantesco acantilado si en el camino perdemos al 60% de los pasajeros del tren que trabajan en la informalidad y a los 3 millones de trabajadores formales que ven en riesgo sus puestos. Ante la amenaza de desempleo, una base exportadora diversificada es, por lo general, la estrategia más respaldada entre los académicos como la mejor fuente de creación de empleos formales. Colombia debe aumentar sus exportaciones. 

La coyuntura ocasionada por el COVID-19 es particularmente favorable para la materialización del sueño de todos los estadistas colombianos de los últimos dos siglos, esto es, el establecimiento de una base exportadora sólida que aproveche los ya deteriorados términos de intercambio (y nos quite de encima los riesgos inherentes que trae consigo una tasa de $4,100 por dólar). En efecto, la única manera en la que podremos dejar de escandalizarnos de un dólar tan caro es mejorando nuestra vocación exportadora, y esto presupone incrementar nuestra capacidad de compartir y llevar más de Colombia al mundo.

Muy a pesar de que inicialmente nuestro panorama parece alentador, comparado al de nuestros vecinos, Argentina, Ecuador y Venezuela (todos en default), es momento de que, como nación, nos fundamos en un mensaje de unión. Esto, en primer lugar, acatando las medidas preventivas dispuestas por el Gobierno Nacional. En segundo lugar, buscando las oportunidades para explotar nuestra enorme ventaja comparativa, aumentando la variedad y calidad de nuestras exportaciones. 

La duración de esta recesión se mantendrá supeditada al control de la pandemia, lo cual es realmente incierto. Sin embargo, podemos estar seguros de que si no mejoramos nuestra exposición al mercado de commodities, aún si atravesamos con éxito este percance transitorio que ha producido el COVID-19, cualquier resfrío podrá frenar nuestra folclórica locomotora. 

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