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La crisis, catalizador de la comunidad

¿Qué es la comunidad uniandina? Esa pregunta me la hicieron varios compañeros del colegio cuando decidí estudiar en nuestra universidad. Venía de un colegio con un sentido de pertenencia muy fuerte y uno de los argumentos que muchos de mis compañeros utilizaron para no escoger los Andes fue que en esta universidad no había pertenencia ni comunidad. Todos éramos un número. Hoy puedo decir categóricamente que esa afirmación es completamente equivocada.

Somos una gran comunidad, una que se extiende mucho más allá de lo que aparenta a primera vista. Una comunidad que está probándose a sí misma su propia fortaleza. En las situaciones difíciles es que se ponen a prueba los lazos de una comunidad y la nuestra no solo los ha mantenido, sino que los ha estrechado y extendido a aquellos miembros que normalmente no son muy visibles. 

Los uniandinos somos mucho más que solo los alumnos, los profesores y los administrativos. La comunidad ha demostrado que lo que nos hace miembros de la misma no es un carnet que diga “Uniandes Soy Yo”, sino un tejido social compartido que nos une, construido por todos aquellos que llamamos al barrio Las Aguas hogar, y que nos ata en el cariño y el amor por los otros miembros que lo integran. 

En las últimas semanas, he tenido la fortuna de observar y participar en las acciones de los uniandinos para apoyar a su comunidad. He visto cómo los estudiantes se han organizado en grupos con sus amigos para enviar mercados y auxilios para los arriendos a las monitas de los puestos de cigarrillos. Las mismas monas que les deseaban suerte antes de que entraran al parcial, que les regalaban una gomita cuando los veían tristes y que les fiaban cuando, por cualquier razón, no tenían plata y no habían comido nada desde el desayuno.  

He visto cómo los clientes frecuentes de los parqueaderos están ayudando a los trabajadores – que no les están pagando – y a los que tienen parqueaderos independientes y no están generando  ingresos. Los mismos que los ayudaron a parquear cuando iban tarde, que los recibían al comenzar el día con una sonrisa, que salían corriendo con un paraguas y que los ayudaban con las maquetas y proyectos cuando no podían cargarlos solos. 

He visto cómo los estudiantes, miembros del Consejo Estudiantil de la Facultad de Administración (CEFA), por ejemplo, están ayudando a las fotocopiadoras a reinventarse, a conseguir donaciones y a promover formas innovadoras de utilizar sus servicios. Esas fotocopiadoras que llevan en la comunidad más que cualquier alumno y seguramente más que cualquier profesor y le han dado un apoyo inmensurable a miles de estudiantes a sacar sus proyectos adelante. 

He visto cómo los profesores de las facultades han aprobado unánimemente donar un porcentaje de su sueldo para que las monitas de Casalimpia, que no son empleadas de la Universidad, puedan seguir recibiendo su sueldo. Estas son solo algunas acciones, sería imposible nombrar en un solo artículo todas las soluciones que han buscado los uniandinos. 

La Universidad, como institución, también ha corrido a contribuir. En momentos de incertidumbre económica, donde la austeridad se vuelve necesaria, ha redoblado sus esfuerzos de ayuda financiera. Ha invertido en proveer vivienda y acceso a computadores e internet para los estudiantes más vulnerables. Ha puesto a disposición del país su infraestructura y su capital, tanto humano como económico, para combatir la pandemia. Le ha dado un parte de tranquilidad a sus trabajadores, extendiéndoles por primera vez contratos de trabajo a término indefinido. Ha apoyado a 350 familias vecinas con ayudas alimentarias y asesoría médica, psicológica y financiera. Ha puesto como prioridad número uno a las personas. 

Es esperanzador ver la solidaridad ante la calamidad. Ver lo que puede lograr nuestra comunidad cuando trabaja unida. Mi reflexión es que la vida nos ha puesto una prueba y la estamos superando con creces, pero necesitamos seguir trabajando. Necesitamos centralizar el peso y la fuerza de nuestra comunidad para poder ayudar a todos sus miembros. Mi propuesta es la siguiente: Que la Universidad cree un espacio virtual para reunir y conectar a las personas que necesitan ayuda, sean estudiantes, profesores, monitores, fotocopiadoras, restaurantes etc., con las personas que pueden ayudar. Para todos aquellos que quieren ayudar y no han sabido cómo hacerlo esta sería una gran herramienta y para aquellos que no hallan alivio, será un lugar para encontrar la reconfortante calidez del apoyo de su comunidad. 

Soy uniandino y estoy orgulloso de llamar al barrio Las Aguas mi hogar. Estoy orgulloso de pertenecer a algo mucho más grande que solo una universidad. Estoy orgulloso de ver cómo mi comunidad no para, cómo se une, cómo se apoya y cómo derrota la adversidad.

Imagen: Revista Comfama

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