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El divorcio entre la metodología y la enseñanza del Derecho

«Las personas investigan desde niños, es la naturaleza humana.»

Roberto Hernandez Sampieri

El Derecho es una disciplina de suma importancia para el mundo académico, y su enseñanza es más importante aún. El ejercicio de la enseñanza brinda la posibilidad de que como abogados nos preguntemos que le depara el futuro al estudio jurídico y a la investigación, que tan útil es para poder dar respuestas a la multitud de preguntas que surgen en nuestro entorno. Así como muchas ciencias y demás disciplinas han evolucionado con el tiempo, no debemos perder la oportunidad de seguir modernizando el área de la investigación jurídica que tantas veces es desprestigiado o dejado a un lado por parte de juristas que solo consideran el valor práctico de la disciplina cómo importante. En esta columna traigo a colación una solución para hacer del estudio jurídico una ciencia compuesta de metodologías firmes y válidas que permitan abrir un mundo desconocido (para muchos) en las facultades de Derecho

Para comenzar a detallar este problema, debemos identificar los elementos que compondrían la evolución de la enseñanza de la investigación jurídica, para eso sería útil dar un vistazo a nuestras facultades. Las escuelas y facultades de Derecho en Colombia se caracterizan por contener una variedad de materias en sus pensum, las cuales pasan de estudiar las áreas mas teóricas, hasta la formación de las habilidades más prácticas que un abogado debe tener. Este sendero del aprendizaje para el futuro abogado cuenta con muchas áreas que son enseñadas y exploradas a cabalidad, no obstante, se ha dejado a un lado la enseñanza sobre como se debe realizar una investigación y bajo qué métodos podemos llegar a corroborar una respuesta dentro de un campo tan académico como es el del Derecho. Como ejemplo de esto, una breve consulta dentro de los programas académicos de las cinco mejores facultades de Derecho en el país muestra que ningún pensum cuenta con cursos sobre investigación o metodologías excepto por la Universidad Nacional. El olvido de este tipo de cursos dentro de las facultades del país es inusual al tener en cuenta que existen multitud de escuelas en todo el mundo, que requieren que el abogado dentro de su formación aprenda a hacer uso de metodologías para poner práctica todos los conocimientos que ha adquirido. Por ello, este es un llamado para reinventarnos y adecuar la formación de los futuros abogados hacía una mirada más interdisciplinar e investigativa del Derecho.

Adicionalmente, otro problema surge desde la perspectiva de los estudiantes que no se interesan por las metodologías que se usan en la investigación jurídica. En su mayoría, este desinterés nace del desconocimiento acerca de las habilidades y componentes que se enseñan en este tipo de cursos, así como lo plantea Sampieri en una reflexión sobre la enseñanza de la investigación científica, “Hay quien piensa que la investigación es algo propio de personas de edad avanzada con pipa, barba, lentes, pelo canoso y desaliñado. Algunos consideran que es algo complicado muy difícil de aplicar y que requiere un talento especial. Sin embargo, la investigación no es nada de esto.” (Sampieri, 1999).

Entonces este ‘tabú’, que se relaciona con la investigación jurídica y sus métodos, se origina a partir de la falta de la educación que a los estudiantes se les provee sobre esta área a lo largo de su formación académica, al no ser siquiera introducido o discutido en los pensum de las facultades del país. Así, se termina inhibiendo la calidad de educación, hecho que Andrés Antonio Alarcón (2014) ya evidenció en uno de sus textos, “La manera de formar a los abogados propuesta e implementada por las facultades de derecho en los últimos lustros, no tiene relación o no tiene en cuenta el contexto real en donde se desenvolverán sus profesionales”. El contexto real al cuál se refiere el autor da cuenta del elemento investigativo del cuál carecen los programa de estudio en el país, por lo que el estudiante en definitiva tiene pocas opciones para comprender y aplicar los conceptos metodológicos de la investigación jurídica.

Con el fin de esbozar el problema con mayor claridad, hagamos la comparación entre las competencias que un estudiante obtendría al tomar un curso metodológico a comparación del estudiante que no lo hace. La falta de estudio de este tipo de cursos no permite que el estudiante realmente cuente con las herramientas y conocimientos necesarios para llevar a cabo una investigación de naturaleza jurídica. Este impedimento en realidad es un limitante, el estudiante no puede poner en práctica a cabalidad los conocimientos que ha adquirido y no puede comprobarlos de forma idónea dentro de su campo de acción, razón por la cual estos conocimientos se quedan en abstractos muchas veces incomprensibles.  

Ahora bien, dentro de este tipo de materias se enseñan multitud de métodos y formas bajo las cuales se pueden abordar problemáticas y preguntas del entorno jurídico. Esto permite que el estudiante obtenga habilidades cognitivas como la síntesis, relación, capacidad de análisis, pensamiento sistemático y complejo. Competencias que son fundamentales teniendo en cuenta que la investigación de tipología legal contiene diversas aplicaciones y aporta grandes cambios en el ámbito social, lo que es demostrado por autores como Juan Vega Gómez (2014) quién dice que la investigación jurídica tiene como materia de estudio las normatividades que son consideradas importantes para mantener la vida social, por lo que el lugar ideal para entender y criticar las leyes es dado por la investigación jurídica. Adicionalmente, esto permite que el estudiante sea capaz de analizar una dimensión tanto política como social dentro del marco de la investigación.

Estos conocimientos complementan la rigurosidad que un jurista deberá tener de cara a la recolección de datos y evidencias dentro de su entorno. Dentro de un campo de investigación estas habilidades son de gran utilidad para que el futuro abogado cuente con un marco analítico o epistemológico desde el cual abordar los problemas que pueda afrontar a lo largo de su carrera profesional. Otro punto para tener en cuenta es que el estudiante con las competencias ya mencionadas, se encontraría en la completa capacidad para realizar un trabajo de grado o investigación con bastante solvencia, habilidades fundamentales de cara a una maestría o doctorado son fundamentales. Todos estos puntos acentúan entonces la necesidad de que estas competencias sean enseñadas al estudiante que aspira ser abogado. 

En los últimos años ha habido intentos en todo el mundo por implementar la enseñanza de cursos metodológicos dentro de las escuelas de Derecho. Por ejemplo, en México los licenciados en derecho José Rubén Croda y Eric Abad Espíndola crearon en el 2016 un manual sobre los contenidos que un curso de metodología jurídica debería tener, con el fin de que los estudiantes sean capaces de aprehender las ventajas de tipo de saberes de cara a su formación profesional. Este modelo de aprendizaje contiene la enseñanza de metodologías tanto cualitativas como cuantitativas relacionadas con la investigación de tipo legal, por ello se ven rezagos de un trabajo interdisciplinar en estos cursos que también demandan que el estudiante ponga en práctica lo aprendido en todas las áreas para realizar un modelo de investigación jurídica; como este tipo de programa, existen diversos cursos que ya están siendo dictados en diversos países. Así esta propuesta de enseñanza -de gran difusión- parte de lo dicho por Andrés Antonio Alarcón (2014) cuando explicaba que los docentes deben construir currículos flexibles, donde la investigación de cohorte formativo se privilegie para mejorar las competencias de los abogados del futuro.

Las soluciones que se le han dado al problema de la falta de enseñanza en el área metodológica del Derecho hoy en día son aplicadas en universidades de todo el mundo tanto en el nivel de pregrado como posgrado. Es así como nace mi propuesta es la de abrir dentro de las facultades del país una conversación para que se pueda discutir la importancia de enseñar este tipo de cursos, logrando así que -en un futuro- los estudiantes de forma obligatoria u opcional puedan atender a materias que les enseñen sobre la investigación, partiendo del trabajo pedagógico. Así  los estudiantes tendrían la oportunidad de ver un curso de este estilo con vistas a su carrera profesional, considero que esta sería una muy buena adición a los programas de estudio que buscan fomentar la investigación de sus estudiantes.

En conclusión, considero que la metodología de la investigación jurídica es un área fundamental para la formación del futuro abogado en Colombia. Además de las habilidades y competencias que deberían ser enseñadas, este tipo de curso abre un mundo nuevo para los estudiantes quienes tendrían la posibilidad de explorar nuevos intereses y gustos en materia jurídica. La investigación dentro de nuestra disciplina no debe ser menospreciada, por lo tanto, y ofrecer un curso sobre metodología de la investigación jurídica debería ser como mínimo contemplado para integrar ese vasto campo de enseñanza que constituye el estudio del Derecho. Sin más, espero que estas consideraciones puedan ser tenidas en cuenta a futuro para así lograr que la enseñanza investigativa e interdisciplinar continúe siendo un eslabón fundamental dentro de nuestros centros de estudio.

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