Saltar al contenido

Notorious RBG: El legado de Ruth Bader Ginsburg

Por: Daniela López Carvajal y Carlos Beltrán 

Una imponente escalinata de mármol blanco de Vermont se alza en la mitad de una explanada. Ancha y excelsa, de profundidad infinita, desemboca en una fachada grandilocuente, que se asemeja el inolvidable Parthenón griego y refuerza la idea del Templo de Justicia. En la inmensidad, una mujer. De aspecto frágil, delgada y menuda, camina a paso acompasado, sin prisa ni pausa, hacia la cima. 

Su vestido azul eléctrico contrasta su diminuta figura contra el blanco vacío de la arquitectura de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Con paso lento y cuidadoso sube los últimos escalones que le separan del destino final. Es anciana, pero lleva sus años con dignidad. Los visos plateados resaltan en su cabello delicadamente sujetado a un moño y lleva las gruesas gafas de pasta negra que le confieren su celebrada aura de autoridad indiscutible. Un sofisticado foulard (que nos remite inevitablemente a sus collares) y un par de guantes infaltables que combina según la ocasión, completan el retrato de esta mujer tímida e introspectiva, estandarte de su tiempo, convertida en una estampa que ha dado la vuelta al mundo.

Allí está ella, su perfil se recorta en el horizonte contra la cúpula del Capitolio en pleno ocaso otoñal de Washington D.C. Ruth-Bader-Ginsburg. Ruth, la intelectual feminista; Bader, la mujer judía que estudió en Harvard y Columbia; Ginsburg, esposa y madre de familia impenitente. Notorious RBG, la jueza rockstar del Supremo, hija predilecta de Brooklyn, mira desafiante a la Cámara y continúa impasible su camino hacia las puertas de roble. Esta escena final de On the Basis of Sex, película que relata su vida, encapsula su esencia revolucionaria: puño de hierro en guante de seda, campeona de la igualdad de género y protagonista de primera plana de la lucha por los derechos femeninos.

Su imagen, estelarizada en graffitis, mugs y camisetas se ha popularizado tanto en la última década, que la gente parece olvidar las razones de fondo por las cuales RBG se hizo famosa en el mundo legal, antes de la cultura pop. Creó y lideró personalmente durante los años 70’s toda una organización de litigio estratégico de alto impacto (el Proyecto de Derechos de las Mujeres -WRP- de la Unión Americana de Derechos Civiles -ACLU-)  para promover, a través de decisiones judiciales proferidas por tribunales exclusivamente masculinos, el avance en el reconocimiento legal de derechos para las mujeres. 

Ahora que no está con nosotros, ensalzar sus aportes al Derecho es un acto de justicia y un relato imprescindible, que nos ayuda a comprender la magnitud y el alcance de lo que esta mujer, pequeña en estatura pero gigante en su talla histórica, hizo por su generación y por aquellas que vendrán.

RBG dedicó una década de su vida, los setentas, al litigio constitucional que cuidadosamente diseñó y dirigió desde el Proyecto de Derechos de las Mujeres. Defendió su último caso (Duren v Missouri) ante la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1979.

Imagen tomada de la Colección de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Reed vs Reed: Un salto de fe

En 1971, RBG se presentó por primera vez ante la Suprema Corte como abogada principal del caso Reed v Reed en compañía de su esposo, Martin Ginsburg, representando a la apelante, Sally. Después de la muerte por suicidio de su hijo adoptado -bajo la custodia del padre-, tanto Sally como Cecil Reed demandan ser nombrados los administradores de los bienes de su hijo (los Reed estaban divorciados). El conflicto radicaba en el Código Testamentario de Idaho, que especificaba: “los hombres deben tener preferencia sobre las mujeres” en el nombramiento de administradores de bienes.

RBG argumentó que la subordinación obligatoria impuesta por la ley de Idaho era un criterio sospechoso que ameritaba un test estricto de constitucionalidad, haciendo más difícil que el Gobierno explicara, bajo los estándares de constitucionalidad más duros, por qué esta norma era legal cuando su diferenciación radica sólo en criterios de género.

RBG retomó los argumentos de Thurgood Marshall, héroe del movimiento por los derechos civiles (y en su momento uno de los jueces que tenía que decidir sobre la apelación), relativos al valor legal del concepto de discriminación histórica y su aplicación a “grupos históricamente discriminados”. Además, utilizó un argumento sociológico -también heredero del movimiento por los derechos civiles- y  arguyó que “la conciencia nacional se había despertado” y los Tribunales no podían ser ajenos a esto.

 Las mujeres, lideradas por activistas feministas como Gloria Steinem, estaban volcadas en las calles, exigiendo el reconocimiento de sus derechos, marchando y alzando su voz, negándose a ser ignoradas. Esta era una realidad, y corresponde consecuentemente a una teoría hermenéutica que ella misma defendería en el futuro, la “Constitución Viviente”, que el derecho se adaptara a los cambios sociales y los movimientos de vanguardia.

Así, el Supremo favoreció a Sally -con ponencia del Presidente Burger, curiosamente el juez más conservador de la Corte-, declarando que las leyes de Idaho eran inconstitucionales, porque (he aquí la novedad) la discriminación que se basa en razones de género violaba la 14ta Enmienda -Cláusula de Igual Protección-, que garantiza a todos los ciudadanos igualdad ante la ley.

August 26, 1970. Imagen tomada de Teritory Mag.

Un poco de su propia medicina

En los Casos sobre “Viudos” (Moritz v. Commissioner -1972-, Weinberger v Wiesenfeld -1975- y Califano v Goldfarb -1977-, y en Kahn v Shevin -1974-, que fue su primera y única derrota), RBG adoptó una técnica que apelaba directamente al enfoque masculino de los jueces, siendo plenamente consciente que estos podrían ser más sensibles a percibir la irracionalidad de una discriminación de género cuando los afectados eran hombres.

Así, planteó preguntas desafiantes que no dejaron impasible a ninguno de sus oyentes. ¿Por qué si una mujer era “cuidadora” –caregiver– de su madre enferma, esta podía aplicar a un reducción de impuestos de acuerdo al Código Fiscal, pero si era un hombre quien se encontraba en las mismas condiciones, este no podía hacerlo pues la ley no lo permitía? (Moritz v. Commissioner). 

En este caso, la ayuda de su esposo tributarista fue fundamental, pues fue él quien encontró el vacío legal y le planteó -en  una noche de trabajo- que lo tomaran. Esto los lanzó a una carrera contra el tiempo y las circunstancias para convencer a Charles Moritz, un soltero que cuidaba de su madre, a desafiar al intrincado sistema de impuestos en busca de una deducción mínima pero simbólica. 

Y los casos no paraban: ¿Por qué un maestro de escuela, “cabeza de familia”, cuya esposa fallecía en el parto dejando forzosamente a su cuidado el recién nacido, no podía tener ayudas de Seguridad Social, pues la ley solo las contemplaba para las viudas y sus hijos? (Weinberger v Wiesenfeld)? O ¿Por qué a un viudo que intentaba reclamar la sustitución pensional de su esposa fallecida se le exigía por mandato legal haber sido dependiente de esta al menos en la mitad de sus ingresos al momento del deceso, pero a una viuda en las mismas circunstancias no se le exigía ningún requisito? (Califano v Goldfarb), y aún más, ¿Era constitucional que la Ley asumiera que las esposas de los militares se convierten automáticamente en dependientes -financieramente- de estos, pero cuando se trata de los esposos de mujeres en la fuerza pública, se les exija que sean dependientes de estas en al menos la mitad de sus ingresos? (Frontiero v Richardson).

Estas preguntas, planteadas de forma astuta y diplomática, enfrentaron al White Boys Club a la irracionalidad de hacer diferenciaciones basadas exclusivamente en el género de los involucrados. ¿Se podía acaso tratar diferente a quienes compartían idénticas circunstancias?, ¿Pero cuál era el sentido, la racionalidad de todo esto? RBG le habló a la Corte Burger en sus propios términos, en su idioma, les presentó casos con los cuáles se podían sentir identificados, mostrándoles como las discriminaciones sexistas subyugaban a los hombres incluso cuando no pretendían hacerlo. Como consecuencia del litigio, la diferenciación por motivo de género fue declarada discriminación pura y dura, dondequiera que se presentara. RBG logró que el Supremo reconociera que esto era así, creando una figura legal hasta ese momento inexistente. 

Igualdad a todas horas: Una ley más incluyente

Los casos continuaron. En Taylor v Louisiana (1975), se derrotó la idea de que se podía limitar la cantidad de jurados femeninos y que una mujer no podía ser seleccionada para servir como jurado a menos que hubiese presentado previamente una declaración escrita donde estipulara que quería serlo. La Corte aceptó por -primera vez- la idea de que la composición de un jurado de sus pares significaba que debía estar formado por semejantes de iguales características. Así, determinó que las mujeres son parte integral de la comunidad, y que un jurado de sus pares significa una selección transversal de miembros de la comunidad, con una composición sexualmente diversa.

Posteriormente, esta idea se ratificó en Duren v Missouri (1979), el último caso de RBG como abogada antes de dar el salto a la magistratura, en el que la Corte confirmó que un jurado de sus pares es aquel compuesto de forma transversal y diversa por los miembros de la comunidad que lo integran, y los Condados no pueden garantizar de forma automática excepciones al deber de ser miembro del jurado a las mujeres que así lo soliciten, pues esto viola el Derecho a la Igualdad y Debido Proceso de los acusados.

En Cleveland Board of Education v LaFleur (1974), un caso sobre maternidad muy cercano al corazón de RBG, se determinó que obligar a las mujeres embarazadas a dejar de trabajar después del quinto mes de gestación violaba su libertad personal y su capacidad de decidir sobre su matrimonio y asuntos familiares ya que para el momento existían leyes que obligaban a las mujeres a dejar de trabajar si quedaban embarazadas, dejando de percibir sus sueldos.

Finalmente, está el caso de la Casi-Cerveza –Near-Beer-. En los 70’s, existía una ley en Oklahoma que prohibía a los hombres menores de 21 años el consumo de las bebidas alcohólicas, mientras que a las mujeres se les prohibía sólo si eran menores de 18 años. Esta regulación diferenciaba los requisitos basándose en una concepción machista: suponía que los conductores de vehículos en Oklahoma eran hombres, por lo que -si se quería mejorar la seguridad vial- tenían que regular más estrictamente el consumo de alcohol en los caballeros,  (el segmento de la población que al conducir podía ocasionar los accidentes).

La Corte encontró que esta ley discriminaba a los hombres y violaba su Derecho a la Igualdad. Adicionalmente, señaló que las estadísticas aportadas por el Estado sobre seguridad vial no eran suficientes para sostener la prohibición y la concepción de “generalidades” en los “hábitos de de consumo de bebidas alcohólicas” por parte de ciertos grupos demográficos.

En otras palabras, se decidió que no se pueden usar prejuicios machistas ni clichés generalizados sobre las diferencias entre los sexos para hacer algo tan serio como legislar si no se tiene una sólida evidencia científica y estadística que pueda respaldar la conexión sustancial entre las medidas adoptadas y los datos objetivos.

De esta forma terminó la etapa como abogada litigante y activista de RBG. En 1980, aceptó la nominación de Jimmy Carter para ocupar la vacante que el Juez Leventhal dejaba en el Tribunal de Apelaciones para el Circuito del Distrito de Columbia, lugar en el que estuvo trece años..

La Justicia con Toga: El salto al estrado

En 1993, con el retiro del Juez White (el único juez demócrata que quedaba, nominado por Kennedy en el 62) de la Corte Suprema, el recién electo Presidente Clinton tuvo la oportunidad de realizar su primera nominación a dicho Tribunal. La última vez que un Presidente demócrata había nominado un juez del Supremo había sido en 1967, cuando Lyndon Johnson nominó a Thurgood Marshall. Habían sido 26 años de sólo nominaciones republicanas de jueces conservadores. 

Jeffrey Toobin cuenta que Clinton pensaba que la Corte estaba muy fragmentada y se necesitaba, más que un activista que votara en un cierto sentido, alguien capaz de persuadir  y formar mayorías a conveniencia: necesitaban un político, y Clinton quería nominar el Gobernador del Estado de Nueva York, Mario Cuomo.

Sin embargo, ni él ni George Mitchell (Líder de la Mayoría del Senado), ni Richard Riley (antiguo Gobernador de Carolina del Sur) ni siquiera Bruce Babbitt (otrora Gobernador de Arizona y Ministro del Interior) consideraron la posibilidad de ocupar el cargo. Ningún político quería aceptar la oferta del Presidente. El tiempo pasaba y Clinton seguía sin encontrar su “ juez con un gran corazón”.

Pese a la obviedad, Clinton había pasado por alto consultar a Janet Reno, su Fiscal General y la primera mujer en la historia que ocupaba el puesto, ella de inmediato le refirió un sólo nombre: “¿Cómo es que no están pensando en Ruth Bader Ginsburg?”. El respaldo de la Fiscal General, unido al lobby que Martin Ginsburg hizo con Senadores demócratas en favor de su esposa, terminó por convencer al presidente que nominó a RBG como la 107va Juez de la Corte Suprema (y la séptima opción en la lista inicial de Clinton).

Ruth Bader Ginsburg jura el cargo como juez del Tribunal Supremo en presencia del presidente Bill Clinton, el 9 de agosto de 1993. Imagen tomada por Kort Duce para AFP

De esta forma, la mujer que inició litigando terminó dando el salto definitivo al otro lado del banquillo, para unirse a Sandra Day O’Connor como la segunda mujer jueza en la historia del Supremo nortemaericano. Clinton, encontró su jueza con alma, y el movimiento progresista ganó para siempre un luchadora incansable por la igualdad, una figura legendaria que no se rindió. 

Hasta el último momento, se aferró a la vida con la misma pasión y voluntad inquebrantable, sometiéndose a quimioterapias a sus 87 años, en plena pandemia. Su último deseo: Que su reemplazo fuera nominado por el Presidente que los estadounidenses elijan este noviembre. Aún en su lecho de muerte, nunca renunció a cantarle sus verdades al poder, y se anticipó al juego sucio de un Trump ansioso por reemplazarla, danzante sobre su lecho aún tibio.

Como dice el adagio: “You can’t spell truth without Ruth”. Y el resto es historia.

Los jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos fotografiados en noviembre de 2018. Ruth Bader Ginsburg está sentada en la fila de abajo. Imagen tomada por Mandel Ngan para AFP

En agosto de 2019 Ruth Bader Ginsburg fue investida doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Buffalo. Imagen tomada por Lindsay Dedario para Reuters.

Ruth Bader Ginsburg, en el Festival Nacional del Libro en Washington en 2019. Imagen tomada por Erik S. Lesser para EFE

Notas Complementarias

  1. Las referencias cinematográficas del inicio y del Caso Moritz están en: Cort, Robert (Productor) y Leder, Mimi (Directora). (2018). On the Basis of Sex [Cinta Cinematográfica]. Estados Unidos: Focus Features. Este es un biopic sobre la vida de RBG protagonizado por Felicity Jones y enfocado en su lucha legal desde la academia y el litigio estratégico
  2. Las conclusiones y explicaciones construidas y adaptadas a las instituciones jurídicas colombianas por los autores del presente artículo se basan en en los comentarios de los Profesores Neil Siegel (Universidad de Duke) y Reva Siegel (Universidad de Yale) a los memoriales presentados por Ruth Bader Ginsburg en los casos en que actuó como abogada principal, contenidos en: Carmon, Irin & Knizhnik, Shana (2015). Notorious RBG: The Life and Times of Ruth Bader Ginsburg. Nueva York, Estados Unidos. Editorial HarperCollins. Edición física en inglés disponible en la Biblioteca Satélite Eduardo Álvarez-Correa de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes. 
  3. El concepto de grupos históricamente discriminados de Thurgood Marshall y Ruth Bader Ginsburg fue retomado por la Corte Constitucional colombiana para validar los avances sociales en términos de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y la población LGBTI, que requerían de una especial protección.
  4. El relato del célebre cronista judicial Jeffrey Toobin, autor entre otros del libro que inspiró la serie American Crime Story, se encuentra en: Jeffrey Toobin (2007) The Nine. Inside the Secret World of the Supreme Court. Nueva York, Doubleday. Capítulo 5: Un Gran Corazón. En este capítulo están contenidos todas las referencias anecdóticas sobre el proceso de selección y nominación de Ruth Bader Ginsburg por parte del Presidente Bill Clinton en 1993.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: