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Una verdad incómoda y un llamado a la democracia

Por Andrés Carmona Villegas y Nicolás Dupont Bernal

La verdad incómoda

Apreciada compañera o compañero: le pido que hagamos una reflexión juntos y que nos responda las siguientes preguntas: ¿Alguna vez en su vida le han preguntado su opinión sobre los muchísimos problemas que tenemos como Universidad? ¿Cree usted que la estructura de nuestros organismos de democracia -el CEU y el CIED- fomentan la participación democrática de todos los estudiantes de la facultad? o alternativamente, ¿verdaderamente nos han representado como estudiantes? 

Para nosotros, que nunca nos hemos postulado al CEU o al CIED (y que no tenemos ninguna intención de hacerlo)  las respuestas a esas preguntas son obvias: jamás hemos participado con voz y voto en espacios formalizados -esto es, formalizados y reconocidos por la universidad- de democracia universitaria. Y la administración universitaria jamás nos ha dado espacios donde podamos expresar nuestras opiniones sobre los distintos problemas que nos aquejan como estudiantes. ¿Por qué? Porque la estructura de nuestras instituciones de democracia estudiantil no lo permite. Si no nos cree, analicemoslas. 

Por un lado, tenemos al CEU: el Consejo Estudiantil Uniandino. El CEU es una organización de democracia representativa que abarca toda la Universidad. Los representantes al CEU de la Facultad, que son dos fórmulas por semestre, son elegidos mediante elección directa. s. El mecanismo de elección del CEU no es, en general, problemático y su estructura tampoco lo es. El problema es que el CEU es insuficiente para canalizar la voluntad del cuerpo estudiantil. Volvemos a preguntarle: ¿conoce usted de algún representante al CEU de la Facultad que haya utilizado su curul para transmitir las opiniones difíciles -y frecuentemente controversiales- del cuerpo estudiantil a la administración universitaria? Nosotros no. Para ser perfectamente claro, los representantes al CEU de nuestra Facultad cumplen funciones importantísimas para el cuerpo estudiantil; por ejemplo, acuden a los Consejos de Facultad e intervienen en procesos disciplinarios dirigidos contra estudiantes. Sin embargo, no representan la voluntad de los estudiantes, ni tienen cómo  hacerlo. Sería manifiestamente absurdo exigirle a cuatro personas representar la voluntad de un cuerpo estudiantil de más de 1,400 estudiantes y tendencias políticas, filosóficas, y religiosas tan diversas como las que confluyen en nuestra facultad. 

Ahora: si el CEU es insuficiente para representar la voluntad del cuerpo estudiantil, ¿a qué otro organismo podríamos acudir para pronunciarnos en democracia sobre asuntos universitarios? En principio, al Consejo Interno de Estudiantes de Derecho, o CIED. Según el artículo segundo de los Estatutos del CIED, es objetivo principal de ese Consejo “(…) sobre todo, ser un espacio de deliberación sobre aquellos temas importantes para la vida de la Facultad.” Pero el artículo cuarto de los mismos Estatutos hace que el CIED sea estructuralmente incapaz de lograr este objetivo. Dicho artículo establece lo siguiente lo siguiente: 

“Artículo 4. Integración del CIED. El CIED estará integrado por todos los estudiantes de la Facultad de Derecho, de los cuales 9 tendrán derecho a voto, quienes son: dos representantes estudiantiles elegidos de acuerdo a los Estatutos del Consejo Estudiantil Uniandino (CEU), un miembro del Colegio de Monitores, un miembro del Periódico Al Derecho, un miembro de UNA Revista de Derecho, un miembro de los semilleros de investigación presentes en la Facultad, un miembro de los grupos de investigación de la Facultad  y dos miembros designados por el CIED anterior, según lo dispuesto por Artículo 11 del presente Estatuto. Los anteriores integrantes tendrán derecho a voz y voto en las decisiones del CIED.”

El carácter antidemocrático de la norma que acabo de transcribir es evidente, y no creo que sea necesario explicarlo a una Facultad de futuros abogados. Sin embargo, hay una pregunta que aún no hemos podido resolver: ¿qué tipo de valores pretende perseguir ese artículo? Evidentemente, la democracia representativa  no es uno de ellos; por ejemplo, es absurdo pensar que el hecho de ser  “un miembro de UNA Revista de Derecho” o un “miembro de los semilleros de investigación presentes en la facultad” (¿escogido según qué criterio, y de cuál de los numerosos semilleros de la Facultad?) le otorgue legitimidad alguna a los miembros del CIED que detentan esos cargos para  representar al cuerpo estudiantil. Tampoco creemos que la norma persiga la meritocracia; los miembros de Al Derecho del Colegio de Monitores, de la Revista UNA, y de los grupos de investigación no tienen más méritos que los demás estudiantes que nos desempeñamos como monitores y miembros de otras iniciativas estudiantiles. Tampoco creemos que la norma busque que los estudiantes participamos en el CIED. Para materializar ese objetivo, el CIED debió haberle dado pleno cumplimiento al artículo 14 de sus Estatutos, que establece que todas sus reuniones deben ser publicitadas por redes sociales y todas sus actas subidas a medios virtuales. Como estudiantes interesados, no encontramos esa  publicidad ni en el Facebook ni en el Instagram del CIED. Apreciado lector: ¿usted sí? Recién nos enteramos de que la publicidad no es permanente porque la cuelgan en las historias de Instagram; seguramente hay maneras más eficaces de comunicación. Seguramente también era más fácil lograr que los estudiantes participamos en el CIED si hubieran entablado comunicación constante con el cuerpo estudiantil mediante la publicación de sus actas,  que no pudimos encontrar en ningún medio virtual -o, por lo menos, en ningún medio virtual al que hayamos podido acceder.  No creemos que esto sea un problema de mala fe; creemos que es un problema de cultura organizacional. De hecho, el presidente del CIED me remitió las Actas de las reuniones y los Estatutos que he citado en este artículo en un acto de transparencia y caballerosidad. Pero eso no significa que debamos dejar de exigirles publicidad, ni que con más publicidad tendríamos más participación. 

¿Qué otro valor podría estar persiguiendo este artículo? Un defensor acérrimo del CIED podría argumentar que uno de los objetivos secundarios del CIED es “coordinar las labores de los diferentes grupos e iniciativas estudiantiles (y) apoyar logística y presupuestariamente a los mismos,” por lo que es deseable que esté compuesto por los miembros de las mencionadas iniciativas estudiantiles. Sin embargo, ese argumento es aún más irracional y bastante antidemocrático: ¿por qué sería sano y deseable que solo los miembros de algunas iniciativas estudiantiles tengan acceso inmediato a un espacio donde pueden coordinar su proyectos e incluso solicitar financiación, mientras los miembros de varias otras iniciativas no tienen voz y voto en ese espacio? En otras palabras, ¿qué justifica que, UNA, y el Colegio de Monitores accedan al CIED -y a la facilidad que eso podría implicar para conseguir apoyo logístico y presupuestal- y que otras iniciativas estudiantiles igual de loables no puedan hacerlo? No lo sabemos. Es cierto que otros estudiantes de la Facultad pueden acceder al CIED para solicitar apoyo presupuestario; en práctica, hacerlo no es tan sencillo porque los Estatutos del CIED no son fáciles de encontrar y pocos estudiantes sabíamos que podíamos hacerlo. Quizás algún miembro del CIED nos pueda responder esta pregunta hoy en la Asamblea. Quizás usted mismo pueda discernir esta respuesta leyendo los Estatutos del CIED, que encontrará como documento anexo al final de esta columna.  Pero sí sabemos -y estamos plenamente convencidos- que nos merecemos organismos de participación democrática mejor diseñados en nuestra Facultad. 

El llamado a a democracia

 Todas estas reflexiones sobre las verdades incómodas de la representación estudiantil en la Facultad nos llevaron a redactar una serie de propuestas imperfectas que esperamos discutir en la Asamblea. En nuestra opinión -porque seguramente varios de los compañeros que participaron en la redacción de las propuestas disienten- la propuesta más importante es formalizar la figura de la Asamblea Estudiantil como organismo estudiantil de democracia directa en la Facultad. Evidentemente, la figura de la Asamblea Estudiantil no es nueva; de hecho, ¡tendremos una hoy, a las cinco y media de la tarde! Pero eso no significa que no sea importante. 

La Asamblea de hoy no tiene competencias que le hayan sido expresamente asignadas por la Facultad, por lo que sus decisiones -que igual deberían ser respetadas de buena fe por todos los involucrados- no vinculan formalmente a nadie, ni expresan, formalmente,  la voluntad del cuerpo estudiantil. Eso es, precisamente, lo que queremos modificar: hemos redactado una propuesta de Estatutos para la Asamblea, y nuestro objetivo es aprobar esos estatutos en la Asamblea Ad Hoc de hoy  (o en el futuro, si es necesario) y presentarlos a la Facultad para que los reconozca. Entre otras cosas, los Estatutos que proponemos delimitan las funciones de la Asamblea de manera clara y taxativa,  buscan que esta sea espacio de concertación para el activismo jurídico dentro de la Universidad, y permiten se  invite (no que obligue) a la Decana y a la administración universitaria a rendir cuentas. Adicionalmente, la propuesta que presentamos exige un quórum para fijar la posición del cuerpo estudiantil en cuanto asuntos de relevancia universitaria, y un quórum aún más alto para asuntos de relevancia política extrauniversitaria. Finalmente, la Asamblea no sería una Asamblea si no permitiera que todos los estudiantes de la Facultad participemos con voz y voto en sus decisiones.

Creemos que estos elementos hacen que nuestra propuesta de Asamblea sea el organismo idóneo para fomentar la participación estudiantil en la Facultad, y esperamos haberlo convencido de lo mismo. Pero si desea estudiar la propuesta más a fondo, lo invitamos a leerla completa en el documento anexo que encontrará al final de esta columna. 

También quisiera invitarlo a revisar otras dos de nuestras propuestas. Primero, la de democratización del CIED. Tras revisar los Estatutos de este órgano y mantener consultas extensas y respetuosas con algunos de sus miembros, consideramos que este organismo podría, eventualmente, ser de utilidad para los estudiantes de la Facultad. Pero sí es necesario reformarlo para que sus miembros sean elegidos democráticamente. Asimismo, es necesario que el nuevo CIED cumpla con el mandato de publicidad establecido en el artículo 14 de sus Estatutos a cabalidad.

Segundo, hay otra propuesta -redactada por Natalia Chavarro Naranjo- que busca la creación de un órgano de veeduría que verifique que nuestros representantes al CEU cumplan con el programa que prometieron en campaña. Ese organismo estaría conformado por dos veedores encargados elegidos por la Asamblea encargados de asegurarse de que la veeduría ejercida sobre los representantes sea ejecutada de buena fé y con apego a la verdad y a los hechos, pero también podrían unirse todos los estudiantes de la Facultad que deseen hacer veeduría. Evidentemente, la creación de este organismo tiene el potencial para mejorar nuestra cultura política  como Facultad de manera exponencial 

Esperamos haber explicado con estos argumentos con altura y suficiencia  la conveniencia de las reformas que proponemos y también  haberlo o haberla convencido de que son necesarias para la democratización de la Facultad. ¡Nos vemos en la Asamblea!

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