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¿Personas o Códigos? La Odisea del examen de Facultad

Por: Gabriela Forero, estudiante de décimo semestre de derecho, con opción en periodismo. Miembro del Consejo Editorial.

La paciencia es una virtud; una virtud que es sumamente útil para múltiples situaciones y que pocos poseen. Pero por encima de todo, la paciencia es una virtud necesaria para el estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes. Se necesita ser paciente para hacer parte de una Facultad indiferente ante quienes esperan y se comen ansiosamente las uñas refrescando el correo a la espera de una respuesta. Así pues, más que una queja esto es un llamado, por no decir una súplica, a que la Facultad se apiade de quienes hoy dependemos emocionalmente de una respuesta a una apelación que nos tiene en vilo hace más de un mes. 

El 17 de noviembre del año pasado llegaron las devastadoras noticias de que había perdido el examen de facultad junto con el 30% de las personas que lo presentamos. Un examen que en sí mismo tiene un componente sumamente alto de subjetividad, combinado con la presión que viene desde primer semestre, cuando te hablan de aquel examen lejano donde el conocimiento de una carrera se condensa en ocho páginas y necesitas caer en buenas manos y ser leído por buenos ojos para no perderlo. Como verificador de conocimiento, el examen de facultad tiene múltiples fallas: la subjetividad del calificador, guiado por  sus diferentes técnicas, estilos y así mismo la doctrina que ha influenciado su preparación, el enfoque de que se evalúe una  área,  al igual que las matrices genéricas de calificación, etc. 

Pero ese no es el punto de esta discusión que hoy pretendo presentar. El problema recae en el daño psicológico que el examen puede causar, incluso incitado por la facultad, y que no es atendido.

Inmediatamente supe que no había aprobado averigüé el proceso para interponer reposición, el cual, por lo cierto, tiene plazos bastante estrictos que como estudiantes nos vemos obligados a cumplir, pero la facultad aparentemente no. Después de recibir una respuesta negativa del mismo profesor que me evaluó, solicité, el 7 de diciembre de 2020, un segundo calificador, con la debida argumentación que como buena abogada me han inculcado.

“Hay que reconocer que hay cosas que la Facultad ha hecho bien, pero esto es algo que ha hecho de forma nefasta y que contribuye al imaginario de una universidad que prepara códigos y no personas, puesto que no hay conciencia relativa al bienestar de quienes esperan”.

Para el 26 de enero de 2021, más de un mes después de haber solicitado un segundo calificador, no he recibido respuesta*. La Facultad no se ha tomado el trabajo de dejarnos saber a los estudiantes que perdimos el examen y decidimos apelar si nos otorgarán o no un segundo calificador. Pero no titubearon en enviar el calendario del nuevo examen de facultad. Así las cosas, sé cuándo recibiré y entregaré el nuevo examen que aún no sé si debo presentar.

Hay que reconocer que hay cosas que la Facultad ha hecho bien, pero esto es algo que ha hecho de forma nefasta y que contribuye al imaginario de una universidad que prepara códigos y no personas, puesto que no hay conciencia relativa al bienestar de quienes esperan. Intenté comunicarme en múltiples ocasiones para confirmar plazos, para saber qué esperar mientras esperaba, y ninguna de mis solicitudes fue respondida, dejándome a la deriva. Y sí, la vida viene llena de momentos difíciles, pérdidas y dolores, pero resulta incluso irresponsable, por parte de la Facultad, que frente a un examen que define el grado (y que muchos no podemos darnos el lujo de repetir innumerables veces), no haya un acompañamiento o respuesta en el proceso de apelación. Hay rutas de apoyo para la elaboración, sesiones de acompañamiento, posters en toda la facultad sobre la preparación y los mitos… ¿Y cuando lo perdemos? ¿Y cuando estamos sumergidos en la pesadilla de ver el grado lejano? 

Esta es una solicitud, que a primera vista parece ser meramente procesal: por favor respondan las apelaciones con la debida prontitud. Pero vista con mayor detalle este es un llamado a que se entienda y así mismo se atiendan las consecuencias emocionales de perder el examen. Que así como se propone y se ofrece acompañamiento durante el examen, haya respuesta posterior para aquellos que no representemos el orgullo de la facultad, o que al menos el proceso no esté construido para terminarnos sintiendo así, y nos vemos obligados a presentar apelación e incluso, a repetirlo. Es un llamado a entender las repercusiones de llevar a cabo un proceso de apelación y estar, durante vacaciones, contemplando el abismo y cuestionando si podré tener en mis manos un diploma este año. Y es un llamado, a quienes no están de acuerdo así como quienes sí, para que mediante el diálogo continuemos construyendo una facultad que enseñe y acompañe por igual.

  • El 27 de enero de 2021, la autora recibió respuesta por parte de la Facultad del recurso de reclamo que interpuso.
  • Las posiciones y opiniones que expresan los columnistas son personales y no representan ni comprometen posiciones editoriales del Periódico Al Derecho

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