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La otra cara de la virtualidad: ¿Cómo es la experiencia de la virtualidad para nuestros docentes?

Por: María Victoria Rodríguez Ramírez, miembro de la Sección de Opinión. Estudiante de Derecho, con opciones en Periodismo y Lengua y Cultura Italiana. Investigadora para la Clínica Jurídica Grupo de Prisiones.

Transcurrió el primer año de pandemia; un año que nos obligó a estar inmersos en el mundo tecnológico, aislados de lo que considerábamos “normal”: la presencialidad. De cara a ello el debate público se ha concentrado en hacer seguimiento de los procesos de transición de los estudiantes, pero ¿y nuestros docentes? Lo cierto es que la academia y enseñanza jurídica eran arcaicas en nuestras facultades. Me atrevo a decir que los pretores se sentirían orgullosos de la forma en que seguíamos aprendiendo Derecho en clases. De modo que la virtualidad trajo consigo un giro inesperado y tal vez necesario. Obligó a los docentes y monitores a repensar las metodologías de enseñanza y evaluación. Una tarea en absoluto sencilla.

¿Cuáles han sido los retos más significativos que han enfrentado los profesores con el tránsito a la virtualidad?

El tránsito a la virtualidad representó múltiples desafíos para nuestros docentes: conseguir que los estudiantes estén motivados en las clases, identificar las diferentes personalidades y matices dentro de las “aulas” de clase y repensar los objetivos de aprendizaje se encuentran entre los retos que nuestros docentes comparten. 

Imposibilidad de compartir espacios

Estamos de acuerdo en que el salón de clase, el profesor en vivo, la retórica del maestro y la fluidez del aula fueron siempre lujos de la presencialidad. Es fácilmente perceptible la barrera que se forma entre nosotros y los docentes con la pantalla de Zoom de por medio. Sin embargo, no pretendo visibilizar el sentir de una estudiante más, sino de los profesores. Para ellos carecer de un espacio físico que compartir trajo múltiples desafíos. 

Entre ellos, Juan Carlos Durán, profesor de cátedra de la Facultad, dijo: “en la presencialidad, el hecho de que compartamos espacio físico hace que identificar [la] diversidad [de los estudiantes] sea más sencillo: las caras se ven y las actitudes se perciben. Ahora es mucho más difícil. Ya no compartimos espacio. No hay diálogo espontáneo. No hay interacción fluida. Ahora hay muchas situaciones adicionales que hacen que la distancia sea mayor y que identificar los perfiles e intereses de los alumnos sea realmente complicado”. 

En el mismo sentido, Antonio Barreto, profesor asociado de la Facultad, anotó que uno de los retos que enfrenta es “la falta de interacción presencial en el aula de clase y en los espacios físicos de la Facultad y de la Universidad”. Pues muchos profesores coinciden en que la interacción presencial no se da sólo en la hora y cuarto de clase, sino también antes y después de la sesión. En términos de Barreto “la interacción de lo que ocurre “inmediatamente antes” e “inmediatamente después” de una sesión presencial -preguntas varias, comentarios desapercibidos de asuntos relacionados con lo visto en clase, bromas, etc.”. Otro lujo que la virtualidad desvaneció. 

Esto también ocasionó la afectación de la relación docente-estudiante. Por poner un ejemplo, Marcela Castro de Cifuentes, profesora titular de la Facultad, nos contó que sus relaciones con los estudiantes siempre fueron afectuosas, respetuosas y provechosas. Un aspecto que ha intentado conservar con la virtualidad, pero para el cual considera que la cercanía física es en efecto irremplazable. “Entrar a un salón me emociona y pasar un tiempo importante con un grupo es una experiencia única y maravillosa, conocernos poco a poco, ganar confianza, sentirnos parte de una institución y habitar el campus, oír el bullicio de los corredores, las cafeterías, tomar un café… echo mucho de menos esa parte de la experiencia humana” me dijo. 

Falta de motivación

Otro problema que se hace evidente al hablar con nuestros docentes es la ausencia de motivación de los estudiantes y de ellos mismos. Es un hecho que no se está igual de motivado con los semestres virtuales, bueno, los profesores lo nota. Durán reconoció que “uno no se motiva igual en una clase virtual que en una presencialidad, sobre todo si tiene de 20 a 30 años. Uno se motiva con el movimiento, las actividades, el debate, escuchar una buena conferencia o simplemente ser escuchado. La clave creería que está en la creatividad del docente”.

El sentimiento lo compartió Mariana García Jimeno, profesora de cátedra de la Facultad, quien percibe que “a medida que pasan las clases la participación es menor y menor”. Para quien lo más frustrante es que aunque muchos profesores se han comprometido con hacer ajustes a los programas y a las dinámicas de sus cursos, la respuesta de los estudiantes no ha sido favorable.

Más trabajo para ellos también

El año pasado las páginas de la Universidad, las redes sociales y demás plataformas estuvieron atiborradas de los llamados de atención de los estudiantes hacia las diferentes Facultades por el aumento en la carga académica y la desatención de otros problemas asociados con la naturaleza misma de la pandemia. Derecho, por supuesto, no fue la excepción. Pero, ¿alguna vez nos preguntamos si también aumentó la carga laboral y personal para los profesores? Posiblemente lo cuestionamos en la intimidad de nuestro pensamiento o nuestro círculo cercano, pero poco se ha puesto el debate sobre nuestra mesa. La respuesta es que sí. La virtualidad también aumentó la carga laboral y personal de los docentes. 

Mariana Bernal Fandiño, profesora asociada de la Facultad, contó cómo la transición de la virtualidad representó para ella un aumento de tareas. “Antes durante el día podía concentrarme exclusivamente en mi trabajo, ahora además de mis responsabilidades laborales apoyo a mi hija en sus clases virtuales y tareas del colegio y realizo diversas labores de la casa, lo que hace que deba trabajar hasta altas horas de la noche y no es fácil separar mi tiempo personal de esparcimiento y descanso con las tareas pendientes que parecen no tener fin”.  

Esto para decir que quizá los estudiantes deberíamos dejar de estar tan ensimismados. A lo que me refiero es que no podemos aislarnos de nuestro entorno y sumergirnos exclusivamente en nuestras dificultades. Sí, nosotros la hemos pasado mal. De golpe algunos profesores no han contribuido a que esta experiencia sea más amena. Pero para los docentes y sus monitores esto también ha sido un reto. También la han pasado mal. 

Nuestra facultad cuenta con docentes de todas las edades. Algunos de ellos más o menos acostumbrados al uso de las tecnologías. Por esta razón muchos decidieron tomar capacitaciones sobre el manejo de nuevas plataformas como Bloque Neón, investigar apps alternativas para el diseño de presentaciones interactivas y demás, lo cual requiere tiempo y trabajo. Inclusive las tan cuestionadas actividades de padlet van más allá de la mera improvisación. Ya no basta contar con un marcador para dar la clase. Todo esto aumenta la carga laboral de nuestros docentes.

Repensar los cursos

Relacionado con el punto anterior, los profesores nos contaron que la virtualidad los obligó a repensar sus cursos. Un desafío gigantesco, pero me atrevo a decir que necesario. Algunas veces he escuchado a estudiantes decir que los profesores son reacios a reformar sus cursos y repensar sus actividades para hacerle frente a la virtualidad. Pero la verdad al hablar con ellos nos encontramos con algo diferente. 

Profesores como Carlos Julio Giraldo Bustamante, asociado de la Facultad y uno de los más antiguos, dijo “lo que más destaco de la virtualidad es que me permitió repensar los cursos que dicto, no solamente en cuanto a un nuevo programa, sino en lo que quería al fin de cuentas que los estudiantes aprendieran y que actividades iba a realizar para que eso fuera una realidad. Me obligó a examinar las actividades que venía desarrollando, incluidas, por supuesto, las evaluaciones. En últimas, en lo esencial, en que es lo que quiero hacer en el aula de clase y cómo hacerlo de la mejor forma posible”. 

Durán sigue una línea similar pues señaló este reto como quizá el más grande. Para él reformular lo que quería que sus estudiantes aprendieran era esencial. En sus palabras: “no puedo esperar que mis alumnos de ahora aprendan exactamente lo mismo que aprendían los de la época prepandemia pues el contexto y las necesidades cambiaron. Me interesa mucho que mis estudiantes de hoy reflexionen y entiendan el para qué de todo esto. Creo que hay que darle verdadero sentido a lo que están aprendiendo, que sepan que a pesar de la incertidumbre son saberes valiosos que pueden poner al servicio del país”.

En ese sentido es evidente la presencia de un interés de los docentes por repensar sus cursos, no solo en el sentido de su contenido y metodologías, sino de frente a aquello que esperan que reflexionemos en nuestros procesos de aprendizaje de cara a las necesidades actuales del mundo. Este punto creo que puede ser visto como un gran beneficio que nos trajo la virtualidad, sin embargo, esto también implica más trabajo en el día a día de los docentes.

¿Cuál es la percepción de los profesores respecto a la virtualidad?

Un punto que vale la pena tocar es, ¿a los profesores les gusta la virtualidad? Al respecto encontramos posiciones tan diversas como las de los estudiantes. 

De un lado del espectro quienes han desarrollado agrado por la virtualidad destacan su flexibilidad, el retarlos a usar plataformas nuevas, los efectos positivos sobre la contaminación y las nuevas formas de interacción. Barreto, por ejemplo, contó que su experiencia con la virtualidad fue sorprendente y agradable, pues con ella mejoraron aspectos, tales como: “la percepción de puntos de vista mediante sondeos de opinión, los cuales, por ser anónimos, reflejan mejor ciertas posturas que de otro modo no saldrían a luz, en particular en asuntos que suscitan afirmaciones “políticamente correctas””. 

Con un mismo sentido, Bernal nos compartió que aunque extraña ir a la Universidad, de la mano de sus consagrados monitores -como ella misma los llama- encontró un balance que le permite explotar los nuevos recursos virtuales. Además, para ella es importante que “la virtualidad evita desplazamientos y disminuye la contaminación por lo que es una opción que creo será muy importante incluso superada la pandemia”.   

Del mismo modo, Castro sostuvo que la innovación educativa es especialmente importante, le gusta y siente que para ello la virtualidad es una estrategia muy útil. De hecho, sugiere que, pese a que el año pasado el tránsito en forma súbita a la virtualidad fue una experiencia traumática, en el futuro se podría implementar la virtualidad como “una alternativa que pueda combinarse con la presencialidad, por ejemplo mediante la metodología de clase invertida que yo venía utilizando hace años”. 

Del otro lado del espectro están los docentes que prefieren la presencialidad, pero que no dudan en rescatar las ventajas que trae consigo la virtualidad. Durán nos contó cómo desde su experiencia la virtualidad afectó su motivación con el curso. “Debo ser sincero: Para el curso que dicto no me motiva igual. Tiene enormes ventajas, sobre todo que favorece la flexibilidad de horarios, de ritmos, etc. Pero a pesar de eso yo siento una adrenalina distinta cuando entro a un salón de clase a cuando prendo el micrófono en Zoom. Una es una adrenalina que me impulsa, la otra es una adrenalina que me agota. No obstante, trato de que esa percepción no interfiera con mi trabajo, nuble mi juicio o se transmita a los estudiantes”. 

A su vez, García señaló que ya no siente confianza en la relación profesor-estudiante, “porque es muy difícil despertarla por una pequeña pantalla”. Además, “ no poder leer el lenguaje corporal de los estudiantes hace la labor muy difícil. No tener ningún feedback de si hay comprensión o no de los temas hace que dar clase en muchos casos sea un salto al vacío”. Muy similar a lo que sostiene Giraldo, para quien la educación presencial es fundamental en el proceso de formación en competencias y habilidades. “El contacto personal del profesor con los estudiantes y de los estudiantes entre sí, y con el entorno universitario no hay nada que lo reemplace” dijo.

Al final estas son percepciones contadas por algunos profesores de la Facultad que quería compartir con ustedes, a fin de mostrar la otra cara de la moneda: el tránsito a la virtualidad de nuestros docentes. Migrar del Digesto al Zoom ha sido una experiencia complicada para todos, pero los invito a dejar de usar exclusivamente el lente de estudiante para enfrentar los problemas. Siempre hay mucho más que escuchar, ver y sentir.Especialmente en tiempos de pandemia, humanizarnos y preocuparnos por el prójimo debería ser una prioridad. En este caso, ese prójimo que todos los días se dispone detrás de una pantalla para transmitir los conocimientos y la pasión por el Derecho a un montón de pantallitas negras. 

De profesor a profesor: tips para enfrentar la virtualidad

Queremos cerrar dejandoles un par de consejos que nuestros docentes entrevistados les darían a sus colegas o estudiantes para hacer frente a la nueva normalidad. 

“A los profesores les diría que lo más importante es repensar lo que quieren que sus estudiantes aprendan, es decir, cuáles son las competencias que un estudiante de derecho de la era COVID debe adquirir. A los estudiantes les diría que no esperen aprender lo mismo que cuando no había pandemia, que no miren atrás ni comparen, que se abran a las nuevas experiencias y que estos aprendizajes serán su valor agregado como generación”.

Juan Carlos Durán Uribe, profesor de Contratos y coordinador del proceso de acreditación.

“¿Mi consejo? No rendirse, no desfallecer, disfrutar lo bueno de cada día y sortear las dificultades con mente positiva. Tampoco sentirnos mal si en algún momento estamos ansiosos o nos falta energía; en esos casos respiremos profundo, tomemos un descanso, hagamos un poco de ejercicio, leamos un libro o miremos una película sobre un tema que nos encante, meditemos para recuperar fuerzas. Estas situaciones difíciles nos traen oportunidades para conocernos mejor a nosotros mismos y saber que tenemos una capacidad enorme de remontar obstáculos y salir adelante”.

Marcela Castro de Cifuentes, Directora Colección Biblioteca Jurídica

“Creo que el consejo es tener más empatía, sobretodo lo digo a los estudiantes que creo que en muchos casos se han olvidado de los esfuerzos que hemos hecho los profesores para adaptarnos a la exigencias de la virtualidad.  A los profesores les diría que no perdamos la esperanza en nuestra profesión a pesar de que la virtualidad puede ser muy desmotivante a veces”.

Mariana Garcia Jimeno, profesora de cátedra de Relaciones Familiares.

“Mucho diálogo, en este proceso todos estamos aprendiendo y debemos comunicar nuestras inquietudes, ideas, aportes de manera amable y respetuosa. Debemos ponernos en el lugar del otro, los profesores debemos ser conscientes de las dificultades de esta época para los estudiantes y los estudiantes, a su vez, deben saber que para los profesores también ha sido un proceso abrumador que nos ha exigido repensar toda nuestra manera de enseñar en un contexto muchas veces adverso. Finalmente, para mí ha sido muy importante crear espacios más allá de lo puramente académico para superar la frialdad de las pantallas”.

Mariana Bernal Fandiño, profesora asociada de Derecho de las Obligaciones.

“Esa presencialidad, o normalidad, se va a demorar y hay que ser consciente de ello y no tener falsas expectativas”.

Carlos Julio Giraldo Bustamante, profesor de Contratos y director de la Especialización en Legislación Financiera.

“Trabajarse diariamente para intentar no perder el asombro y la curiosidad intelectual en “los mundos” virtual y presencial que ahora trae aparejados el entorno educativo (ambos igual de “insondables”…)”.

Antonio Barreto Rozo, director de la Maestría en Derecho y la colección Historia y Materiales del Derecho.

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