Saltar al contenido

El fin de WandaVision: La melancolía del Dernière danse y la filosofía de las elecciones

Por: Redacción Cultura

WandaVisión, serie de Marvel Studios y Disney, nos trajo de vuelta una alegría cíclica y un furor que, según algunos, no se había visto desde Game of Thrones. Su capítulo final congeló Twitter e hizo que muchos contuvieran el aliento. Pero: ¿Es sólo una historia de superhéroes? El episodio final nos puede dar una lección de filosofía, que aborda preguntas fundamentales sobre el mal, la libertad, el ser y, más importante aún, el amor frente a la muerte. Además de una pregunta clave: ¿Qué habríamos hecho en su lugar? 

¡Cuidado Spoiler Alert!

Un teatro de marionetas: La Paradoja de Epicuro

Wanda quería felicidad. Que todos fueran felices. Y sin embargo, lo que obtuvo fue muy diferente. En un intento por eliminar los problemas y el mal de su realidad, terminó por eliminar un elemento esencial: la libertad. 

Wanda, cegada por el dolor, quiso crear en el “Hex” un paraíso donde no existiera el mal: sin delincuencia, sin dolor, sin tristeza…sin la posibilidad de elegir. Con su poder sometió la realidad a un libreto, un guión estricto en el cual todos tenían una función asignada pero no podían elegir a quién ver, a quién abrazar, cuando dormir, qué comer o la forma de interactuar con los demás en sus “roles”, según los argumentos perfectos que ella imaginaba . Al querer crear un paraíso, sometió todo Westview a la esclavitud. 

En el contexto de la serie, Agatha Harkness le da un “baño de realidad” a Wanda cuando rompe el hechizo sobre Dottie -que en realidad se llama Sarah- y esta le suplica que le permita ver a su hija, a quien Wanda tiene confinada en su habitación para “protegerla”. “Es tu marioneta de carne. Solo le corté los hilos”, le dice Harkness.

Los personajes a su alrededor agonizaban lentamente: La hija de Dottie era incapaz de abandonar su habitación presa del encantamiento y la voluntad obsesiva de Wanda de hacerlo todo “por los niños” y protegerlos a toda costa. Una mujer prefería que su esposo nunca volviera para no ser sometido por la magia del Hex. El cartero estaba exhausto. Cuando el guión les permitía dormir, solo sentían el dolor de Wanda y vivían sus pesadillas. Una de ellas llega a pedirle clemencia con la muerte: “Si no nos permites irnos, permítenos morir” le suplica.

Ató todas las voluntades y las vinculó a sí misma, a lo que ella creía que era bueno. Sin embargo, se chocó con una paradoja tan antigua como el pensamiento escrito: la Paradoja de Epicuro sobre el origen del mal. ¿Podría alguien con el poder suficiente eliminar el mal?, ¿Si tiene el poder, por qué no lo hace? ¿Si lo hiciera, cuál es el costo y cuáles son las consecuencias? Pues bien, algunas de las respuestas a esta paradoja se remiten al fundamento de la libertad y el libre albedrío.

Boecio, Aquino, Leibniz, Plantinga, Adler, Hick y C.S. Lewis, entre otros, defienden desde la corriente teísta que el mal existe en un mundo con un ser omnipotente precisamente porque eliminarlo llevaría a una vida imposible de vivir o insufrible. Una especie de Hex como el de Westview: Wanda roza la omnipotencia en su propio rincón del mundo y puede alterar a voluntad la realidad con su magia del caos. Altera las leyes de la física y transforma con un chasquido la materia. Sin embargo, ninguno de los que vive esta realidad parece querer permanecer en ella, ni siquiera Visión. No son felices; el dolor de las ‘marionetas’ abruma a Wanda cuando son liberadas por Agatha en el enfrentamiento final.

Si tuviéramos el poder que tiene Wanda: ¿qué haríamos? ¿Cómo eliminar el mal y el dolor? Si se puede y no se quiere, somos crueles como Agatha dice que es Wanda. Si somos capaces y lo hacemos, pero sacrificamos la libertad y el libre albedrío entonces: ¿La vida en nuestro Hex sería una que vale la pena vivir? “Libéralos (o permíteles morir). Los héroes no torturan a las personas”, recuerda Agatha.

¿Cómo sé quién soy?: La Paradoja de Teseo

Visión Blanco contra Visión colorido -lo llamaremos así para contrastarlos-, tienen un enfrentamiento épico durante el capítulo final. En este punto, se sabe que el Visión colorido fue creado enteramente con la magia del caos de Wanda. Por su lado, Visión Blanco ha sido reensamblado con las piezas originales del Visión “real”: la persona original de la que se enamoró Wanda y a la que vió morir en dos ocasiones.

En medio del enfrentamiento, a Visión Blanco se le escapa la codificación de su comando: “La directiva de mi programa es destruir a Visión”. Visión colorido, que como personaje -fuera de este caos- es el guardián de la Gema de la Mente y representa la racionalidad, lo desafía planteándole a su alter ego la Paradoja de Teseo sobre la identidad metafísica: ¿Es realmente este el Visión que busca? ¿No estará el Visión Blanco buscándose a sí mismo? Esto remite a una pregunta fundamental: ¿Quién nos hace “ser” quienes “somos?, ¿Se puede mantener la identidad en el cambio? ¿Si se puede, es el cambio una ilusión, o es el concepto del todo o ser estático ?

La paradoja viene del relato de Plutarco -probablemente de sus Vidas Paralelas-. El Barco de Teseo, héroe legendario, es conservado como reliquia preciada por los atenienses. Como reliquia, quieren preservarlo contra el paso del tiempo, de modo que reemplazan las tablas que se pudren con el tiempo y lo restauran con frecuencia. Con el paso de los años, ya no quedará nada del material original del barco. ¿Sigue siendo este el Barco de Teseo?

Visión Blanco es la “materia” original en nuestra realidad. Sus partes son las mismas que abrazaron  y amaron  a Wanda en su momento. Pero este no recuerda nada sobre su vida, ni se identifica a sí mismo como “Visión”. Por su parte, Visión colorido conserva todos los recuerdos de la vida que “vivió” pese a que nunca lo hizo realmente y, hasta poco antes del enfrentamiento, se identificaba a sí mismo como “Visión”. Sin embargo, su existencia está atada al  Hex, por lo que no “vive realmente”. Entonces: ¿Quién es el real? ¿A quién debe asesinar el sintezoide incoloro para seguir la directiva que le fue impartida?

Una posible respuesta es que la materia es la única fuente de identidad, sin embargo, el paso del tiempo desafía esta concepción incluso en los humanos. Eventualmente el cuerpo reemplaza más del 50% de nuestras células, entonces ¿dejamos de ser nosotros mismos? Si nos decantamos por decir que la autoidentificación es la clave, entonces no pueden existir dos seres que “sean” lo mismo ni se identifiquen con una misma identidad: no pueden existir dos sintezoides, que se identifiquen como “Visión”, sean exactamente iguales físicamente y poseean los mismos recuerdos…y sin embargo los hay, flotando uno frente al otro y reconociéndose cada uno como “Visión” al terminar la charla. Ambas explicaciones fallan.

Un Visión no tiene la Gema de la Mente, pero el otro no tiene una sola pieza original. Si “la podredumbre son los recuerdos y el desgaste son los viajes” como dicen en su diálogo, entonces uno de ellos está hecho de la “madera tocada por el mismísimo Teseo” y es el barco… pero aquel que tiene todas las piezas nuevas y conserva los recuerdos será tan Visión como el primero. Ambos son el mismo barco.

Esta paradoja está relacionada con el duelo de los griegos sobre el devenir: ¿les suena el “nadie se baña en un mismo río” de Heráclito o el “no importa el comienzo, siempre volveré a él, pues es uno el camino” de Parménides? Como se veía en el enfrentamiento de los dos Visiones, el razonamiento materialista se enfrenta a la identidad metafísica.

Para conciliarlos, ambos terminan adoptando la misma identidad, sin ser físicamente los mismos. Esto desafía también a los espectadores: ¿Si el Blanco sobrevivió, se convierte así en el único Visión? Y si los niños están vivos en algún lugar pero su “papá” era el Visión colorido que dejó de existir: ¿Pasa a ser automáticamente el Visión blanco su “papá”, pese a que nunca ha interactuado con ellos?

“What is grief, if not love persevering?”: El dolor y la ausencia en WandaVision

Cuando todo termina, Wanda abandona Westview por la calle principal, bajo las miradas acusadoras de sus habitantes. Al encontrarse con Monica Rambeau, esta la consuela diciéndole que aquellos que la juzgan con dureza no sabrán nunca lo que ella sacrificó para devolverles su libertad (una que, además, nunca quiso quitarles, como lo afirma en el enfrentamiento con Agatha: “La diferencia entre tú y yo, es que tú lo hiciste a propósito”). ¿Tu no me odias?, le inquiere Wanda. “No, si tuviera la oportunidad y tu poder, traería a mi madre de vuelta. Sé que lo haría”, replica Rambeau. 

Wanda es una mujer atormentada y abrumada por la pérdida, el dolor y el trauma: perdió a sus padres, perdió a su hermano, perdió (tres veces) a la persona que amaba viéndolo morir violentamente y ahora también sacrifica su felicidad y la familia que había construido. No es una heroína ortodoxa, pero tampoco un antihéroe que se rebele contra un sistema. La historia de WandaVision es más bien una canción de duelo. Como la melodía francesa Dernière Danse: podemos usar la música como herramienta para juzgar o evaluar la moralidad de sus actos. ¿Si intercalamos la lírica de la chanson con escenas particulares, podríamos tener acaso como resultado un análisis de contexto? Veamos.

Je ne suis qu’un être sans importance. Sans lui je suis un peu paro. Je déambule. La escena que muestra a Wanda llegando a Westview es sospechosamente similar a la de su marcha en el último episodio: colores grises, apagados, fríos. Solo hay un personaje en escarlata: el que sufre, quien lleva consigo un dolor abrasivo. En escarlata está la letra de Visión sobre el mapa y del mismo color es el dolor que abruma y sobrepasa a Wanda en el terreno baldío. El color del dolor es el mismo que su magia (único para ella, distinto del de Agnes -púrpura- o el aquelarre -azul-) y ella, después de todo, termina convertida en una especie de personificación del dolor perpetuo, tanto en los cómics como en la serie: la Bruja Escarlata.

Une dernière danse. Pour oublier ma peine immense. Je veux m’enfuir, que tout recommence. Todo el que haya perdido un ser querido sabe que, en medio del duelo, se daría lo que fuera por tener un “último baile” como el concepto de un momento. Una última oportunidad de encuentro estático con aquel que se fue, para ser felices y sin preocupaciones, fuera del tiempo o del espacio. Un último baile que nos haga olvidar la pena inmensa que se siente perder a alguien. Un último baile que nos permita reiniciar todo. Pues bien, esto es lo que hace Wanda: Reinicia la realidad para darse un dernière danse con aquellos a quienes amó.

Et dans le bruit, je cours et j’ai peur. Est ce mon tour? Vient la douleur. Wanda y Visión se han dado cuenta de que vivir así es insostenible . Está decidido: Wanda “arreglaría” las cosas, pero “no para ellos”. Una vez más (por tercera vez), ella perderá el amor de su vida. Antes de marcharse, Visión pregunta lo que todos queremos saber: ¿Quién es este Visión? “Mi tristeza y mi esperanza. Pero sobretodo, mi amor” responde Wanda. Es de esta forma que ella vuelve por fin a la vida; obsérvese, por ejemplo, los colores, el plano y los encuadres de la escena postcréditos comparados con la del final. 

Wanda ha alcanzado la última etapa de la persona en duelo, el aprendizaje de un proceso atípico y tortuoso. Una espiral de negación, ira y profunda tristeza la aplastan contra un callejón sin salida: la vida se hace tan insoportable que es imposible seguir viviéndola en esos términos. La única opción posible es escapar. Y sin embargo, este danse, infinito y macabro, la lleva al reckoning final, ese “darse cuenta” que necesita la persona que sufre para convertir su dolor en aceptación y aprender de ello.

Así, el alma en pena no vive mientras sufre, está sostenida en un espacio/tiempo relativo, como el Hex. El duelo los ata. Sólo la aceptación voluntaria y consciente tiene la capacidad de permitirles “volver a vivir”. 

El final, potente y dramático, interpela directamente al espectador sobre aquello que este habría hecho en el lugar de Wanda. La certeza de María Rambeau es la duda de todos los que observan: De haber tenido la oportunidad y el poder, ¿no habríamos hecho lo mismo?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: