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EN EXCLUSIVA: la despedida de Gaviria

Por: Gabriela Forero, Juan Pablo Buitrago y Santiago García

El día de ayer, luego de una ajetreada mañana en la que Alejandro Gaviria resignó oficialmente de su cargo en la rectoría de Los Andes y lanzó, a través de un video en redes sociales, su campaña presidencial, Al Derecho habló con el ahora ex rector sobre su decisión de dejar la Universidad, los proyectos que quedaron en el tintero, y lo que se viene para su candidatura a la Presidencia de la República. Esta es la primera entrevista que le ha dado a cualquier medio posterior a su renuncia. 

Esperada pero también criticada: una decisión problemática

De antemano, el ex rector dejó explícita la “contradicción esencial” (como dijo en el video de lanzamiento de su campaña) que encierra su aspiración presidencial. “Sé que es una decisión problemática”, manifestó Gaviria, reconociendo a su vez que en las múltiples ocasiones en las que, meses atrás, le preguntaron si tenía un compromiso con la Universidad, respondió afirmativamente. 

En este contexto, el precandidato presidencial reflexionó en torno a sus convicciones cuando escribió Hoy es siempre todavía, el libro que relata su feroz lucha contra el cáncer que le fue diagnosticado en 2017. “Yo quería dedicarme a otra cosa, yo lo llamo pequeñas historias. Estar en la comunidad y ser factor de transformación en esa comunidad. A veces lo llamaba resquicios de posibilismo, encontrar un pedacito de nuestra sociedad donde yo pudiera ser útil. Eso lo dije así, pero fue un eufemismo para decir que no quería volver a la vida pública -rie-. Era una convicción profunda”, recordó Gaviria. Por eso, remató con un deje de ironía diciendo: “La indiferencia por la política me parece, en el fondo, sana. No se logra nada con extremismos y ahora con toda esta locura me parece paradójico porque lo que está pasando ahora es lo contrario a la indiferencia”.

Sobre cuándo tomó la decisión de lanzarse al ruedo político, Gaviria dijo no lograr identificar un sólo momento definitivo. Resaltó, dentro de sus reflexiones, diversas conversaciones que le ayudaron a tomar su resolución. “Tuve varias conversaciones con gente que aprecio mucho a la que cobardemente llamé para que me dijeran que no”, cuenta el ex ministro. Reconoció, incluso, haber tenido una conversación muy esclarecedora con Ingrid Betancourt: “ella me dijo que su papá siempre le decía: ‘cuando el meridiano de la historia le pasa por la cabeza, uno no puede ser indiferente’. Me sentí receptor de una confianza pública a la que no puedo ser indiferente, y eso se unió al momento por el cual pasaba el país”, concluyó. Además, Gaviria admitió que otra de estas “conversaciones esclarecedoras” la sostuvo con el ex presidente Juan Manuel Santos, de quien fue Ministro de Salud hasta 2018. “No empecé a considerar esto seriamente hasta la semana pasada, el fin de semana pasado, entonces, tuve una conversación el sábado por la noche con el Presidente Santos y dije, es hora”.

Aceptó que la determinación final de lanzarse la tomó no hace mucho. “El switch se da, tal vez, el miércoles de esta semana cuando yo dije: voy a escribir lo que yo diría el primer día, para ver si es auténtico y si me sale. Yo sentí que al hacerlo era como un novelista que encuentra el tono de su novela”, comentó Gaviria. En ese momento tomó, junto con su familia, la determinación de entrar en la carrera por la presidencia del país. “Me senté a escribir ese discurso y pensé: ‘aquí hay algo’. Se lo mostré a mi esposa, a ella le gustó, y dije: ‘nos fuimos’”, aseveró. Asimismo, resaltó el apoyo de su familia en su determinación: “esta no es mi decisión o la de ella. Es nuestra. Somos una familia muy unida. Mi esposa, mis hijos y mi perro (Rufo), que ahora le digo ‘perro de político’”, terminó entre risas.

Como reflexión final respecto a los riesgos e implicaciones de su decisión, Gaviria manifestó que: “la única derrota que puedo tener es traicionarme a mí mismo”.

Lo que viene para Colombia: su visión de país

En su primera contienda electoral, Alejandro Gaviria decidió, desde un principio, apuntar a lo más alto. “Si me hubieran dicho que me lanzara a la alcaldía yo diría que no. Es una conjunción: La presidencia, la coyuntura crítica que vive el país, esta devastación social, este desánimo, la desconfianza, la necesidad de una opción que enaltezca un poco la política. Mi primer objetivo no es la presidencia, es la campaña, es un estilo, una forma. Una pedagogía sobre el debate público” dijo el ex rector. En este mismo sentido, concluyó con una de las filosofías estructurales de su pensamiento y de su campaña: “yo creo que las palabras violentas generan formas violentas. Quien gana el poder así, en el fondo, no logrará nada”.  

Ahora sí, frente a los puntos que considera más importantes para la construcción del futuro de Colombia —esto es, su visión de país—, Gaviria hizo énfasis en 5 puntos fundamentales: desarrollo rural, paz, evitar el conflicto, política antidrogas y minería ilegal. “En Colombia, en su periferia, la forma como se insertan en la economía global muchas comunidades es la minería ilegal o la coca. Es un problema de desarrollo que no se va a mejorar con el glifosato”, sostuvo. Asimismo, confesó que tales puntos están guiados por una de sus principales preocupaciones y es que “en Colombia haya un tercer pico de violencia”, similar al vivido a mitad del siglo XX con la violencia bipartidista y en los ochenta con las guerrillas, paramilitares y narcotráfico.

Finalmente, Gaviria afirmó que pretendía incluir en el programa de su eventual gobierno, como prioridades, enfrentar los problemas que identificó como director del Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe. Entre estos destacan, por supuesto, los problemas de desigualdad y medioambientales. En cuanto a esto último el precandidato presidencial expuso creer que “la gran responsabilidad global de Colombia es frenar la deforestación en el Amazonas. Tenemos que responderle a la humanidad por eso. Si no, eso será detonador de una destrucción que no sé a dónde lleve”. Otros puntos de su campaña se pueden encontrar además en su “ideario en 60 puntos”, donde desarrolla más a fondo sus ideas.

El ex rector es consciente de lo ambicioso que su proyecto puede llegar a ser, pero también tiene claridad de cuál sería su función si sale victorioso en las urnas.  “En el fondo uno es lo que es, pero también lo que los otros le permiten creer que es. Ahora bien, sé que tengo una responsabilidad y tengo que asumirla”.

Sabe que no podrá arreglar los problemas del país él solo, pero se propone dirigirlo hacia un camino de desarrollo diverso. “Sé que la clave es formar un equipo. Encontrar algunos espacios donde se puede hacer la diferencia, que el Estado o el Gobierno no arregla todo. Pero yo no he tenido un interés político, tenemos un interés en esta coyuntura y en este momento. El presidente igual no es un tipo que está allá y sabe todo, hay que hacer un equipo y sobre todo darle un sentido de propósito y esperanza”, afirmó. A su juicio, Colombia necesita un liderazgo, si cabe la palabra, espiritual. Entiende perfectamente que no todo se puede lograr en 4 años.

“Yo soy en esencia, un académico. Estaba en el mundo de las ideas, eso es lo que me gusta, pero ahora tengo un reto muy grande, pasar del mundo de las ideas, de la ciencia del conocimiento, a hacerlo real. Creo que el conocimiento práctico es importante, que la improvisación carismática no es la forma de hacer país. Pero la política tiene otra dimensión”. 

Alejandro Gaviria

Hablando un poco del desprestigio inherente a la política, Gaviria no se mostró indiferente y mencionó: “sí me preocupa un poco, la política es un mundo donde la mentira es un principio. No sé muy bien cómo lidiar con eso”. De igual forma, ante los comentarios que lo acusan de usar la rectoría de Los Andes como trampolín político, comentó que su conciencia está tranquila. “Ninguna decisión que tomé estuvo [sic.] pensando en esta decisión. Que la actuación mía como rector haya trascendido la Universidad y haya tenido como efecto esto, puede que sí, pero una cosa es eso. Una cosa es que la rectoría me sirviera para un reconocimiento público y otra es que yo, conscientemente, haya tomado esa decisión”

Por último, de cara a lo que enfrentará con una candidatura que él mismo llama “poliamorosa”, aseguró que, a pesar de pertenecer a una élite intelectual, en la que es rector de una universidad privada y sus subalternos son profesores con doctorado, esto “no significa que voy a defender los intereses de la élite”. De acuerdo con el ex rector, su vida académica ha estado centrada en estudiar la pobreza y la desigualdad, “yo lo llamo el discurso de las ilusiones y el sufrimiento humano. Mi interés genuino ha sido por el bienestar colectivo”, termina.

Afirma que su meta principal en estos momentos es la campaña “si me quedo en la primera vuelta y me ofrecen la alcaldía no acepto”  dice querer cambiarle la cara la política. “Esto es un solo tiro, si no sale tengo otros proyectos, me gustaría dedicarme y escribir otro libro” el tema, por ahora, compete a un famoso novelista. 

¿Qué queda para Los Andes?

Gaviria deja la rectoría de la Universidad de los Andes con un sabor agridulce, pues para él, dejar su puesto en la universidad no era una decisión nada fácil. Bien lo mencionó en la carta de despedida que le remitió a los estudiantes: “me voy con tristeza”. El riesgo que toma ahora en sus nuevas aspiraciones es tan grande como la incertidumbre que le depara, aunque hay también emoción y expectativa por el reto que está a punto de embarcar.

Rememora el camino que lo llevó a la rectoría con cierta nostalgia, “hay algo poético de un estudiante que llega perdido a la Universidad y en 15 años es decano. ​​Estoy aquí por una casualidad de la vida: acababa de terminar mi carrera de ingeniería civil, me compré un carro y viniendo de la casa de mi novia me cerró un taxi. Se subieron dos tipos y estuve una hora en la que me daban cachazos en la cabeza y escuchaba a uno diciendo ‘matalo’. Después de eso quedé con estrés postraumático y tuve que salir de Medellín. Me vine aquí simplemente porque me quería ir de viaje. Y aquí encontré cómo lograr superar eso”, termina. 

“Tengo una sensación de desprendimiento, como si estuviera dejando un amor para casarme con otro, pero aún la quiero” -ríe- “Hay un poco de temor, hay ansiedad sobre todo por los días que vienen, hay esperanza también, hay alegría de vivir intensamente y anticipación”.

Ahora, frente a la situación actual de la Universidad y las condiciones en las que la entrega a la recién designada decana, Raquel Bernal, Gaviria comenzó por manifestar que “la universidad tiene un plan de desarrollo y un plan estratégico muy bueno”. Se refiere en este caso al PDI, el cual nació públicamente ante la comunidad uniandina hace un mes. Igualmente, sostiene que “a pesar de que han dicho que la Universidad está en problemas financieros, este año va muy bien”. 

El ex rector da una impresión de tranquilidad frente a cómo está la universidad al momento de su partida. Expresó, aún más, que los momentos más duros de la pandemia fueron sorteados. Se inauguró el centro cívico, recientemente se realizó la jornada de vacunación en el campus y el plan de desarrollo quedó listo para ser implementado. “Es un momento bueno y emocionante para la universidad” dijo nostálgico, a lo que añadió que está profundamente convencido de que “la universidad, en el fondo, no me necesita. La universidad sobrevivirá sin mí”.

De igual manera, manifiesta que los Andes ha quedado en muy buenas manos, refiriéndose a la nueva rectora, en la cual confía plenamente para llevar a la universidad por el rumbo correcto. Enfatiza en la continuidad, un enfoque que, como contamos, parece querer la Universidad. “Quedó Raquel Bernal, a quien conozco hace 20 años” dijo con confianza. “Raquel y yo somos los mismos, nos identificamos plenamente”, aunque también concedió que “ella era más la implementadora y yo más el conceptualizador. Tiene la visión perfecta de donde queremos llevar la universidad”. 

Frente a un consejo para la rectora entrante menciona: “​​yo creo que los profesores han sido, en general, no tan protagonistas como deberían ser de la reforma. Una cosa que repetí mucho es que en los temas de impacto y conocimiento, las universidades tienen un peligro, se cierran demasiado”.

Sin embargo, aún dejando a la universidad en buenas condiciones, la sensación de melancolía está presente en los pensamientos de Gaviria. “No puedo dejar de sentir que traicioné un poco a mi equipo”, explicó. También, deja a la deriva algunos proyectos que le habría gustado llevar a cabo. “Hay cuatro proyectos que hubiera querido terminar”. El candidato a la presidencia menciona tres en particular, el primero es “un proyecto muy bonito que es meterse en educación tecnológica con la Universidad Católica de Chile. Hay una discusión reciente sobre qué tipo de educación genera más movilidad social. Y como está concebida esa educación es lograr movilidad social con programas que logren cerrar brechas en el mercado de trabajo”. Seguidamente, menciona una nueva revista de la Universidad, que se va a llamar Puntos. Ambos proyectos hacen parte de las propuestas plasmadas al interior del PDI. Finalmente, Gaviria menciona: “yo quería que la Universidad tuviera una emisora”. Veremos si en el futuro alguna de estas ideas se puede desarrollar. 

Gaviria se despide con un mensaje a los estudiantes, que siempre lo han sentido cercano y lo esperaban fuera del edificio de rectoría para darle un abrazo y desearle suerte en lo que viene. “Si tuviera que darles un consejo es que lo bueno de la vida es complicarla. Yo me estoy complicando la vida, la vida es tomar riesgos”. Menciona que el último discurso que pronunció “curiosamente fue para los estudiantes de medicina y les dije que el riesgo 0 solamente se puede tener con la muerte. Estoy yendo más allá de mis instintos, que me dicen que estoy tomando un riesgo muy grande. En el fondo, hay una cosa que me parece genial en la vida y es que  cuando se evalúe lo vivido uno debe tener buenas historias que contar. Tomar una decisión que los lleve a poder contar cosas, eso es siempre un buen consejo”.

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