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Las paradojas de la transición 

Por: Paula Sofía Romero Gómez estudiante de primer semestre de la facultad de derecho, miembro del Consejo editorial

El mundo en este momento está experimentando muchos cambios sociales de manera apresurada. Algunas de estas transiciones son gracias a todas las luchas realizadas por los integrantes de las comunidades LGBTQ+, animalistas, feministas, entre otros movimientos que buscan un cambio en los comportamientos de la sociedad, que históricamente ha podido llegar a ser machista, opresora, injusta y discriminatoria. Gracias a estos movimientos, hay más conciencia sobre la posición que merece la mujer en la sociedad, al igual que de todas aquellas personas que se consideran diferentes por el  hecho de no encajar dentro de los estándares impuestos por la sociedad. Los cambios son para mejorar, ya que ayudan a disminuir los diferentes tipos de discriminación e injusticias, y de esta manera lograr un mundo mejor. Sin embargo, tenemos que reconocer que, en cierta medida, cada vez es más difícil seguirle el ritmo y entender esta nueva forma y comportamientos que está adquiriendo la  sociedad.

Me considero una mujer que defiende los derechos de todas las personas. Cuando veo un acto discriminatorio hacia un individuo por su género, sexo u orientación sexual, no dudo en intentar respaldarlo. En realidad, una de las razones por las cuales decidí estudiar derecho, es debido a que soy consciente de todos los cambios que ha tenido la sociedad, como por ejemplo el reconocimiento y protección de los derechos de las mujeres y de las personas que son consideradas diferentes por no entrar dentro de lo “común” en la sociedad.  No obstante, reconozco que aún falta mucho camino por recorrer. 

Contrario a mis ideales y mi creencia de que aún hay que seguir luchando por un mundo mejor,  al tener el privilegio de estar en un periodo lleno de cambios, algunas veces es un poco… complicado seguir ese ritmo de las transiciones sociales que involucran la manera en la cual interactuamos con otras personas e incluso lo que pensamos sobre ellas. Debido a que, a pesar de estar de acuerdo con toda esta evolución, se vuelve cada vez más difícil entrar en la sintonía de entender qué era lo correcto antes y qué es lo correcto ahora. La manera en la que piensas, hablas, te expresas, incluso lo que escuchas, lees, o cantas, tiene que sufrir una serie de modificaciones para lograr los cambios que quieres ver en la sociedad. 

Estas confusiones, y de cierta manera, choque de ideologías que se generan en el interior de una persona, puede llegar a ser un poco agotadoras y al mismo tiempo graciosas. Para ilustrar mi punto de vista, presentaré algunos ejemplos de cuando he tenido un choque de pensamientos:

Antes, no le prestaba mucha atención a la manera como llamaba a las personas. Cuando estaba en una tienda y quería preguntarle a un vendedor o vendedora sobre algún producto, me acercaba y decía: señor o señora, me podría mostrar… Sin embargo, con todas estas nuevas formas de dirigirse a una persona, para no asumir su género por como se ven, resulto en una pelea mental cada vez que tengo que hablar con una persona que no conozco. En esos pocos segundos que  tengo para decir algo, miles de preguntas se crean en mi interior, ¿lo llamó con un pronombre femenino o masculino?, ¿será incómodo si le pregunto primero con que se identifica o como quiere que lo llame?, ¿Será que mientras pienso estoy mirándol@ de una manera en la que se sienta incómod@?. 

Asimismo, ahora es una pelea mental cada vez que alguien me parece atractivo en la calle. Supongo que a todos nos ha pasado que nos enamoramos a primera vista en el centro comercial, en el bus, o incluso en la universidad. Son en esos momentos en los cuales observamos a una persona y a uno le da lo que me gusta llamar un “calambre cerebral”. Mientras lo miras, te regañas mentalmente por estar observando de forma fija a una persona, ¿qué pasa si esa persona se siente incómoda por estar mirándolo?, ¿es una forma de acoso lo que estoy haciendo? En ese momento, acabo teniendo un colapso mental.

Además, de las situaciones en las cuales me dan la mayor cantidad de calambres mentales, creo que es con el reggaetón. En una fiesta, mientras canto y bailo con todas las ganas una canción, después de gozarlo y ya estando sentada en una mesa, me pongo a escuchar la letra y me doy una bofetada mental. Ya que, al cantar una canción cuya letra en realidad es una manera de sexualizar a la mujer y verla como un objeto de satisfacción masculina, estoy haciendo parte del sistema patriarcal. De nuevo, sucede un choque entre mis ideales y lo que hago.

No quiero que me malentiendan, y me siento en la necesidad de recordar el hecho que estoy a favor de los cambios que se están realizando en busca de una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, el proceso hacia estas transformaciones puede llegar a ser complicado, incluso para una persona que está a favor de estas. No está mal hacer parte de lo que se conoce como la ̈sociedad de cristal ̈, siendo esta la generación de personas que nacieron después del 2000 y que se caracteriza por, como muchos dicen, “quejarse de todo”, ya que esta generación se caracteriza por no conformarse con lo establecido en la sociedad y que  no tiene miedo a hablar ante las injusticias.

Sin embargo, tenemos que tener cuidado que esto no se convierta en un arma de doble filo, transformándonos en una sociedad en la que cualquier acción que se realice es sinónimo de discriminación, machismo, misoginia… y no necesariamente debe ser tomado de esa forma porque muchas de estas acciones se hacen de manera inocente y no nos convierte en personas discriminatorias, antifeministas etc.  Lo que llegaría a ocasionar que  los cambios que se están realizando en la sociedad, sobre los comportamientos que deben o no ser aceptados, nos limiten a decir nuestras opiniones y nos encasillen a lo que es un “comportamiento correcto” y aceptado por la sociedad actual, hasta el punto de cohibirnos de muchas cosas.

Lo admito, en un punto me avergüenzo de confesar estos choques mentales que me dan en mi día a día, pero sé que más personas lo enfrentan. Así que, aprovecho para decirlo, es normal tener estas dudas, solo toca tomarlo con calma y diversión. Es necesario efectuar cambios en nuestros comportamientos y pensamientos para lograr una mejor sociedad, pero, sin olvidar que, como seres humanos, también tenemos que tener ciertas libertades a la hora de expresarnos, hablar y opinar, sobre diferentes temas que en la actualidad son polémicos, aclarando que estas libertades están limitadas por los derechos de las otras personas.

Recapitulando, la actualidad está llena de cambios sociales, cada transformación realizada con el objetivo de construir una sociedad más justa, sin discriminación de género, sexo, color de piel, etc. Sin embargo, no está mal admitir que algunas veces puede ser complicado lograr adecuarse a todas estas nuevas reglas de comportamiento que debemos seguir para ser aceptados por la sociedad. Así que, la próxima vez que tengas un pensamiento o acción involuntaria, que en estos momentos se podría considerar discriminatorio, sexista, y te suceda lo que yo llamo calambres mentales, tómatelo con calma y diversión, al final, todo esto es un proceso que no sucederá de la noche a la mañana.

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