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Filosofando sobre los requisitos para ser ministro

Por: Juan Esteban Uribe, estudiante de derecho en la Universidad de Los Andes

Desde el inicio del nuevo gobierno, el país ha sido testigo de los constantes errores y salidas en falso de varios ministros del gabinete de Gustavo Petro. Entre las más destacadas se encuentran, en primer lugar, las declaraciones del ministro del Interior, Alfonso Prada, quien en una intervención pública amenazó con una “movilización popular” para presionar al Congreso a aprobar la polémica reforma tributaria. En segundo lugar, encontramos el caso del ministro de Defensa, Iván Velásquez, quien al ser cuestionado sobre si existe una orden para que el ESMAD no intervenga en alteraciones al orden público, se vio bastante enredado y confundido acerca de la función de este escuadrón en el presente mandato. Finalmente, encontramos el caso de la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, quien lleva un buen tiempo en el ojo del huracán por sus repetidas equivocaciones, demostrando una grave falta de competencia para ejercer el cargo. Esta última situación servirá como caso de estudio para esta columna.

Irene Vélez, en un lapso de poco más de un mes, ha tenido múltiples equivocaciones que la han convertido en objeto de críticas severas y burlas. Entre ellas, resalto principalmente la lectura de su intervención ante la Comisión Quinta del Senado en un debate de control político (lo cual está prohibido por la Ley 5 de 1992), la afirmación de que en el país tenemos reservas de gasolina para 7 años (las cuales no existen), la propuesta de importar gas desde Venezuela si se agotan nuestras reservas (propuesta ante la cual el propio presidente Petro manifestó su desacuerdo), y la propuesta que le realizó a los demás países para que decrezcan sus modelos económicos. Al hablar de esta última iniciativa considero que, si bien es una teoría académica con su respectivo fundamento y justificación, no parece sensato llevarla a cabo en un contexto donde los países continúan recuperándose de los estragos económicos generados por la pandemia, además de un crecimiento inflacionario preocupante. Es así como, sin duda, sus errores se han convertido en una constante en los medios de comunicación.

Para ejercer el cargo de ministro en Colombia tan solo se requiere ser ciudadano en ejercicio y tener más de 25 años. Sin embargo, también se deben llevar a cabo las disposiciones del Manual de Funciones y Competencias Laborales, el cual señala los requisitos que deben cumplir los funcionarios públicos para ejercer sus cargos. El manual del Ministerio de Minas y Energía no exige que el pregrado o posgrado del ministro se encuentren dirigidos hacia conocimientos relacionados con el área energética. Tan sólo demanda conocimientos básicos de la Constitución, del diseño de política pública para el sector minero energético y direccionamiento estratégico. Estos simples e insuficientes requerimientos se traducen en la posesión de personas incompetentes y sin experiencia como ha demostrado serlo Irene Vélez.

Al evaluar su formación académica, encontramos que la ministra Vélez es filósofa de la Universidad Nacional, con una maestría en Estudios Culturales de la misma institución y un doctorado en Geografía Política en Copenhague. Por tanto, vemos como su formación académica no se relaciona en lo absoluto con las funciones del ministerio que ejerce. Más preocupante aún, la ministra no cuenta con ninguna experiencia en gestión pública ni en el sector minero energético. Si bien es cierto que un ministro siempre debe rodearse de asesores técnicos experimentados, una buena asesoría no se ha visto reflejada no solo en el caso de la ministra Vélez sino tampoco en otros miembros del gabinete actual.

Ante sus repetidos errores, la ministra se excusó afirmando que está en proceso de aprendizaje dado que ha sido académica durante toda su vida. No obstante, un cargo de la magnitud que ella ejerce no debe ser idóneo para adquirir experiencia por primera vez en el sector. Ojo, no estoy afirmando que un filósofo o un antropólogo no pueda convertirse en un mejor profesional en materia energética que un ingeniero o un químico. Sin embargo, adquirir habilidades en un área sobre la cual no se tiene formación académica requiere bastante tiempo y experiencia, lo cual la ministra carece. A un ministerio no se llega a aprender, hay que llegar con un mínimo de conocimiento y competencia.

El caso de Irene Vélez debería lograr que nos replanteemos como país los requisitos que el Estado le exige a las personas que pretenden ocupar el cargo de ministro, una labor tan fundamental dentro del funcionamiento del engranaje político. Esto se hace todavía más relevante en cuanto al Ministerio de Minas y Energía, una de las carteras más especializadas e importantes del país, la cual gestiona un sector que aporta alrededor de $5 billones anuales al país en impuestos y regalías. Considero que, si no se tiene formación académica en cuanto al cargo que se va a ocupar, se debería exigir un mínimo de experiencia profesional en el sector, con el propósito de que no se repitan casos similares al de la ministra Vélez. 

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