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No más opiniones transgresoras disfrazadas de libertades

Por: Mateo Pico García, persona no binaria, activista por los derechos de las personas LGBT y estudiante de Derecho en la Universidad de Los Andes

¡Al carajo la libertad de expresión! Estoy cansade de la misma dinámica en la que cada vez que alguien hace un comentario que oprime y refuerza las estructuras de discriminación presentes en la sociedad, la comunidad que se está viendo oprimida se levanta y expresa su repudio a dicho comentario, y la única defensa que parecen tener es “recordar” que tienen el derecho a decir lo que sea que se les pase por la mente gracias a la libre expresión. Creo que hay muchos matices a ser discutidos respecto a este tema, pero especialmente, al carajo la instrumentalización de un derecho para deliberadamente oprimir a grupos que han estado luchando por la equidad y por dejar de ser consideradxs ciudadanxs de segunda clase. 

​Y es que, lo admitiré; yo tengo una perspectiva de la libre expresión y de las opiniones que puede llegar a ser bastante controversial. De la forma en la que yo lo veo, una opinión deja de ser tal, y por ende protegida por el derecho a la libre expresión, en el momento en el que transgrede los derechos de otras personas. Como sociedad no tenemos que aceptar como válida una declaración que implica que personas que han sido históricamente discriminadas y relegadas del campo de lo público no son válidas o que algo de ellas no está bien o no es normal. No tiene sentido para nosotrxs, las personas que estamos siendo sujetas a este tipo de ataques, que estos discursos sean protegidos bajo el lente del derecho, que tengamos que sentarnos a escuchar cómo nos maltratan, nos dicen que somos personas inválidas, que somos menos, cuando nosotrxs no solo merecemos derechos, sino que efectivamente los tenemos, y debemos ser respetados en nuestra integridad.

Respecto a esto, muchas personas dirán que esta es una alusión a la cultura de la cancelación, y que las personas como yo estamos intentando callar a todo aquel que piense diferente. Creo que esta posible refutación tiene dos partes que se hace necesario analizar. Primero, respecto a la cultura de la cancelación, creo que la mayoría de las personas que le tienen tanto miedo a ella, ni siquiera se dan cuenta de la manera en la que esta funciona. El hecho de que realmente “cancelen” a alguien depende de que haya un consenso generalizado de que lo que hizo sea moralmente repudiable, o que las voces de las personas que están en desacuerdo con el acto se impongan sobre las de los otros; ninguno de los requisitos suelen suceder, tanto porque una porción significativa de la sociedad sigue viendo nuestras luchas y todas las que se alejan del status-quo, como irrelevantes o porque usualmente no tenemos la suficiente presencia para ahogar las otras voces. Para coger el ejemplo de Martín Simón Castro, en su lamentable artículo, el comediante Dave Chapelle no sufrió de ninguna cultura de la cancelación, ganó un Grammy, fue nominado a los Emmys, sigue apareciendo con relativa frecuencia en SNL y sus espectáculos, aparte del único que le cancelaron, siguen estando sold out. Segundo, respecto a nuestra imposibilidad de escuchar opiniones diferentes, que es algo que Martín también planteó en su artículo, nosotrxs no tenemos por qué sentarnos a escuchar como alguien con poder mediático, con representación y posibilidad de movilizar gente, deliberadamente hace chistes que niegan nuestras identidades. No es que queramos que todo el mundo piense igual que nosotrxs, pero creo que todxs sí estamos de acuerdo en que hay unos mínimos en los que no deberíamos, ni estamos dispuestxs a ceder. No cederemos ante el racismo, no cederemos ante la transfobia y la homofobia, no cederemos ante la misoginia, no cederemos ante cualquier discurso que refuerce estructuras contra las que llevamos peleando, poniendo nuestras vidas en riesgo para que se acaben.

Así que, no Martín, y no, lector que está de acuerdo con lo que Martín planteó; no buscamos callar a todo el mundo. Buscamos un mundo en el que las personas por fin entiendan que nuestras identidades no están hechas para ser puestas en tela de juicio y que nuestras identidades no son una discusión. Si quieren que discutamos, discutamos acerca de cuál es la mejor manera de incluirnos y protegernos, pero jamás participaremos de una discusión en la que se nos transgreda. ABAJO EL CISBLANCOHETEROPATRIARCADO.

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