Nos vemos en cinco años

En este artículo, un estudiante miembro del Consejo Editorial hace una reflexión respecto al problema de la falta de interacción entre los estudiantes y la Facultad, y propone algunas alternativas que contribuirían a solucionar la disyuntiva.

Por: Martín Peña Cuellar. Estudiante de sexto semestre de Derecho y miembro del Consejo Editorial. m.pena10@uniandes.edu.co

Con el transcurrir de los minutos, los 81 primíparos de la Facultad de Derecho de este semestre recorrían lo que sería su institución por más de la mitad de la próxima década. Sin darse cuenta de esto, empezaban a forjar relaciones que siempre recordarían, así éstas no pasaran de un saludo o un simple gesto de gratitud en los años por venir. En frente, con la investidura de la institución sobre sí, estaba la Decana dándoles una cálida bienvenida y un espaldarazo por la dura decisión que habían tomado meses atrás: hacer parte de la Facultad de Derecho más prestigiosa del país, una de las de más renombre a nivel latinoamericano, y una de las más exigentes a nivel mundial. Impávidos, sin quitarle un ojo de encima mientras recorría el escenario, tenían un abrebocas de las muchas cátedras activas que los exigirían a nivel intelectual de una manera que ellos nunca llegaban a imaginar.

Les dieron la bienvenida los Representantes Estudiantiles, éste Periódico y otras organizaciones de estudiantes para seguir el curso motivacional del acogimiento. Al finalizar la jornada, la Decana pronunció lo que, en mi opinión, es la radiografía de una desafortunada realidad: “¡Nos vemos en cinco años!” La afirmación, expresada de manera jocosa, desató un tímido carcajeo entre los receptores. Sin embargo, a mí me llegó como una daga reflexiva directa a mis pensamientos. ¿Por qué motivo me turbó la tranquilidad de esta forma tan inesperada? ¿Cómo algo que había sido en broma logró reproducir una situación con un grado de acierto pasmoso?

Pues bien, las respuestas son sencillas y están en nuestras narices. Después de todo, los estereotipos puede que no sean del todo falaces y se ajusten a ciertas verdades que nos cuesta aceptar: en la Universidad nos tratan como números con promedios y créditos cursados. Para que se nos ponga una cara y prevalezca la individualidad, tenemos que solicitarlo de manera oficial por un conducto poco conocido y, muchas veces, torpe e ineficiente. Si bien es cierto que la Universidad cuenta con un entramado de mecanismos gigante para apoyar al estudiante, éstos, en su mayoría, los desconocen, y su acceso a ellos se ve frustrado debido a la alta dosis de burocracia que requiere su activación.

Con lo anterior no quiero hacer una crítica a la situación como tal, pues sé que uno de los pilares fundacionales de la Universidad es la autonomía del estudiante para su progreso en diversos ámbitos del desarrollo. Sin embargo, sí considero que, al igual que muchas otras instituciones de la Universidad, estos mecanismos necesitan una restructuración y un enfoque diferenciado que permitan acercar al estudiante con la institución para que no sea regla general que haya graduados de esta Facultad que nunca hayan podido hacerle una pregunta a la Decana, o que en el transcurso de su carrera nunca tuvieran la oportunidad de darle la mano al rector y mencionarle una situación de su interés.

Debemos seguir el ejemplo de otras facultades de Derecho del país en donde el contacto entre el estudiante y la institución se hace presente. Debemos entender que en la institución están incluidos los profesores, los asistentes graduados, el personal administrativo, las directivas y demás personas que hacen parte de la Universidad y su contacto con estudiantes puede ser, de alguna manera, enriquecedor.

Partiendo desde esta realidad disyuntiva, es claro que debemos adoptar programas que acerquen al estudiante con la institución: visibilizar y apoyar el ingreso a grupos de investigación; procesos de selección extensivos a toda la comunidad para las monitorías; espacios de preguntas y respuestas con las directivas; actividades de integración de la comunidad, entre otras más. No obstante, más allá de iniciativas aisladas, es necesario que se tome conciencia y que se haga un llamado para que la comunidad en general esté al tanto de las iniciativas.

En últimas, éste debería ser siempre el enfoque del accionar de la institución: acercarse a la planta de estudiantes, pues somos la razón de ser de la misma y necesitamos saber que podemos acudir a las personas que tanto admiramos y que tanto influyen en nuestro proceso de formación ante cualquier eventualidad, o ante el interés de empaparnos un poco de ellos para enriquecer nuestra formación como futuros profesionales que van más allá del deber.

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