Facultad

Beca Ciro Angarita: un legado inmortal

En conversación con Sergio Rodríguez, segundo decano de la Facultad de Derecho, ahondamos en los orígenes, historias y relevancia de programas como la Beca Ciro Angarita. Asimismo, discutimos sobre la responsabilidad que tiene la comunidad educativa en propiciar iniciativas que permitan la equidad en la educación.

Por: Carlos Morón Martínez, estudiante de cuarto semestre de Derecho y miembro de la sección de Facultad. c.moron@uniandes.edu.co

La beca Ciro Angarita fue creada en el año 2002, en honor al maestro Ciro Angarita Barón, cuyo objetivo inicial era premiar a los estudiantes que habrían sacado las mejores notas y que habían cursado al menos un semestre de la carrera en la Facultad de Derecho. A través de los años, la beca ha tenido el acompañamiento de un comité, en el cual ha estado permanentemente Sergio Rodríguez Restrepo, segundo decano de la Facultad. El exdecano me abrió las puertas de su casa y me permitió entablar una profunda conversación sobre los inicios de este programa y la importancia e impacto que ha tenido en la sociedad y las caras detrás de esta; satisfactoriamente, pudimos ahondar a través de historias, sonrisas, relatos jocosos -otros no tantos-.

Sergio Rodríguez narra, con profunda vehemencia, que el Comité, en sus inicios, se hizo merecedor de muchas críticas porque la primera beca que otorgó fue para una galardonada que, con certificado de la beca recientemente entregado, “se subió a un auto lujoso con chofer privado”.

Ante esta situación, era claro el propósito y la finalidad que  -hasta este momento- tenía el programa. En conversación con Jorge Torrado, sobrino de Ciro Angarita, y posteriormente con Misael Garzón, quien había sido director del consultorio jurídico, los tres llegaron a la conclusión de que había que cambiar los requisitos de este programa para poder propiciar la equidad en la educación. Los tres, decididos y un tanto inquietos por la situación en la que se encontraba el programa, le propusieron a la Facultad cambiar los criterios que se tenían para otorgar la beca.

Desde ese momento, la Beca se enfocó en premiar el esfuerzo y ayudar a los estudiantes que hubieran cursado al menos el primer semestre y tuvieran serias necesidades económicas, temporales o permanentes, comprobadas por organismos de la Universidad.

Entre risas y bromas sobre su experiencia frente al comité, a Sergio se le salieron unas que otras historias. Utilizó una de ellas para contarme que inicialmente el Comité se estableció como un ente que funcionaría completamente independiente de la Facultad. Esto, haría posible la ausencia de sesgos en el proceso de elección de los becados. Fue por esto que se reglamentó que cinco serían sus representantes: los dos de la facultad han sido su secretario, Carlos Alberto Alfonso, quien ha estado presente desde su reforma y, hoy día, Juliana Amaya. Los otros tres han sido Luis Miguel Gómez Sjoberg, Misael Garzón Barreto y el protagonista de este relato, Sergio Rodríguez Restrepo.

El comité ha entregado cerca de 452 becas a 162 estudiantes, la mayoría parciales y algunas completas, y donado alrededor de 1’988’443.868 millones de pesos, valor  real. Si se convirtiese este dinero a valor presente, los dineros repartidos tendrían que multiplicarse por cinco veces, como mínimo. La beca ha tenido indudablemente el apoyo económico de la Universidad, de la Facultad, de muchos particulares y hasta de los mismos estudiantes, que han colaborado creando eventos para recolectar fondos y algunos aportando de sus propios bolsillos, relata Sergio Rodríguez.

Desde el Comité, especialmente de la mano del exdecano Rodríguez, se han hecho esfuerzos para lograr un acuerdo con el capítulo de abogados de Uniandinos con el fin de que cada socio done la suma mensual o anual que más le convenga. Sin miedo de hablar de la muerte, con una mirada melancólica y una entonación de un alma joven, Rodríguez afirma que tiene miedo de que cuando sus días terminen, éste programa se vaya con él. Dice que pretende sensibilizar a las personas, crear un sentido de pertenencia, lograr dejar asegurado un fondo, para  morir tranquilo.

Además de la ayuda económica que este programa aporta, también significa un reconocimiento personal a los alumnos que, sin duda, abre muchas puertas. Esto ha promovido que personas que no necesitan el apoyo económico quieran hacer parte del programa. Sin embargo, los criterios de selección son claros y los miembros del comité también lo son: solo quienes no tengan una solvencia económica mínima sean los privilegiados.

Las historias personales de los candidatos son distintas y variadas -algunas muy interesantes-. Recordar a varios de ellos dibuja una sonrisa en el rostro de Sergio Rodríguez -contagiosa al instante-. Con gran cariño recuerda a un estudiante que vivía en Ciudad Bolívar y era “absolutamente brillante”. Milagrosamente,  logró entrar a los Andes. Recuerdo cómo cuando tuvo la primera entrevista en el Comité de Becas, uno de los jurados le preguntó -atónito- cómo había podido salvarse de las pandillas y las drogas. Actualmente, cuenta Rodríguez, es asesor de varias entidades públicas y sus servicios son muy solicitados.

También recuerda la conmovedora historia de una mujer casada, con “mirada ambiciosa”, que se separó de su marido en la mitad de la carrera. Tenía tres hijos y no poseía los medios económicos para terminarla. Fue entonces cuando el Comité decidió otorgarle la beca y permitirle ser abogada. El día de su grado asistió con sus pequeños. Incrédula ella de su magnífico logro, jovial, buscó a Sergio Rodríguez para presentarle a sus hijos y agradecerle con un fuerte y cálido abrazo.

Así como estas, son muchas las historias de las cuales la Beca Ciro Angarita ha sido testigo. Entender la importancia y el impacto que esta iniciativa ha significado y significará en la vida de muchas personas nos permite sensibilizarnos y nos obliga a no dejar extinguir este maravilloso y loable  proyecto. La educación es un elemento social que ha estado en creciente protagonismo en las últimas décadas; la sociedad ha ido levemente privilegiando su posición dentro de los intereses de protección estatal. La comunidad uniandina, en sus intentos por ser más incluyente, ha logrado programas maravillosos como éste.

En febrero del próximo año se celebrará el evento Sueña sin Límites en la Sede Nacional Uniandinos que tendrá como finalidad honrar a la comunidad que ha sido participe de este proyecto y propiciar la entrega de Becas a estudiantes, la cual espera tener la participación de la comunidad uniandina. La búsqueda de la equidad en la educación no es un camino fácil, pero no por esto debe ser abandonada. Corresponde a la comunidad educativa -además de obligaciones que tiene el Estado- permitir que otros puedan acceder y disfrutar del aprendizaje. En tiempos de ineficacia en administración pública, los programas educativos propiciados por entes privados son -en muchos de los casos- la salvación para poblaciones menos beneficiadas. De vez en cuando, es necesario salirse de los cuadrantes de comodidad para poder ayudar a aquellos que lo necesitan.

Link para hacer donaciones: https://www.uniandinos.org.co/beca-ciro-angarita

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